miércoles, 15 de julio de 2015

Reseña El Club Lovecraft por Rubén "Reaper" González





Howard Phillips Lovecraft. ¿Puede que aún en nuestros días quede alguien que no lo conozca a él ni su legado en forma de fantásticos relatos y novelas? Aunque sea de oídas o gracias a juegos de rol, cómics, videojuegos, la infinidad de merchandasing o por las obras y autores que influyó. ¿Y si menciono al impronunciable Cthulhu, a Las Montañas de la Locura, Dagon, al Caos Reptante, a los Perros de Tíndalos...? Ya os va sonando, ¿Verdad?

Este escritor solitario de Providence ideó él sólito, toda una galería de nuevos horrores venidos de la negrura del espacio para iniciar una nueva era en la literatura de terror, dando la espalda a la literatura gótica que se llevaba dando desde hacía muchos, muchos años. Aunque murió pensando que su obra era penosa y que nadie se acordaría de él ni de sus escritos, el pobre estaba muy, pero que muy equivocado. Gracias a un grupo de escritores que conformaron un club dedicado a este escritor y su obra y que se afanaron en darla a conocer, a la vez que engordaron Los Mitos contando nuevas historias e incluso añadiendo nuevas y amorales deidades al Panteón Primigenio. Y aún a día de hoy, muchos autores se atreven a aportar su granito de arena para que el género Lovecraftniano siga estando vigente.

Normalmente las historias de este tipo se desarrollan en Estados Unidos o lugares remotos e inexplorados de nuestro globo terráqueo (y fuera de él o en distintas dimensiones y realidades). La verdad es que solo conocía una obra que trasladase estas historias a nuestro país: la duología fílmica La Herencia Valdemar. Dos películas que dejaron MUCHO que desear, pero que lograron dejar un poco del toque Lovecraft en ellas, Pero descubrí que hacía unos pocos años antes, en 2007, Antonio Lázaro ya lo había hecho en una novela títulada El Club Lovecraft.

La verdad es que cómo me hice con la novela fue toda una experiencia: Hace unos cuantos meses, explorando en una tienda de segunda mano, escudriñando entre estanterías repletas de libros que olían a viejo, descubrí el nombre de Lovecraft en el lomo de uno de ellos. Tras arrancarlo de la compañía de sus amigos impresos, leí el título completo y la sinopsis, además de apreciar la edición, que le confería un aspecto de grimorio antiguo y prohibido que casi me "obligó" a hacerme con él. Y por si fuera poco, las páginas ya se habían amarilleado, acrecentando la sensación de que estaba a punto de leer un testimonio real y antiguo sobre horrores cósmicos.

Por desgracia, la sensación Lovecraftniana se quedó en ese descubrimiento. Todo desapareció a medida que lo leía. Pero antes de nada os contaré un poco de qué trata:

El Club Lovecraft es un grupo de lectores, escritores, apasionados y curiosos de H,P. Lovecraft y su obra, encabezados por Leonardo Pacheco. Un día se reencuentra con un viejo amigo que le propone una aventura: encontrar una traducción del mismísimo Necronomicón que se encuentra en Toledo. Junto a un par de jóvenes miembros del Club, se embarcarán en la búsqueda del maléfico tomo, a la vez que un mendigo azuzado por unas misteriosas voces siembra la ciudad de cadáveres siguiendo sus pasos. 

¿No está mal la sinopsis, verdad? Tiene toda la pinta de un estupendo thriller sobrenatural. Y es cierto que en un principio y en ocasiones lo parece, pero nada más lejos de la realidad. Al lograr terminar de leer el libro nos damos cuenta de que El Club Lovecraft es un burdo intento de crear una aventura lovecraftniana que acaba cayendo en la parodia y en una montaña de clichés que acaban haciendo muy difícil la lectura.

Si de algo hay que hablar es de los personajes. Aunque descubriréis que en realidad no hay NADA de qué hablar. Y es que, Antonio no es que ni que se moleste en construirlos, es que solo recurre a ellos cuando la trama lo requiere, dándonos la sensación de que no son más que maniquíes sin rostro que son llevados del punto A al punto B por los hilos que maneja el autor. Olvidaos de tratar de encariñaros con un personaje o preocuparos por él (de hecho, unos cuantos la pasan MUY putas y ni produjo en mí la más mínima sensación de preocupación o pena). 

De hecho, creo que el mejor personaje que tiene El Club Lovecraft es Toledo... Así es, internos. La ciudad toma bastante protagonismo y parece muy viva gracias a las muchas descripciones que Antonio Lázaro deja plagado en el transcurso de las páginas. Se nota el amor que le profesa a la ciudad (ojalá sintiese el mismo amor por sus personajes y Los Mitos...).

La novela es bastante corta y sus capítulos muy breves. Pero aún así he tardado lo mío en terminar de leerlo. Y sí, es cierto que siempre me tomo mi tiempo a la hora de leer un libro (mi economía es bastante precaria y acabo degustando los libros como si de un plato de un restaurante caro se tratase: lento y disfrutando de cada pedazo), pero aún así he tardado mucho más de lo esperado. Lo cierto es que el estilo narrativo del autor hace la lectura de El Club Lovecraft de lo más pesada (y si pretendía acercarse a la prosa del solitario de Providence, que la siga estudiando).

Pero la palma se la lleva la parte final de la novela. Esa en la que el autor ya no sabe qué hacer para que el lector llegue a la última página. Esa en la que nuestro protagonista ve pasar a casi todo el Panteón Primigenio y la galería de horrores Lovecraftnianos sin ni siquiera pestañear o sufrir efectos secundarios (cuando la simple visión de uno de ellos vuelve loco al más cuerdo). Además de que estos parece que son como los monstruos del tren de la bruja (me recordó al cameo de Cthulhu en la secuela de La Herencia Valdemar, que salió solo para volver a desaparecer a los míseros minutos). También vemos como un veterano dramaturgo le posee el aguerrido espíritu de Kurt Russell en La Cosa y se convierte en el héroe del día para detener el sólito y sin casi despeinarse el intento de despertar al mismísimo durmiente de R'lyeh. Para terminar en un epílogo la mar de anodino, que define a la perfección la lectura de la novela.

Una pena que el autor no supiese aprovechar la historia que tenía entre manos, que podría haber dado para un estupendo thriller sobrenatural que tenía posibilidades de convertirse en todo un best-seller y que, a su vez, podría haber incitado una adaptación cinematográfica que podría habernos hecho olvidar La Herencia Valdemar

En definitiva, queda claro que no recomiendo nada, pero nada, la lectura de El Club Lovecraft. Sobre todo a verdaderos amantes del escritor y sus Mitos, que incluso podrán tomarla como un insulto.



2 comentarios:

Estoy más que de acuerdo contigo. Es un libro que comencé a leer con la ilusión de encontrar un tributo moderno a Lovecraft, y lo terminé con la decepción de haberme topado con un libro mal escrito, aburrido y como tú bien dices, incluso insultante para los amantes del de Providence.

Muchas gracias por tu comentario :)

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