martes, 2 de septiembre de 2014

Good Guy por Rubén "Reaper" GonzáleZ



La mujer conduce su coche por las tranquilas calles de ese apacible barrio residencial situado a las afueras de la gran ciudad. Da una última calada a su cigarrillo mentolado y lo arroja por la ventanilla, mientras exhala el fresco humo en graciosas volutas danzantes.
—Y en otro orden de noticias, la policía acaba de hallar esta madrugada el cuerpo sin vida de Veronica Fletcher, de veinticuatro años de edad. La reciente autopsia acaba de revelar que la causa de la muerte ha sido estrangulamiento. Con esta, ya son cinco las víctimas halladas en tales circunstancias en lo que va de mes. Lo que hace creer a la policía estar enfrentándose a un posible imitador de Charles Lee Ray, el famoso “Estrangulador de Lake Shore”, fallecido el…
Marge trastea con el dial hasta dar con una emisora que emite una animada canción discotequera que está muy de moda últimamente. Consigue así acallar la insoportable voz del locutor y la terrible noticia de la que está dando parte.
A medida que se acerca al ciento dos de Apple Street, unos eufóricos gritos infantiles y unos coloridos globos atados en el buzón de la casa, delatan la celebración de una fiesta de cumpleaños.
La mujer detiene el coche. Antes de abandonar el vehículo, recoge del asiento del copiloto una bolsa de la compra. Se dirige hacia la puerta de la casa y timbra dos veces, esperando hacerse oír por encima de todo el estruendo que producen las pequeñas e incontrolables criaturas que aguardan en el interior del inmueble.
La puerta se abre, revelando el rostro de una agotada mujer que roza los cuarenta.

—¿Qué tal, Sharon? ¿Cómo va todo en el Infierno? —pregunta Marge en tono jocoso.
—Anda, calla y entra. Llegas justo a tiempo. Jimmy está a punto de cortar la tarta.
El interior de la casa es un verdadero caos. Las dos mujeres logran llegar sanas y salvas a la cocina tras esquivar a un buen número de chiquillos hiperactivos, cuya única preocupación es la de divertirse.
—¿Qué tal te va viviendo sola? —le pregunta Sharon a Marge cuando logran estar a salvo tras los muros de la cocina.
La mujer ya sabe a lo que se refiere su amiga.
—Si estás preocupada por mí por culpa de esos asesinatos que se están produciendo por los alrededores de mi piso, puedes estar tranquila. Vuelvo a casa antes de anochecer y no abro la puerta a nadie durante la noche.
—Ya sabes que si quieres, puedes quedarte en esta casa el tiempo que quieras. Tenemos una habitación libre todo el año y…
—No hace falta, pero gracias por la oferta. Sé que siempre puedo contar contigo —dice mientras posa su mano en el hombro de su amiga— . Y dime, ¿cómo van las cosas con Tim?
Su amiga lanza un suspiro de fastidio antes de responder.
—Fatal. Sigue escurriendo el bulto y ya me debe dos meses de la manutención de Jimmy. El lunes a primera hora, pienso hablar con mi abogada.
—Tranquila, ese tipo siempre ha sido un descerebrado. Y desde vuestro divorcio está más perdido que nunca. Ya verás como ese cabeza de chorlito entrará en razón.
Marge contagia su sonrisa a su abatida amiga, quien agradece en esos momentos tener a su lado a esa gran mujer que siempre ha estado a su lado en los buenos y malos momentos.
—¿Y donde está el cumpleañero? Tengo aquí una cosita que le va a encantar —dice mostrando a su amiga la misteriosa bolsa de la compra.
—Pues está pasándoselo estupendamente con sus amiguitos. Pero no te preocupes, que ahora los traigo a todos —dice Sharon, mientras saca de la nevera una apetitosa tarta de chocolate. Abre la puerta de la cocina, hace altavoz con sus manos y vocifera a la marabunta infantil— ¡Todos a la cocina! ¡Jimmy va a apagar las velas de su tarta de cumpleaños!
En menos de diez segundos, la cocina se llena de niños que se pelean por los asientos más cercanos al cumpleañero y a la magnífica tarta.
El pequeño Jimmy saluda y abraza a Marge antes de sentarse en su asiento de honor. Mientras, su madre, coloca una vela en forma de alegre seis en el centro de la tarta que Marge enciende con su fiel mechero.
Las luces se apagan de repente y la tenue llama de la vela ilumina parcialmente el rostro del muchacho. Todos los presentes, menos el homenajeado, entonan a coro la conocida canción que se suele cantar en estos casos. La canción termina y su madre le dice al oído al pequeño que pida un deseo. Cuando este lo ha decidido, sopla con todas sus fuerzas, extinguiendo la débil llama y prorrumpiendo en un gran aplauso con el que se celebra el nuevo año de vida del pequeño Jimmy.
Sharon empieza a cortar la tarta en pequeñas porciones que va repartiendo entre los impacientes chiquitines. Quienes devoran el dulce manjar con una saña similar a la de los buitres cuando se abalanzan sobre los carnales restos abandonados por los satisfechos leones.
Marge, también se sirve un trozo de tarta que degusta poco a poco. Y, como siempre, alaba el talento innato que demuestra su amiga en la cocina.
Cuando todos tienen el estómago lleno de tarta, toca el turno de entregar los regalos. El momento que Jimmy lleva esperando todo el día. Uno a uno, todos los invitados van entregándole multitud de paquetes de diferentes tamaños y envueltos en papeles de vivos colores, que esconden regalos que arrancan más de una sonrisa al pequeño.
—Toma chaval, espero que te guste —dice Marge cuando le toca el turno de entregar la bolsa de la compra que llevaba custodiando toda la tarde.
Jimmy introduce el brazo derecho en el interior de la bolsa y saca de ella un bulto envuelto, claramente con prisas, en papel de regalo de Winnie the Poo. El bulto parece imitar una figura humana en miniatura. Concediéndole todo el aspecto de una momia muy festiva.
Todos los presentes observan con intriga, como Jimmy va rasgando el papel y revelando aquello que se oculta tras la alegre envoltura: una poblada cabellera naranja, unas mejillas surcadas de pecas, un gracioso peto decorado con adorables motivos…
—¡Es un Good Guy! —exclama el cumpleañero, mientras abre tanto los ojos que parecen amenazar con caérseles de las cuencas— ¡Mira, mami!  
La mujer no cree lo que están viendo sus ojos. Y cuando los demás niños y su hijo (quien lleva en alto el muñeco) abandonan la cocina, se encara hacia su amiga y le pregunta.
—¿De donde lo has sacado? Ese juguete lleva semanas agotado. Me he recorrido las jugueterías de media ciudad tratando de encontrarlo.
—Es un secreto —responde Marge, mientras coloca su dedo índice en los labios y emite un suave siseo.
Por supuesto, Marge no le revela a su amiga que encontró ese muñeco, justamente esa misma mañana, junto a los contenedores que se hallan al lado de su edificio de apartamentos. Descansando sobre varios periódicos abiertos en las páginas en las que se informaba de los asesinatos de aquel posible imitador de “El Estrangulador de Lake Shore”. La mujer decidió hacerse con él, al acordarse del cumpleaños del pequeño Jimmy. Obviando aquella macabra coincidencia (¿Por qué solo podía ser eso, no?). Lo recogió, lo lavó, y lo envolvió en papel de regalo.
Unos nerviosos tirones en el pantalón de Marge, sacaron a la mujer de su ensimismamiento. El dueño de aquella manita no era otro que Jimmy, quien sujetaba con la otra mano a su nuevo compañero de plástico.
—Tía Marge, ¿y este Good Guy sabe hablar? —pregunta mientras levanta por encima de su cabeza el juguete.
—Pues solo hay una manera de saberlo, canijo —responde, preguntándose si el muñeco tendrá en su interior las pilas.
El pequeño aprieta la barriga del Good Guy, como ha visto hacer miles de veces en los anuncios de televisión, y tras una insoportable espera en la que la cara del niño se ensombrece, el muñeco abre los ojos y gira rápidamente la cabeza hacia Jimmy y las dos mujeres.
—Hola, soy Chucky, ¿Quieres jugar?




2 comentarios:

Muchísimas gracias, nos alegra que te haya gustado :) ¡saludos!

Publicar un comentario en la entrada