sábado, 17 de octubre de 2015

De zombis, infectados y poseídos. Por Rain Cross



¿Por qué se meten todos en el mismo saco?

Los zombis. Esos incomprendidos sedientos de carne humana que a los humanos les encanta disparar en la cabeza.

Desde que George A. Romero reinventara el género en 1968 con La noche de los muertos vivientes, se han convertido en uno de los personajes más recurrentes en los diferentes campos del terror.

Y de eso trata este pequeño reportaje.

En el cine tenemos el placer de ver diferentes tipos de zombis: lentos como los de Romero y rápidos como los que podemos encontrar en uno de sus remakes, Amanecer de los muertos (2004), de Zack Snyder.

Pero no vamos a hablar de eso, si no de la confusión a la hora de juntar zombis, infectados y poseídos en el mismo saco. Y os traigo unos ejemplos.

La estupenda 28 días después (2002) de Danny Boyle. Ese film inglés con un principio similar a la novela gráfica y éxito televisivo The Walking Dead (y que ambos creadores achacan a una mera casualidad).
En esta película nos presentan un Londres devastado por un poderoso virus que transforma a los humanos en unos seres violentos y caníbales que lo único que quieren es hincarte bien el diente. Bien, algunos catalogan de zombis a los atacantes; en mi caso, discrepo.
Para empezar un zombi debe estar muerto, cosa que estos infectados no lo están, ya que como bien dicen más adelantes, mueren por inanición.
El virus de la ira (o rabia) no mata al huésped, sino que lo transforma. El virus o infección zombi termina con la vida del infectado antes de transformarlo.
En su secuela, 28 semanas después, vemos el mismo patrón: personas infectadas que atacan a otras, y descubrimos como una anomalía genética hace inmunes a dos personas de la trama.


Pasemos ahora a los poseídos.

La saga REC, creadas por Jaume Balagueró y Paco Plaza estaría catalogada en este apartado, con algunos matices, si hacemos caso al final de la primera parte y a la segunda, ya que por lo que se dice en ellas, los científicos logran aislar la posesión de la Niña Medeiros y transformarla en una especie de virus controlado por ella.

En algunos sitios he visto que la catalogan en cine zombi, pero volvemos al punto anterior: los infectados no están muertos.

Su tercera parte, dirigida por Plaza, podemos ver una película más gamberra y con litros de sangre, que me recuerda (y mucho) a Posesión Infernal, de Sam Raimi y Braindead, de Peter Jackson, si bien podría ser una mezcla de ellas por los poseídos (Raimi) y los infectados (Jackson).

La cuarta y última parte, de Balagueró, es la que mezcla más, dándoles a los poseídos/infectados un aspecto más zombi. Pero ojo, sólo tienen eso de zombi, ya que a pesar de ser más violentos que en las entregas anteriores, en esta ocasión se asemejan y mucho a los infectados de 28 días después.


Además de estos ejemplos, existe un largo etcétera de films catalogados Z que no lo son. 

En resumen, ya sean zombis, infectados o poseídos, el cine de sangre y casquería está viviendo uno de sus mejores momentos después del auge de los 80 del cual los aficionados al género disfrutamos por igual.

Y es que, ¿a quién no le gusta una buena película gore?



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