miércoles, 12 de noviembre de 2014

El Último Tiburón por Zanbar Bone



El último tiburón (L´ultimo squalo) 1980 (Enzo G. Castellari)
  

En una playa de California comienzan a sucederse muertes que al poco se descubre que son debidas al ataque de un tiburón enorme. El alcalde local se niega a cerrar las playas y la regata anual por miedo a perder las elecciones. Cuando el tiburón irrumpe en plena regata pese a las medidas de seguridad, no queda más remedio que ir a cazarlo.


¿A que te suena el argumento? Pues sí, es casi un calco de la primera y segunda entregas de Tiburón, de Spielberg, solo que a la italiana, como solía pasar a menudo en los ochenta.

Me encariñé en su momento con este despropósito de película, porque cuando era pequeño y todavía estaban de moda las pelis de tiburones, pirañas y demás amenazas marinas, vi un trocito especialmente estrafalario en el que el tiburón enganchaba a un helicóptero. Lo cierto es que solo recordaba esa escena y otra con una musiquita de suspense en la que el tiburón golpeaba unas rejas metálicas. Ah, también recuerdo a un amigo que estaba a mi lado y que vio la escena del helicóptero diciendo: “¡Qué falso!”.

Por aquella época, en la que aún se podían alquilar vídeos Betamax, una vez me saqué Tiburón 3, que era precisamente el título con el que se conocía a la película que estoy comentando. El problema es que había, como siempre, confusión con los títulos del mercado del vídeo, las traducciones al español, las distribuidoras y todo eso, y al final había un Tiburón 3 -la italiana- y otra -la americana, con Dennis Quaid-. Pues bien, yo alquilé la americana, sensiblemente mejor que la otra.

Pero sentía el gusanillo de agenciarme la peli italiana, y lo más que puedo decir es que me gusta por el encanto ochentero especial que tiene, por lo cutre que es y lo que te llegas a reír (hay una escena en la que el tiburón sale con el morro hacia arriba cual delfín y golpea una balsa con un hombre encima, que sale volando por los aires sin que sus pies se despeguen de la balsa (y se nota además claramente que es un muñeco anclado a la madera).


También tiene esas lagunas de guion tan encantadoras (y que tanto pasamos por alto de pequeños, hasta que revisionamos la película de adultos y decimos: “Buaaf, menudo ñordo”: a cada momento te ves personajes de los que no sabes su nombre, pero que luego resultan ser parientes de otros protagonistas y su muerte les causa un súper trauma decisivo para la trama de la película...

... Luego tienes secuencias en las que la continuidad temporal es nula. En un plano te ves a un tipo en la orilla mirando por un varadero, y luego, sin sensación de que haya transcurrido tiempo, te lo ves en una embarcación intentando cazar al tiburón...

... A eso hay que sumarle escenas injertadas de documentales sobre tiburones, y ese mamotrenco mecánico dos veces más grande que el del documental que pretende ser el mismo tiburón, y que se queda casi posando a la cámara para que veas cómo mastica al tipo que acaba de enganchar del helicóptero...


En fin, estas películas las hacían sobre todo aprovechando el tirón de otras para lucir algunos momentos gore de miembros amputados, para seguir explotando el miedo a bañarse en la playa por si te comía el tiburón y poco más. El mercado del vídeo era apasionante.

Con El último tiburón no te da tiempo de aburrirte, porque todo va muy rápido casi desde el principio y nada tiene demasiado sentido (como el tiburón súper inteligente intentando encerrar a un buzo en un conjunto de rocas marinas a base de trompazos en la roca). Ves desfilar personajes insulsos y sin nombre, y unos cuantos protagonistas que más o menos lo hacen bien y son creíbles. Luego, muchas escenas para lucir al tiburoncito, cómo se merienda a la gente, a los barcos o ¡incluso a los helicópteros!


No sé, será que me gusta porque siempre me han hecho gracia las copias descaradas, como las que había con lo de las películas de zombis (ains, esto daría para otro post bien largo...).


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