viernes, 9 de noviembre de 2018

La Mujer Expandida por Román Sanz Mouta

Ilustración Zdzisław Beksínski 


        Cuando tomó (tomaste) asiento en ese tren, jamás imaginó (imaginaste) el desenlace.
~
Tras la búsqueda de plaza, se acomodó con su móvil y cascos, cuaderno y bolígrafo, libro y ojeras. Presto para acometer el enésimo viaje de ida o regreso, siempre los confundía. Unido a su habitual e imprescindible relato de tren. Las costumbres.
Pintaba bien.
Hasta que llegó la señora.
Inmensa y mayor. De permanente recargada, pelo tieso, imitación de un rubio oxidado y perdido eones atrás. Con un tufo mezcolanza de cientos de aromas muertos y colonias caducas superpuestas por capas. Con ropajes rosas pero no cálidos.
Le preguntó desde su altura, impertinente y ronca:
— ¿Tú eres 4D?
Sin esperar (tú) respuesta, añadió, aún más borde y torcida:
—Yo soy 4C.
Y se dejó caer en el asiento.
~
El tren sufrió terremoto y bajó en altura varios centímetros. Los viajeros saltaron y aterrizaron leve. El mundo botó y retumbó.
Miró la mujer mal a su alrededor, ofendida con todo y todos. Buscando culpables y más culpables de algo.
Intentando a la vez, sin disimulo, ajustar su descomunal pandero al asiento, acto cuasi imposible.
La gente temía mirar tan dantesco evento. Los dos pasajeros de asientos enfrentados, sintiéndose casi a salvo por no ser su pareja de lado, pero demasiado cerca para celebrar.
Ella invadía el espacio con su presencia.
El olor de la señora empezó a retransmitirse por el vagón. Las personas fingían dormir con muecas de asco, esperando liberación en ello.
Mientras, la mujer seguía incómoda e incomodando. Repartiendo desquiciádamente su volumen. Agitándose. Robando huecos.
El hombre del cuaderno (tú) intentó hacerse fuerte. Ganar terreno. Afianzar el reposabrazos anteriormente conquistado.
Pero se sentía intimidado. Tenía que retroceder. Para evitar el contacto.
Miró, mientras la señora seguía con su atención clavada en él, 4D, su compañero y acompañante involuntario. Su nuevo no amigo. Sin hablar. Sin pronunciar sonido. Sólo los ojos fijos. Hediendo…
Buscó el pobre otro asiento libre. Nada. Ya lo advirtió en la entrada. Tren lleno. Tren completo. Más con ella que antes.
Y tomó la peor de las decisiones, quizá por contagio:
Abandonar a su amigo el insomnio y tratar de dormir. Para hacer el viaje más breve y llevadero (en vez de escribir una historia sobre el tema y robarle importancia añadiendo humor).
Así cayó al abismo, más fácil de lo previsto y acostumbrado.
Demasiado f
á
c
i
l
~
Pudieron ser minutos u horas pero, cuando despertó, todo había cambiado.
Sintió una opresión. Asfixiante. Con todos los sentidos. Corporal, sonora, olfativa y de mal gusto. Apenas podía ver.
La señora, lo que antes era una señora, se había expandido.
Ahora ocupaba las cuatro plazas.
Él(la) se encontraba aplastado contra la ventana, bajo olas de chicha, pugnando porpreservarse.
“¡Lucha por respirar!”
Los ocupantes de enfrente ya habían sido absorbidos por la masa informe, deforme, creciente. Apenas se adivinaba brazo o pierna inerte bajo ella.
No había ya cara, sólo carne enfundada en fucsia. Y olor. Ese olor.
Tenía que salir de allí…
~
Intentó trepar, única opción. Agarrar los compartimentos de equipaje en la parte superior. Aferrarse con todas sus fuerzas por la vida. Tirar de sí mismo con brazos y espíritu. Hacer palanca con sus piernas sobre blando o cualquier dureza.
Sobrevivir.
Estaba comprimido. Envasado al vacío. El aliento se despedía.
Nada de rendirse.
“¡Sigue!”
Consiguió un hueco. Un mínimo espacio. Resquicio de esperanza.
Y subió.
Para pisotear después esa masa bulbosa que antes fue una señora. Compacta y dispersa, elástica y gruesa de sebo. Pegajosa, cartilaginosa, empalagosa…
Sus pies se hundían en ella como arenas movedizas, esponjosas y podres. Tenía que seguir moviéndose, en zapateado rápido. ¡YA!
Más rápido
¡MÁS RÁPIDO!
¡¡¡MÁS RÁPIDO!!!
~
Estancado, cerca de hundirse como un barco en naufragio, tuvo idea. Rodó. Temiendo pasar a ser parte. Rodó y saltó con cuerpo orientado. Saltó como y con lo que pudo.
Y escapó de la presa. No cayendo muy lejos. No cayendo muy bien.
Entonces, al contemplar, entendió.
Los pasajeros estaban durmiendo.
Cloroformados, sin duda, por el escandaloso y enfermizo almizcle.
Y la MagmaSeñora estiraba sus zarcillos para alcanzarlos a todos. En fusión simbiótica alimentaria.
Dilatándose.
Para ocupar cada espacio vacío y volverse propio. Llenarlo. Llenarse.
Para consumir y devorar.
Ambas puertas estaban clausuradas por epidermis rosada y supurante.
Sin salida.
Y el proceso se aceleraba…
~
Cargó contra una de las membranas de salida, una de las barreras, intentando romper la telaraña de pulpa.
Imposible. Tan frágil como resistente.
Golpeó.
Nada.
Cada vez quedaba menos espacio de NoElla. Se acercaba. Estaba en por todas partes y resquicios.
Convirtiendo grasa o músculo con su ácido, chupando cual insecto. Para deglutir y asimilar.
La Última y Definitiva Expansión se acercaba. Sin costuras rotas.
Ocupaba ahora suelo, paredes, cristales, techos, oquedades, viajeros todos menos uno.
Sólo quedaba el 4D. Sólo quedas tú.
No había opción.
Debía(s) matar a la bestia.
~
Buscó un arma. Claro. Aquí y entonces. No hubo escenario mejor para encontrar una.
Pues sí.
Su (Tú) bolígrafo de la suerte. De frustrado pero voluntarioso escritor.
Y atacó.
Clavó y rasgó abriéndose canal y camino por surcos hasta su posición original, donde debía estar el núcleo de la criatura.
Atravesando repugnancias que se pegaban a él(ti).
Sin respirar ni oler.
Conteniendo arcada y vómito.
Siguió usando pluma como espada.
Cortó y tajó. Rasgó y sajó.
Y llegó. A lo que debiera ser su centro neurálgico vital. Lo que restaba de esa maligna y giganta cabeza de vieja insoportable, maleducada y apestosa, aún con restos de la permanente eterna y lacia.
La carneprisión se cerraba a su espalda.
El espacio libre desaparecía.
Una oportunidad. Una sólo una.
~
Apuñaló ese ojo supurante entre pliegues, con toda su energía, con más odio, esperando y deseando llegar al cerebro de la bruja.
Pústulas explotando ácidos y ventosidades en cada arremetida.
Apuñaló, penetró y repitió.
Cada vez más profundo. Capas y estratos.
Tenía(s) que ganar.
Por un momento, el impulso expansivo pareció detenerse. El olor, atenuarse.
La Pausa.
¡La Victoria!
El 4D, con aire recuperado, extrayendo su mano aún cerrada sobre el pincelpuñal ensangrentado, pleno de fluido y víscera y cornea, sonrió.
Hasta que la SeñoraEso abrió una boca aparecida de la nada. Recién nacida.
Con dientes que eran tentáculos o tentáculos que eran dientes.
El pozo más oscuro.
Con el mismo gesto que el gato de Cheshire, lo (te) tragó.
~
Adiós
   Respiración
               Futuro
                           Aspiraciones de novelista
                                                                                      Existencia…
La Muerte llega corriendo y gritando
   No es una muerte cualquiera…
No convertido en una digestión
Nunca no muerto…
Lenta…
                                                   No hay amigos dentro de Ese Estómago
Perdido…
Deshaciéndote entre jugos…
Rodeado de otros muchos infinitos…
Un pozo sin fin…
   Ya nadie te leerá (Ellos tampoco…)
                                                   Adiós…

~
NOTICIAS:

Hoy, en el Alvia trayecto Madrid-Gijón de primera hora de la mañana, los pasajeros del vagón número 10 han desaparecido sin dejar rastro. Se descubrió poco antes de llegar a Valladolid, tras apenas una hora de recorrido.
Sus efectos personales y equipajes están intactos. Pero no se consigue encontrar a los 20 ocupantes.
El viaje fue detenido de inmediato, y la policía sigue investigando sin querer hacer declaraciones sobre posibles pistas. Ese coche en concreto ha sido puesto bajo custodia de los equipos especiales para su análisis completo.
El resto de pasajeros pudo coger otro tren y alcanzar sus destinos originales, con el retraso consecuente y gran sorpresa.
Testigos de vagones adyacentes hablan sobre un suceso paranormal, aunque todos los entrevistados niegan haber visto nada.
Una venerable señora declara: “Esto no es la primera vez que ocurre. Las desapariciones. He oído cosas similares que tapan las autoridades. Lo sé yo bien, porque viajo mucho en ferrocarril. Siempre sentada en el 4C.”

***
Epílogo

El origen y las verdades

Esta es la historia real, una u otra o ambas. Puede que quizá exista quien no lo acepte o crea. O quien descarte una por la otra. No me conoce. Pero, como en un clásico y añorado “Elige tú Propia Aventura”, cada cual seleccione su favorito, su verdad y nomentira. Reinventando los epílogos. Dos opciones…
Recordad: la verdad, toda ella, llega al final…

Opción 1:

No me rendí (te rendiste, tú).
Devorado, sí. Quebrado, nunca.
Los ácidos gástricos castigaban mi piel. Perdí partes trituradas con dientes externos e internos, con agujas y espinas. Encías de sangre, organismos caníbales, trabajando para la colectiva señora.
Descendía por el tobogán de tráquea y esófago, interminable; caía sin fondo. Llegué al amorfo laberinto de su estómago. No solté la espadapluma. Jamás. Contuve aliento. Contesté a cada ataque. Cada agresión. Con otra. Rudeza por y con rudeza. Nunca vi glóbulos así.
Los mares y olas me arrastraban. A la fosa común, al océano gástrico de huesos. Me aferré. Abriendo caminos en un mundo de grasa y descomposición interminable.
Abominación, restos y desechos. Geiser y columnas de gases. Muertos que me querían con ellos.
Perdí el olfato, sacrificado por bien mayor. No lo echaría de menos. No aquí. No para recordar este ahora…
Creí atisbar luz y aire en mi castigado cuerpo.
Ella empujaba, como en un parto, pero a la inversa.
Impujó.
Yo resistía. Quería triunfar en ese embarazo. Nacer.
Renacer.
Sajé y rajé.
La inconsciencia venía. Sus intestinos me abrazaban como una pitón de muchos cuerpos, en constricción.
Sólo un poco más.
Vamos.
¡Sólo un poco más!
¡¡¡Resiste y no te ahogues!!!
¡Pelea…!
Abrí una puerta en masa putrefacta por las malas, en su bulbosidad. La convertí en puente levadizo.
Mientras ella gritaba, al fin, y rompía con su aullido todos los espejos de la existencia, dimensión, realidad, universos.
Escapé, escapaste, escapamos, de donde nadie lo había hecho.
Gané respiración, recuperé fuerza y volví, volvimos, volviste, a la Bestia.
¡Putos Héroes!
Extrayendo uno a una a cada víctima viva y actual. No fue bonito. Nada podíamos hacer por los fallecidos.
Rescatados. Aturdidos.
El tren se detiene.
EllaEso, venida desde lo imposible e improbable, antigua y compañera y némesis de un Retorcido; vencida. Pero nunca del todo. Se deshace y disuelve en zarcillos, bichos que reptan y huyen por huecos y esquinas. Que se reunirán más tarde para lamerse heridas y derrota.
Para reformarse
Para reconstruirse
A peor.
Si hubiere (hubiésemos, hubieses) tenido fuego…
No quedó resto o pieza. Prueba de lo sucedido.
Decidimos callar y guardar secreto. Por preservar nuestra cordura y reputación. Para intentar borrar de memorias.
Hasta hoy.
Porque voy en otro tren.
Vamos en otro tren.
Vas en otro tren.
Siempre. Buscándola. Terminar el trabajo.
Y, en el vagón 10, asiento 4C, la veo.
Está aquí…

Opción 2:

Pero no me dormí (te dormiste) sucumbiendo a sus efluvios nocivos.  
Sí el resto del pasaje en el coche. O lo fingieron. Para ignorar. Para no saber.
Ella seguía con su bulboso y grueso cuello torcido. Mirándome (mirándote). Sin pestañear; esas pestañas pervertidas y degeneradas, demasiado antiguas e inestables.
Clavándome los ojos llenos de malos deseos.
Invadiéndome (te). Nuestro espacio, nuestra esencia.
La ignoro. Mucho. Imposible del todo. La siento más cerca. Casi ronzándome sin tocarme.
No ceja.
No me voy. No me inmuto. Combato con mi mente. Combatimos en los pensamientos.
EllaEso rumia. El olor crece, se reproduce, controlado y concentrado. Hacia mí, ti, nosotros. Sigue haciendo bulto, ganando terreno, que no sillón ni reposabrazos.
Que no cedemos.
El reloj corre. El viaje será muy largo. Ella acabará por invadirme. Lo sé. Está a punto de hacer algo.
TIC
TAC
TIC
Me enfado.
Rabio.
No es justo.
¿Por qué yo, por qué tú?
¿Me enfado? ¿De verdad?
Saco la libreta y el bolígrafo. Nuestro favorito.
Medra su indignación porque me muevo, porque sonreímos al hacerlo. Sus ojos escupen fuegos y vapor venenoso.
Avanza su brazo hacia mí.
Lo va a hacer.
Tocarme. Apestarme. Infectarme.
Viene un revisor.
Ella lo ha convocado. No sé cómo.
Se levanta, la señora expandida, más grande que cuando se acomodó. Inmensa e incorrecta. En todos los sentidos.
Aborda al operario. Que tiembla.
Lame su oído con una orden secreta en susurros. Con todo, escucho de nuevo su voz. Chirría, en partes de mi mente que tienen miedo y duelen.
El hombre marcha. Asustado. Su rictus lo dice todo. Quiere correr.
EsoElla se deja caer, por segunda vez. Volvemos a sufrir escala 9 en Richter. Pobres cimientos del planeta. Pobre ferrocarril.
Regresa el interventor, platos por ojos, pupilas desorbitadas. Habla al oído y odio de la señora, sin acercarse, como a través de un tubo, manteniendo la distancia.
No escucho. No escuchamos. No escuchas.
Porque ya estamos escribiendo.
Es todo. Sé que ha terminado. Sé que he ganado una batalla, pero no la guerra.
Ella no ha dejado de mirarme (mirarnos, mirarte).
Sonríe con dentadura podrida y retorcida y pintada para ocultar la podredumbre, los restos de comidas anteriores y pretéritas. Para guardar el aliento en su interior. Letal. Aprieta las mandíbulas con ese gesto.
Coge sus cosas. Comparte un último vistazo, ojo por ojo con ojo. Me recordará. Te recordará. Nos recordará.
Se marcha siguiendo al revisor.
Alucino.
¿Libre?
¡Libres!
¡Yuhuuuuuuu!
No vuelve. Encontró otro acomodo. Lo forzó. Nuevas víctimas. Otro 4C y 4D.
Al parecer, y tampoco entiendo cómo, yo (tú) la incomodaba Más que ella a mí (ti)…
¿Qué soy yo para que EllaEso me tenga miedo? Inquietante…
Tengo que reírme.
Y sigo escribiendo esta historia, su y tú historia.
Pero no osé tocar o rozar siquiera el sitio que ocupó. Aún hervía…
Me gustaría decir que no la volveremos, volveré o volverás, a ver, pero… Mentiría…

¿FINES?




3 comentarios:

Terrible historia. Temible. Yo viví lo que podría ser un aperitivo de esto... También en el tren, también volviendo de Madrid. Una mujer que aseguraba que estaba en su asiento. Enorme mujer con clara postura de aplastarme por el gran error cometido con SU asiento. Quizá fuere un epílogo donde él (tú) fue salvado por alguna divinidad al darle un asiento distinto... jajaja
Maravilloso relato, terror realista del más horripilante. Con toques Cronenbergrianos con ese horror corporal...
Felicidades.

Sigues como siempre en racha. Estupendo relato al más puro estilo Román Sanz.

Gracias por los comentarios.

La situaciones en transporte pueden ser dantescas, más si te dejas llevar por la sugestión, o vives en continuo delirio alucinatorio.

Pero, qué mejor para sentir?

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