Castle Rock Asylum

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I Antología de Relatos de Terror Castle Rock Asylum

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lunes, 8 de septiembre de 2014

Crítica: Dead Snow 2 / Zombis Nazis 2 por Rubén "Reaper" GonzáleZ

En 2009, nos llegó un título noruego que sorprendió a muchos, y que fue un verdadero peliculón en el panorama cinéfilo de serie Z. Hablo de Dead Snow (aka más bien conocida por el simple título de Zombis Nazis).
Dirigida por Tommy Wirkola (Hansel y Gretel: Cazadores de brujas), la cinta partía de la, ya clásica, premisa de un grupo de jóvenes que van a pasar unos días en una cabaña bastante alejada de cualquier reducto de población (cambiemos el típico bosque, por los fiordos noruegos), donde estarían a merced de unas terribles criaturas que convertirán su idílico retiro, en una verdadera pesadilla.
El cine de terror, no deja de regalarnos zombis de todos los tipos y “especies”. Ya sean los clásicos resucitados por las malas artes vudú (La Legión de los Hombres Sin Alma). Los que vuelven a la vida por experimentos o liberaciones de virus o gases que acaban desatando el Apocalipsis Z (Planet Terror), por la radiación de un satélite estrellado (La Noche de los Muertos Vivientes) o una explosión o desastre nuclear (La Invasión de los Zombies Atómicos), o los que, simplemente, vuelven con el fin de los días (Amanecer de los Muertos), como reza un versículo del Apocalipsis. Y luego están los que despiertan del descanso eterno debido a una maldición de cualquier tipo, como ocurre con los de esta película (además, está el tema de que son nazis, aunque no es la primera película que resucita a estos tipos). Los no muertos de Dead Snow, no descansarán en paz hasta haber recuperado su preciado cargamento de oro. Y para desgracia de nuestros protagonistas, en su cabaña se encuentra el objetivo de los zombis nazis, que no se detendrán ante nada para recuperarlo.
La película fue una grata sorpresa. Aunque está más bien encuadrada en el genero de terror y gore, ya podíamos entrever desde el primer minuto, cierto toque de comedia negra. Y así fue.
Una película que no defraudará al espectador de cine de terror.
Dead Snow terminaba con un final que parecía no augurar una continuación (ya que cerraron muy bien la historia), pero ya se sabe como es este género. Y, además, la película fue muy bien recibida por el público especializado, así que una Wirkola no se hizo de rogar. Y nos ha traído una segunda parte demasiado estupenda (¿Quién dijo eso de “segundas partes nunca son buenas”?).


“La historia de Dead Snow 2 comienza justo cuando acaba la primera parte: Tenemos al único superviviente de la locura de los zombis nazis, preparado para huir, Cuando descubre que aún no se ha librado de la maldición. Tras una serie de percances, terminará en un hospital donde descubre que las autoridades lo acusan de las muertes de sus amigos. Y lo que es más increíble: LE HAN INJERTADO EL BRAZO ZOMBI DEL GENERAL HERZOG.
Los problemas no han hecho más que empezar. Ya que la putrefacta horda de Herzog, está preparando una invasión que dejaron a medias en la Segunda Guerra Mundial. Y, por si fuera poco, su nuevo brazo no dejará de hacer de las suyas (al más puro estilo El Diablo Metió la Mano, pero más brutal). Tendrá que unirse a un grupo de “cazadores de zombis” americanos y… a un nuevo ejército No Muertos (esta vez, ruso) para tratar de detener de una vez por todas a los malvados zombis nazis.”

Como podéis apreciar por la sinopsis, esta secuela es toda una verdadera y divertida locura de principio a fin. El humor negro estará muy presente durante TODA la película gracias, sobre todo, a los zombis nazis de Herzog y a los protagonistas vivos como el superviviente de la primera película que tendrá que volver a enfrentarse a los no muertos (aunque esta vez contará con la “ayuda” de un putrefacto brazo con poderes necrománticos… y con sed de sangre inocente). Un grupo de “cazadores de zombis” venidos de la mismísima Yanquilandia que no son para nada lo que uno se espera en una película de este tipo (cada uno es más nerd y friki que el anterior). Un incompetente jefe de policía (y todo su cuartel) que no saben lo que les viene encima. Y un pobre camarero de un museo de la Segunda Guerra Mundial que se verá inmerso en esta particular pesadilla.


Dead Snow 2 es una película muy entretenida y divertidísima. Tommy Wirkola sabe que esta película es lo que es: una comedia gamberra de terror de serie Z. Y se nota que se ha divertido tanto realizándola, que se nos contagia el buen rollo que ha dejado plasmado perfectamente en la cinta.
Película 100% recomendadísima para pasar un desenfadado y divertidísimo rato. Además, esta secuela se puede visionar perfectamente sin haber visto la primera parte, ya que se gastan un completísimo resumen (más que simple recordatorio).

Tommy Wirkola, se ha convertido en uno de mis directores favoritos del cine de fantaterror actual. Y ya aguardo con ansias la segunda parte de la retorcida y grata (per)versión del clásico cuento de Hansel y Gretel: Cazadores de brujas, protagonizado por Jeremy Renner (Los Vengadores, 28 Semanas Después) y Gemma Arterton (Furia de Titanes, Byzantium).

Lo Mejor: La diversión que rebosa esta película de serie Z.

Lo Peor: Que parece que no tendremos tercera parte (aunque en este género es difícil decir que una película no tendrá otra secuela más).


sábado, 6 de septiembre de 2014

Esa no, la Otra por Javier Vivancos

Los vidrios rotos crujen una vez más. Los mocasines manchados de aceite irrumpen y se detienen en el estrecho círculo de penumbra que le rodea. Alza la cabeza unos milímetros, lo justo para dirigir una húmeda y borrosa mirada a los pantalones de su fan número uno. Una mano helada limpia con delicadeza el hilo de sangre que le cuelga de los labios. A continuación, esos dedos afilados penetran hasta las raíces de su barba, se aferran, se enredan, empujan. Las miradas se cruzan en contra de su voluntad.

Su fan número uno sonríe como un tiburón. Tras sus anticuadas gafas de montura de concha no hay atisbo de remordimiento, ni de ninguna emoción conocida.

—Cántala otra vez —sisea.

Siente el cuchillo insinuándose en su melena, señalando sus piercings sanguinolentos, rascándole el tatuaje del cuello. Abre la boca, fuerza un gorgoteo áspero parecido a una nota. Es incapaz de recordar cuánto tiempo lleva atado al mismo oxidado sillón, obedeciendo los caprichos de ese lunático.

—Baaaby... yyou’re so... cl... clos... e... —entona.

Un tajo surca su mejilla.

—¡Esa no, la otra!







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viernes, 5 de septiembre de 2014

Quién puede matar a un niño… Zombi por Rain Cross

Niños zombis en las películas de terror


En las películas de zombis, los niños han jugado un papel impactante aunque secundaria en la mayoría de ellas. Desde la pequeña Karen en Night of the Living Dead (1968) de George A. Romero donde vemos el cambio de niña acabada de morder por un zombi al principio de la historia, hecho que sólo es narrado por sus padres, a zombi sedienta de sangre y devoradora de padres, el personaje de ‘niño zombi’ ha estado presente en muchas secuencias escabrosas del cine Z.

En la saga de películas Resident Evil, basadas muy libremente en los videojuegos del mismo nombre, a parte de presentar a niños como victimas inocentes (en la tercera parte), tenemos una genial escena con ellos en Resident Evil: Apocalypse (2004), cuando se adentran en el colegio en busca de Angela Ashfort, y la pobre reportera Terri Morales se encuentra con toda una clase de niños-zombis que la convierten en su comida del día.


En Dawn of the Dead (2004), de Zack Snyder y remake de Zombie, de Romero, recordamos la primera aparición de un zombi en la película encarnado por la pequeña vecina de la protagonista, Ana, que aparece en su casa y ataca a su marido trasformándolo en uno de ellos. La trama continúa con el comienzo de un Apocalipsis zombie hasta llegar al que parece ser el refugio perfecto: un centro comercial. Allí encontramos el segundo niño Z, en esta ocasión en forma de bebé, el cual ya nace en ese estado y tiene que ser asesinado en el acto (una de las mejores escenas del cine zombi por su originalidad, en mi humilde opinión).


También hay que recordar la escena de Land of the Dead (2005), de nuevo dirigida por Romero, donde aparecen varios tópicos en el cine de terror: niños y payasos. Combinación terrorífica que también vemos en Zombieland (2009).

En la divertida Shaun of The Dead (2004) no podían faltar. Cuando Shaun va en busca de un helado Cornetto -iniciando así su famosa trilogía- para él y su inseparable colega Ed, se encuentra con un niño zombi que le da con la pelota en la cabeza, el cual no se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor hasta llegar a casa y descubrir que algo extraño está pasando. En otra escena, cuando Shaun y sus amigos se dirigen al Winchester en busca de refugio, se encuentran a un grupo de ellos comiéndose en un jardín a uno de los asiduos al famoso bar.

Y están también presentes en la aclamada serie The Walking Dead, donde unos de los primeros caminantes (como ellos los llaman) que se encuentra el protagonista, Rick Grimes, es una niña inocente con osito de peluche incluido y un gran desgarro de carne en la cara. Sin olvidar el momento cumbre (y el mejor a mi parecer) de la segunda temporada, donde después de estar toda ella centrada en la búsqueda de la pequeña Sophia (y la granja), la encontramos ‘zombieficada’ dentro del granero de los Greene.


Como vemos los niños y el cine zombi están bien relacionados, al igual que en libros  de temática zombi como Apocalipsis Z de Manel Loureiro, donde hay algunas paginas aterradoras con niños sedientos de carne de por medio. Series, videojuegos y cómics han contado con esta figura donde inocencia y muerte se mezclan creando escenas de lo más perturbadoras.

A la mayoría le da reparo matar a un niño, aunque sea un zombi, el cual no dudaría ni un segundo en hincarte un diente, pero hay que pensar en la supervivencia, y volverse fríos y calculadores ante una situación así, ya que ellos, por muy pequeños y angelicales que sean, no se lo pensaran dos veces en convertirte en su próxima cena. 

martes, 2 de septiembre de 2014

Good Guy por Rubén "Reaper" GonzáleZ


La mujer conduce su coche por las tranquilas calles de ese apacible barrio residencial situado a las afueras de la gran ciudad. Da una última calada a su cigarrillo mentolado y lo arroja por la ventanilla, mientras exhala el fresco humo en graciosas volutas danzantes.
—Y en otro orden de noticias, la policía acaba de hallar esta madrugada el cuerpo sin vida de Veronica Fletcher, de veinticuatro años de edad. La reciente autopsia acaba de revelar que la causa de la muerte ha sido estrangulamiento. Con esta, ya son cinco las víctimas halladas en tales circunstancias en lo que va de mes. Lo que hace creer a la policía estar enfrentándose a un posible imitador de Charles Lee Ray, el famoso “Estrangulador de Lake Shore”, fallecido el…
Marge trastea con el dial hasta dar con una emisora que emite una animada canción discotequera que está muy de moda últimamente. Consigue así acallar la insoportable voz del locutor y la terrible noticia de la que está dando parte.
A medida que se acerca al ciento dos de Apple Street, unos eufóricos gritos infantiles y unos coloridos globos atados en el buzón de la casa, delatan la celebración de una fiesta de cumpleaños.
La mujer detiene el coche. Antes de abandonar el vehículo, recoge del asiento del copiloto una bolsa de la compra. Se dirige hacia la puerta de la casa y timbra dos veces, esperando hacerse oír por encima de todo el estruendo que producen las pequeñas e incontrolables criaturas que aguardan en el interior del inmueble.
La puerta se abre, revelando el rostro de una agotada mujer que roza los cuarenta.
—¿Qué tal, Sharon? ¿Cómo va todo en el Infierno? —pregunta Marge en tono jocoso.
—Anda, calla y entra. Llegas justo a tiempo. Jimmy está a punto de cortar la tarta.
El interior de la casa es un verdadero caos. Las dos mujeres logran llegar sanas y salvas a la cocina tras esquivar a un buen número de chiquillos hiperactivos, cuya única preocupación es la de divertirse.
—¿Qué tal te va viviendo sola? —le pregunta Sharon a Marge cuando logran estar a salvo tras los muros de la cocina.
La mujer ya sabe a lo que se refiere su amiga.
—Si estás preocupada por mí por culpa de esos asesinatos que se están produciendo por los alrededores de mi piso, puedes estar tranquila. Vuelvo a casa antes de anochecer y no abro la puerta a nadie durante la noche.
—Ya sabes que si quieres, puedes quedarte en esta casa el tiempo que quieras. Tenemos una habitación libre todo el año y…
—No hace falta, pero gracias por la oferta. Sé que siempre puedo contar contigo —dice mientras posa su mano en el hombro de su amiga— . Y dime, ¿cómo van las cosas con Tim?
Su amiga lanza un suspiro de fastidio antes de responder.
—Fatal. Sigue escurriendo el bulto y ya me debe dos meses de la manutención de Jimmy. El lunes a primera hora, pienso hablar con mi abogada.
—Tranquila, ese tipo siempre ha sido un descerebrado. Y desde vuestro divorcio está más perdido que nunca. Ya verás como ese cabeza de chorlito entrará en razón.
Marge contagia su sonrisa a su abatida amiga, quien agradece en esos momentos tener a su lado a esa gran mujer que siempre ha estado a su lado en los buenos y malos momentos.
—¿Y donde está el cumpleañero? Tengo aquí una cosita que le va a encantar —dice mostrando a su amiga la misteriosa bolsa de la compra.
—Pues está pasándoselo estupendamente con sus amiguitos. Pero no te preocupes, que ahora los traigo a todos —dice Sharon, mientras saca de la nevera una apetitosa tarta de chocolate. Abre la puerta de la cocina, hace altavoz con sus manos y vocifera a la marabunta infantil— ¡Todos a la cocina! ¡Jimmy va a apagar las velas de su tarta de cumpleaños!
En menos de diez segundos, la cocina se llena de niños que se pelean por los asientos más cercanos al cumpleañero y a la magnífica tarta.
El pequeño Jimmy saluda y abraza a Marge antes de sentarse en su asiento de honor. Mientras, su madre, coloca una vela en forma de alegre seis en el centro de la tarta que Marge enciende con su fiel mechero.
Las luces se apagan de repente y la tenue llama de la vela ilumina parcialmente el rostro del muchacho. Todos los presentes, menos el homenajeado, entonan a coro la conocida canción que se suele cantar en estos casos. La canción termina y su madre le dice al oído al pequeño que pida un deseo. Cuando este lo ha decidido, sopla con todas sus fuerzas, extinguiendo la débil llama y prorrumpiendo en un gran aplauso con el que se celebra el nuevo año de vida del pequeño Jimmy.
Sharon empieza a cortar la tarta en pequeñas porciones que va repartiendo entre los impacientes chiquitines. Quienes devoran el dulce manjar con una saña similar a la de los buitres cuando se abalanzan sobre los carnales restos abandonados por los satisfechos leones.
Marge, también se sirve un trozo de tarta que degusta poco a poco. Y, como siempre, alaba el talento innato que demuestra su amiga en la cocina.
Cuando todos tienen el estómago lleno de tarta, toca el turno de entregar los regalos. El momento que Jimmy lleva esperando todo el día. Uno a uno, todos los invitados van entregándole multitud de paquetes de diferentes tamaños y envueltos en papeles de vivos colores, que esconden regalos que arrancan más de una sonrisa al pequeño.
—Toma chaval, espero que te guste —dice Marge cuando le toca el turno de entregar la bolsa de la compra que llevaba custodiando toda la tarde.
Jimmy introduce el brazo derecho en el interior de la bolsa y saca de ella un bulto envuelto, claramente con prisas, en papel de regalo de Winnie the Poo. El bulto parece imitar una figura humana en miniatura. Concediéndole todo el aspecto de una momia muy festiva.
Todos los presentes observan con intriga, como Jimmy va rasgando el papel y revelando aquello que se oculta tras la alegre envoltura: una poblada cabellera naranja, unas mejillas surcadas de pecas, un gracioso peto decorado con adorables motivos…
—¡Es un Good Guy! —exclama el cumpleañero, mientras abre tanto los ojos que parecen amenazar con caérseles de las cuencas— ¡Mira, mami!  
La mujer no cree lo que están viendo sus ojos. Y cuando los demás niños y su hijo (quien lleva en alto el muñeco) abandonan la cocina, se encara hacia su amiga y le pregunta.
—¿De donde lo has sacado? Ese juguete lleva semanas agotado. Me he recorrido las jugueterías de media ciudad tratando de encontrarlo.
—Es un secreto —responde Marge, mientras coloca su dedo índice en los labios y emite un suave siseo.
Por supuesto, Marge no le revela a su amiga que encontró ese muñeco, justamente esa misma mañana, junto a los contenedores que se hallan al lado de su edificio de apartamentos. Descansando sobre varios periódicos abiertos en las páginas en las que se informaba de los asesinatos de aquel posible imitador de “El Estrangulador de Lake Shore”. La mujer decidió hacerse con él, al acordarse del cumpleaños del pequeño Jimmy. Obviando aquella macabra coincidencia (¿Por qué solo podía ser eso, no?). Lo recogió, lo lavó, y lo envolvió en papel de regalo.
Unos nerviosos tirones en el pantalón de Marge, sacaron a la mujer de su ensimismamiento. El dueño de aquella manita no era otro que Jimmy, quien sujetaba con la otra mano a su nuevo compañero de plástico.
—Tía Marge, ¿y este Good Guy sabe hablar? —pregunta mientras levanta por encima de su cabeza el juguete.
—Pues solo hay una manera de saberlo, canijo —responde, preguntándose si el muñeco tendrá en su interior las pilas.
El pequeño aprieta la barriga del Good Guy, como ha visto hacer miles de veces en los anuncios de televisión, y tras una insoportable espera en la que la cara del niño se ensombrece, el muñeco abre los ojos y gira rápidamente la cabeza hacia Jimmy y las dos mujeres.
—Hola, soy Chucky, ¿Quieres jugar?




lunes, 1 de septiembre de 2014

Crítica: Society, por Elizabeth Thor

Un flaco favor le hice a la película Society (1989) de Brian Yuzna y sobre todo sabiendo como envejecían los efectos especiales de Screaming Mad George (Su nombre no es en broma), uno de los pocos especialistas de maquillaje que tienen fecha de caducidad. Bueno, le tenemos un poco de respeto gracias a Re-Animator (1985) ya que los FX cantan por bulerias, pero le tenemos cariño y respeto, aunque si te pones le ves el truco por todos lados, lo mismo te pasa con Un Hombre Lobo Americano en Londres (1981), pero eso es lo que pasa con la edad o el paso de los años, cuando dejas atrás un poco tu inocencia. Pero vamos por lo que vamos: la crítica, que tiene parte de mi gran desencanto y sobre todo cuando me pillé Society en DVD.

Tenemos a Brian Yuzna que intentaba hacerse un hueco en el cine dejando atrás un poco la producción y buscándose un nombre. Como productor ha trabajado en Re-Animator (1985), Re-Sonator (1986), Dolls (1987) y como co-productor y guionista con Stuard Gordon en Cariño, he encogido a los niños (1989). Con su faceta de director ha realizado La novia de Re-Animator (1989), Ritos Satánicos (1990), la cuarta parte de Noche de amor, Noche de muerte, Mortal Zombie (1993), Regreso de los muertos vivientes 3 (1993), El Dentista (1996) y su secuela, Dentista 2 (1998). Después vendría sus locas aventuras en España con la Fantastic Factory y las películas Faust: La venganza esta en la sangre (2003), Rottweiler (2004) y Bajo aguas tranquilas (2005). Más adelante sus aventuras como director se perderían en cosas como Amphibios 3D (2010).

Para mí, Yuzna es un director menos aventajado de la nueva carne de Cronenberg, el más barato y menos poético de ese estilo creado por el canadiense y más viscoso con Screaming Mad George, cuando se unieron ellos dos para rodar ésta película de 1989.

Bill Whitney, nuestro protagonista, tiene pesadillas cada noche y miedos nocturnos, aparte de eso la típicas paranoias adolescentes tales como: Nadie me entiende, ni siquiera mis padres, pero todo se une al descubrir extrañas cosas que pasa en el barrio de clase alta donde vive, la más pura paranoia del cine de ciencia ficción de los años 50, cuando se temía a los Rusos, sobre todo, esta película bebe de Los ladrones de cuerpos (1956).


Su director consigue ese toque paranoico y claustrofobia en toda la película, sobre todo el descubrimiento de las mutaciones o contorsiones imposibles de su familia o la gente que le rodea, que nuestro protagonista pensará que son pesadillas o visiones, pero al final se da cuenta de que esta muy equivocado. Cuando pienso en Society, pienso en la típica lucha de clases, “El rico se come al pobre”, pero en este caso no se lo come, lo consume como los jugos gástricos de un estómago.
Dantescos son los fx de Mad George en las orgías finales de nueva carne, principalmente cuando eres un adolescente y te impactan esas escenas pero cuando eres ya mayorcito la magia se pierde, aunque la historia y su moraleja las ves desde lejos.

Fue ganadora de un premio a los mejores fx en Sitges de aquel año.

Lo mejor: La historia, bastante original dentro del cine adolescente, las paranoias de los años 50 y los fx.

Lo peor: Los mismos fx, que han envejecido demasiado mal.




Descubre sus historias en: Elizabeth Thor Mundos por Escribir 

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