Castle Rock Asylum

Bienvenidos a la locura.

I Antología de Relatos de Terror Castle Rock Asylum

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lunes, 4 de julio de 2016

Lobo contra Perro de Raquel Mayarga Baños





Ronin Literario tiene apenas un año de vida. Pero en ese tiempo no ha dejado de apuntar maneras para convertirse en un todo un referente en el panorama literario español.

Comenzaron como un blog de reseñas para poco después descubrirnos que su afán por la literatura iba mucho más allá, al poner en marcha su propia editorial. Una centrada en la literatura de género (fantasy, western, artes marciales) nacional y, sobre todo, en potenciar la creación de género apenas trabajados aquí y que beben principalmente del mundo cinematográfico. Como es el caso de la obra que nos ocupa, que pertenece al género chambara (ficción samurai).

Su primera publicación física fue la reedición de Delbaeth Rising; Camino de Odio. Una bestial novela grimdark escrita por Victor Blanco y Gonzalo Zalaya. Actualmente tienen otro libro en formato físico (El Libro de las Fantasías Eróticas), acaban de realizar una convocatoria para una antología western con campaña en crowfunding y han puesto en preventa otro chambara bastante apetecible (El Hombre Sin Nombre). Pero la forma de edición que prevalece más en esta editorial son sus Series Literarias. Que presentan títulos de diversos géneros partidos en cuatro entregas (ofreciendo la primera totalmente gratis) que van disponiendo de forma gradual. La obra que nos ocupa inauguró este formato antes de pasar a ser compilado también en papel. Y es una propuesta que puede dar mucho de sí al lector y acabar hasta siendo el Netflix de la literatura.

Centrándonos en la obra que nos ocupa, Lobo contra Perro nos narra la misión que encomienda el enajenado shogun al respetado clan guerrero Inu ("perro" en japonés). Quienes deberán viajar a un templo de apacibles monjes que custodian un objeto que esconde más de un secreto. Y en medio de todo, el lobo y el perro volverán a mostrarse los colmillos y prepararse para la batalla final.

Como ya dejé claro, Lobo contra Perro no deja de ser una novela corta. Así que no pierde tiempo en arrancar. Al igual que es consciente de que su verdadero fin es el de entretener, con lo que la acción no tarda en hacer acto de presencia. Y aún con todo, Raquel no se queda en la superficie de lo que puede pensar cualquiera cuando escucha "novela de samurais" y saca algo de tiempo para mostrar al lector un poco de cómo funcionaba la sociedad de aquella época, el honorable código del bushido, algo de folklore o algunos términos nipones. Con esto, consigue mantener la atención de todos los fanáticos del chambara y la cultura japonesa y consigue que los profanos se interesen. Y si no, al menos no les sobre satura de información entre entrechoque de katana.

Aunque la premisa es simple, el desarrollo es bastante loable. Manteniendo un buen ritmo, aprovechando todos los elementos que dispone este género y la cruda y estupenda ambientación que ha escogido con esos fríos y montañosos parajes que enmarcan las mejores escenas de la novela.

El reparto de personajes de esta historia es bastante modesto. Y centran la atención en el dúo que protagoniza el duelo que anuncia el título. Siendo sin duda Haku, el que mejor sale parado gracias a toda esa historia que carga a sus espaldas y que tanto lo ha marcado e influenciado hasta convertirlo en el hombre que se nos presenta. Y que verá peligrar su redención con la llegada del clan Inu al templo Ginkagami. Obligándole a volver a convertirse en el implacable Lobo que fue antaño.

En cuanto a Somekawa, no será hasta la recta final cuando acabemos de entenderlo del todo. Haciendo que al terminar Lobo contra Perro, no sepas con exactitud de qué lado estás en este duelo.

La novela también trata el tema sobrenatural valiéndose de todo lo que oculta el objeto de la búsqueda que da comienzo a la historia. Esto puede desencantar bastante a los que prefieren centrarse en la trama central y terrenal. Pero que puede ser la guinda de este pastel literario para aquellos fans de películas como Ringu o Kairo (o en su defecto, sus remakes americanos). Y aún con todo, la autora aprovecha este elemento para relatar algunos pasajes de lo más asfixiantes y aterradores. Amén de que cobrará gran sentido en la historia en su recta final. Además, no olvidemos que en la sociedad Japonesa, aún a día de hoy, el misticismo y la superstición están a la orden del día.

La estupenda ilustración de la portada, también es obra de la autora. Y ensalza aún más la sensación oriental que desprende esta obra.

En definitiva, Lobo contra Perro resulta ser una lectura  refrescante, grácil pero contundente como la estocada de una katana. Que gustará tanto a los habituales del chambara como a los que quieran descubrir este género del que Ronin Literario, promete ser referente.

Agradecemos a la editorial que nos hayan facilitado la novela para poder reseñarla con todo el honor que se merece.


viernes, 1 de julio de 2016

La Sala Común: The Flash T.2



Corre. Barry, corre.

Inauguramos sección de series con una de las adaptaciones televisivas de los cómics de DC del universo Flash.

Después de una estupenda primera temporada, no tuvimos que esperar mucho para ver la siguiente gracias a que TNT compró los derechos de la serie en nuestro país.

La segunda temporada introducía a un nuevo villano: Zoom, y gracias a él y a Tierra 2, tuvimos algunos personajes de lo más interesantes.

Pero recapitulemos un poco: Después de descubrir la verdad sobre Harrison Wells (que en realidad se llamaba Eobard Thawne, era el Reverso de Flash y venía de otro mundo), Barry Allen tomó la difícil decisión de no salvar a su madre después de una nueva oportunidad (trampa) que le brindó Eobard a cambio de dejarle escapar. No lo hizo así, y después de una encarnizada pelea de los dos velocistas, Eobart moría ya que su antepasado, Eddie Thawne, se dispara a si mismo para hacerle desaparecer.


Esta temporada tuvimos la oportunidad de descubrir una nueva tierra en la que todos los personajes tenían un doble, la mayoría de ellos malvado, y que el propio Barry y Cisco Ramón pudieron conocer.

Uno de ellos era Killer Frost, la versión villana de Caitlin Snow que congelaba todo lo que tocaba, y del propio Cisco, el cual, después de descubrir sus poderes en los primeros capítulos, aprende mucho de su yo maligno.

Para mí uno de los puntos más interesantes de esta temporada a sido las variantes de algunos personajes, si bien Caitlin/Killer Frost no me acabó de, ya que, personalmente, no sitúo bien a la actriz haciendo de villana. Lo que sí me gustó es la dualidad que usar con ella y Firestorm. Hielo y Fuego, un simil que Caitlin dice que Ronnie utilizaba para referirse a ellos.

También los malvados que el propio Zoom trae de Tierra 2 me han gustado bastante, y si tengo que destacar uno de ellos, no puedo elegir a otro mejor que a King Shark, un monstruo medio hombre medio tiburón del que hay que aplaudir a los encargados de los efectos especiales por el gran trabajo realizado.


Zoom… me pareció un buen villano. El hecho de que no sepamos quién es, y después descubramos que ha estado allí todo el tiempo me ha gustado, y la historia tras el personaje, muy similar a la de Barry pero más oscura, me ha parecido bien hilada.

Harrison Wells de Tierra 2 también lo encontré interesante. Al principio no sabes si se puede confiar en él o no, y después encaja en el grupo perfectamente. Voy a echar de menos a este personaje en la tercera temporada, por lo que espero que los guionistas lo traigan de vez en cuando a visitar a nuestros héroes.

El que sigue gustándome y mucho es Cisco Ramón. Con sus referencias a películas y series, y siendo el toque cómico de la serie, me parece un personaje indispensable en el equipo de Barry y sobretodo para la dinámica de la serie.

Y Barry. Siempre ético, a pesar de que en el último capítulo quise que matara a Zoom por haber asesinado a su padre, vi un acierto que no lo hiciera, ya que no sería propio de él, o al menos de su evolución hasta ese momento. Sigo pensando que la elección del actor Grant Gustin es todo un acierto.


Voy a acabar hablando del final de temporada. Para mí fue algo agridulce. Empezó muy bien, pero creo que los últimos minutos me han decepcionado un poco. Prefiero esperar a la siguiente  para poder opinar si han sido un acierto, o por el contrario el querer cambiar el pasado y por ende, el futuro, hacen que la serie pierda interés.

Antes de finaliza con esta pequeña revisión, me gustaría hacer una pequeña mención especial a la BSO. Sabe sacarme la lagrimilla en el momento indicado.

En resumen, la segunda temporada de The Flash me ha resultado entretenida, algo superior a la primera, pero que con los minutos finales me hace pensar si en la siguiente tirarán todo al traste. Habrá que esperar hasta octubre para descubrirlo, pero espero que sigan manteniendo el nivel y pueda colocarse entre mi top 10 de series favoritas.


viernes, 24 de junio de 2016

Crítica Expediente Warren: El Caso Enfield de James Wan




Ha llovido bastante desde que James Wan irrumpiese (de estupenda forma) en el panorama cinematográfico con Saw. Desde entonces, el cineasta malasio no ha dejado de ir haciéndose un hueco en el cine de terror, logrando tener en su haber una buena filmografía y una legión de fans que lo hacen situar como referente en este género.

En 2013, Wan decidió llevar sus historias de terror y suspense a un nuevo nivel con Expediente Warren. Una película que parecía no descubrirnos nada nuevo, pero que resultaba estar basado en hechos reales. Si ignorábamos esto último, la película no dejaba de ser un cóctel de varias temáticas del género de terror. Pero aún así, James Wan las supo utilizar e integrar tan bien a su historia que no descolocaban en ningún momento. Por no hablar de que todo ello estaba aderezado por la tenebrosa atmósfera y puesta en escena marca de la casa del director. Todo esto hizo que Expediente Warren se convirtiese en una de las mejores películas de terror de los últimos años. Dejando a todo el mundo a la espera de una continuación.

Esta segunda parte se hizo esperar un poco. Sobre todo debido al breve descansito que se tomó el señor Wan del cine de terror en el que se dedicó a dirigir Fast and Furious 7. Y mientras, tuvimos la desgracia de aguantar el insufrible (e innecesario) spin-off de Annabelle. Pero por fin ha llegado el momento de descubrir un nuevo caso del matrimonio de demonólogos Ed y Lorraine Warren. Y se trata de ni más ni menos que del poltergeist de Enfield. Un suceso que estuvo en boca de todo el mundo durante la década de los setenta y que aún a día de hoy sigue dando de qué hablar.




Como ya hizo en The Conjuring. Wan nos pone en situación con un prólogo en el que nos sitúa en medio de un caso de los Warren (además, uno que incluso tiene una saga cinematográfica, pero que ni llega a la altura de esos primeros minutos que dirige el malasio). Dejándonos claro el buen hacer del cineasta a la hora de sumergirnos en sus películas. Además, cuenta con el plus de que integra unos elementos que lleva utilizando (con menor éxito) en la saga Insidious.

Tras esta demencial introducción, comienza la verdadera trama de la película: las manifestaciones paranormales en una casa de los suburbios de Londres a la que los Warren acuden algo reticentes y aún afectados por su último caso.




Si en la primera parte teníamos una puesta en escena, ambientación y atmósfera de diez, esta secuela llega a mejorar todo eso. El cambio de aires se nota, ahora la fotografía es de apagados tonos azulados y los escenarios recrean la suciedad y penurias de esos barrios de clase obrera de la época Thatcher. 

Desde luego, Wan camina sobre seguro y no llega a alejarse mucho de lo que vimos en la primera parte de Expediente Warren. Haciendo que el espectador pueda tener la sensación de que estamos ante un remake/reboot (en mi caso vi esta película en un "maratón" que proyectaba antes la primera y dejaba bastante patente mi parecer). Aunque sabe distanciarse cuando tiene que hacerlo y mejora unos cuantos puntos, logrando una digna secuela que evita eso de "Segundas partes nunca fueron buenas". En cada espectador queda el si supera o no a su antecesora.




Por supuesto, El Caso Enfield no se libra de tener que cubrir el cupo de jumpscares y otros recursos que tanto han infestado las producciones de este género y que han hecho desvirtuar tanto el terror en el espectador actual. Pero en esta ocasión me alegra comprobar que son bastante contados, e incluso el director se divierte utilizándolos engañando al espectador y manteniendo el suspense de la escena en varias partes. Además de contar con dos escalofriantes momentos. Destacando el del sillón, que tranquilamente se pueden contar como lo más aterrador visto este año.

Patrick Wilson (Watchmen, Bone Tomahawk) y Vera Farmiga (Infiltrados, Bates Motel) vuelven a estar fabulosos como los Warren. Quienes ya de por sí son unos fantásticos personajes. Unos luchadores contra lo paranormal que no dejan de ser seres humanos a los que el enfrentarse contra esa clase de sucesos, los marca a nivel físico y. sobre todo, emocional. No es difícil implicarse con los Warren. Y más en esta película, en la que exploran más su faceta personal (aprovechando también un recurso argumental bastante flojo). 



El resto del reparto cumple con creces. Pero destacaría a la joven Madison Wolfe (Joy), que nos contagia el desasosiego por el que su personaje está pasando. Fácilmente puede asegurarse un próspero futuro cinematográfico.

Otra conocida seña de identidad del director es la creación de sus criaturas infernales o espectrales, a cada cual más grotesca e inquientante. En esta película nos enfrentamos a ni más ni a menos que a tres. Desde la senil presencia central, pasando por la grimosa monja (que ya tiene confirmada un spin-off para ella solita) y llegando a mi criatura favorita. Que por desgracia, y a pesar de contar con un actor (Javier Botet) que se presta a aprovechar de verdad su particular fisionomía. Vuelven a cometer el error de Mamá de pasarse con el CGI. Aún con todo, su primera aparición es para enmarcar. Sobre todo, gracias a que Wan ya nos estaba preparando con esos vistazos al estroboscopio y la inquietante cancioncilla.




La primera mitad del film es para no dejar de aplaudir. Pero a medida que avanza la película y el director se toma más y más licencias, llegamos a un giro argumental que encamina a El Caso Enfield a un decepcionante desenlace. Todo ello ensalzado aún más con un tono bastante alegre e incluso ñoño, en contraposición a lo que llevamos viendo.

La BSO de Joseph Bishara mantiene el nivel de la anterior entrega (e incluso diría que la supera), acrecentando aún más si cabe la malsana e inquietante atmósfera.

Aunque se nota que la fórmula comienza a trillarse. Wan se las ingenia para mantener el listón y regalar a los aficionados del cine de terror un muy aceptable rato de sustos y secuencias mal rolleras con el sello de calidad del autor. Está claro que si te gustó el primer Expediente Warren, esta también lo hará (en mayor o menor medida). Además de que incluso llega a conectar con el universo Insidious, dando aún más sensación de que ambas sagas conviven en un mismo universo.

Ahora que actualmente está en pleno rodaje de Aquaman y su próximo proyecto será la adaptación del anime Robotech. Toca volver a esperar a que James Wan regrese al terror. Y con qué lo hará: ¿Un tercer Expediente Warren o algo completamente nuevo?




Lo Mejor: Su primera mitad es toda una delicia. Wan sigue siendo uno de los mejores cineastas del cine de terror actual.

Lo Peor: Se repite la fórmula con las consecuencias que conlleva. Una recta final decepcionante y exceso de ñoñería.



lunes, 20 de junio de 2016

Entrevista a Marta Junquera


"No tenemos cultura de relato y es una pena, porque hay historias realmente buenas ahí fuera."

Damos la bienvenida a Castle Rock Asylum a Marta Junquera. Escritora que acaba de hacer su debut en solitario con "Vienen a por ti" con la joven editorial Cazador de Ratas:



-Háblanos de Marta Junquera y de dónde salieron sus ganas de escribir.

- Pues nací en Madrid hace ya unos cuantos años, aunque toda mi familia procede de Zamora… Creo que no queréis que me remonte tan lejos, pero sí que os diré que siempre he sido una persona muy curiosa, y eso fue lo que me llevó a preguntar por todo lo que veía. Vamos, la versión 2.0 de la etapa “¿y por qué?” que tienen todos los críos. Así aprendí a leer sola, y he sido y soy lectora antes que escritora. La pasión por escribir surgió hace relativamente poco, si comparo mi historia con la mayoría de la gente, que suele empezar a escribir en la infancia o en la adolescencia. Por esa época yo dibujaba cómics.
En 2010, una amiga que formaba parte de un blog literario decidió picarme para que escribiera un microrrelato para un concurso. No gané, ni mucho menos, pero después de ese vino otro, y luego otro, y así hasta hoy.

-¿Qué necesita Marta Junquera a la hora de escribir?

- Tiempo y despejar la mente para poder concentrarme. Tiempo porque siempre ando de viaje y liada hasta horas intempestivas. El poco rato que puedo dedicar a escribir, muchas veces no es productivo porque acaban llenando mi cabeza otros temas y me cuesta hacer el proceso de “vacío” para poder concentrarme en la escritura. Ahora bien, si me concentro, agarro a la musa por el pescuezo y no se escapa.

-¿Qué autores y obras te han influido más?

- He leído tanto y tan variado que creo que todo ha dejado un poso en mí. Te puedo hablar de autores y obras tan dispares como clásicos de la literatura española, de tratados de mitología griega, best sellers nacionales y extranjeros… En terror, es obvio que autores contemporáneos como Koontz y, sobre todo, Stephen King, llenan mi biblioteca. Pero te puedo decir que entre mis favoritos están autores como Noah Gordon, Umberto Eco, Tolkien, Ende y muchos más. Son tantos que no podría nombrarlos. En cuanto a los nacionales, adoro a Delibes, por ejemplo, me gusta mucho Reverte y, gracias a entrar en este mundillo, he podido descubrir a muchísimos compañeros que merecen ser reconocidos. 

-Tu obra está dominada por los relatos. ¿Qué crees que es lo mejor (y lo peor) de este formato?

-Lo mejor, sin duda, es que son una buenísima escuela para escribir, si te lo tomas en serio y tienes altas dosis de autocrítica. Ceñirte a una determinada extensión y ser capaz de transmitir una historia circunscribiéndote a unas determinadas normas, además de sorprender al lector, tiene bastante mérito. Lo peor de este formato es que, a diferencia de otros países, no está reconocido. No tenemos cultura de relato y es una pena, porque hay historias realmente buenas ahí fuera. 

-¿Qué opinas de la autoedición y el panorama literario actual?

- La autoedición me parece un sistema de publicar tan válido como cualquier otro, siempre que se haga con unos parámetros de calidad. Tengo amigos que han salido de la autoedición y, tras su éxito, han pasado a edición tradicional, y conozco justo el caso contrario: escritores que han publicado en editoriales tradicionales y ahora han optado por seguir su camino con la autoedición. El único problema que veo con la autoedición es que a veces es complicado separar el grano de la paja, pero pienso que el que es bueno, acabará funcionando.
El panorama literario actual está difícil. Hay mucha oferta, poca demanda, aunque afortunadamente existen editoriales que apuestan por dar a conocer a nuevos autores. Y, como esto no deja de ser una pasión, no puedes evitar seguir escribiendo. Esta es una carrera de largo recorrido, y el pavimento lo deben formar tesón, constancia y paciencia.

-"Vienen a por ti" es tu primera antología en solitario. ¿Qué clase de historias nos encontraremos en sus páginas?

-La recopilación está formada por quince historias, todas de terror menos la última, que es más ciencia-ficción; decidí incluirla porque fue el relato ganador de la pasada Cificon celebrada en La Coruña y no estaba accesible en ningún sitio. Los relatos abarcan diferentes temáticas, desde miedo causado por elementos sobrenaturales, hasta el terror que pueden provocar los psicópatas. Por las opiniones que ya me están llegando, creo que es un libro que engancha y en el que te ves atrapado por sus historias. 



- El título "Vienen a por ti" nos remite a la famosa frase de la legendaria La Noche de los Muertos Vivientes de George. A. Romero. ¿Nos encontraremos con algún guiño o más homenajes a películas imprescindibles del cine de terror?

-No de forma consciente, aunque es posible que inconscientemente haya historias que puedan recordar a otras obras pasadas, tanto literarias como cinematográficas. De hecho, el título “Vienen a por ti” ya de por sí es un homenaje, ¿no te parece?

-¿Cómo ha sido el trato de la editorial Cazador de Ratas? ¿Le auguras un próspero futuro editorial?

- El trato con Cazador de Ratas ha sido, para empezar, fácil. Esto, aunque pueda parecer algo simple, es muy importante. Es fácil trabajar con ellos, nos entendemos bien, y son muy conocedores del mundo editorial y todo lo que le rodea. Muy profesionales y cercanos. Creo que saben lo que quieren y van a llegar lejos.




-¿Qué le puedes decir a todo aquel que está pensando en probar suerte enviando su manuscrito a las editoriales?

- Primero, que lea. Luego, que vuelva a leer, y después, que siga leyendo. Que escriba con altas dosis de humildad y autocrítica, y que se rodee de buenos lectores cero. Que nunca deje de leer, aunque sea en el proceso de escritura. Que acepte consejos, críticas constructivas y correcciones, eso es un tesoro. Y después, que pruebe suerte. ¿He mencionado ya que debe leer?

-¿Crees que el género de terror y las antologías seguirán estando muy presentes en nuestra literatura?

- Considero que ahora hay un repunte del género de terror, si bien siempre ha sido algo muy de “nicho”. Por mi parte, me dan un poco igual los convencionalismos, escribo sobre lo que me apetece y lo cuento de la manera que lo quiero contar. Por ejemplo, la novela en la que estoy trabajando es un thriller, pero es que la historia así lo pide, y no pasa nada. En cuanto a las antologías, ahora mismo no te sé decir. Creo que las de varios autores en estos momentos lo están teniendo más complicado. Por mi parte, estoy encantada con la acogida que está teniendo “Vienen a por ti”, hasta el punto de que no lleva ni un mes en la calle y ya va a salir una nueva reimpresión.

-¿Qué criatura del género de terror te aterra más y por qué?

-Me aterran los fantasmas y me atraen los vampiros. Los fantasmas por esa frontera difusa entre este mundo y el más allá; el temor a lo desconocido, supongo. Los vampiros (los clásicos, obviamente) me atraen por la elegancia que desprenden, la falta de escrúpulos, y que no dejan de ser unos cameladores.

-Nos gustaría saber la última película/serie que has visto, el último libro/cómic que has leído y la última canción o álbum que has escuchado y tu opinión.

- En serie, estoy tratando de seguir al día Juego de Tronos (para evitar comerme los spoilers que aparecen en internet), y en el cine, la última película que he visto ha sido Civil War. De la serie soy muy fan, y la peli me encantó. El último libro: no puedo hablar de él porque todavía no está publicado, jajajaja. En cuanto a música, suelo escuchar muchos temas que tienen unos cuantos años. Plataformas como Spotify ayudan un montón en este sentido. Sí te puedo decir que mi más reciente descubrimiento ha sido Bruce Springsteen. Conozco sus canciones de toda la vida y, a través de una apuesta con unos amigos (“no eres fan del Boss porque no le has visto en directo”), estuve en su último concierto. Fui con escepticismo y perdí la apuesta. Increíble. 

-Por último, si Marta Junquera no fuese escritora, ¿a qué se dedicaría?

-Esta es una pregunta muy difícil, pero creo que haría algo creativo. Me encantaría saber dibujar o pintar bien, y también tocar la guitarra, la batería, el violín o el piano, todo bastante dispar como podéis ver.

-Te damos las gracias por participar en esta entrevista. Te deseamos mucha suerte con Vienen a por ti, y estaremos atentos a tu próxima publicación.


- Muchísimas gracias a vosotros, ¡ha sido un placer! 


Enlace para la página de la autora con la que estaréis al tanto de lo que ha publicado como lo que publicará Marta.



lunes, 13 de junio de 2016

Entrevista a Leandro Pinto




Conocido como “El Disparaletras”, Leandro Pinto es un escritor argentino que desde hace un tiempo vive afincado en Gran Canaria y, si queréis seguir leyendo su biografía, buscadlo en su blog: El Disparaletras.
Ahora, empecemos...

Bienvenido y gracias por aceptar esta entrevista para Castle Rock Asylum, espero que tu estancia aquí sea todo menos agradable…

Primero, para aquellos que no estén familiarizados contigo y con tu literatura, preséntate según tus reglas, con los adjetivos que creas necesario y con total libertad.

Mi literatura y yo somos casi una misma cosa, así que no hay mejor forma de conocerme que acercándose a ella. Me gustan los rincones umbríos, las sombras espesas, los gritos en la oscuridad y los aleteos ansiosos y crepitantes de las mentes enfermas, así que todo aquello que pulula y se arrastra en estos parajes bien puedes encontrarlo entre mis páginas y, por tanto, también puede formar parte de mí. La vida a través de las palabras; el lado oscuro de la existencia a través de la escritura.

Y ahora, empezamos con la locura…

Ya has dejado claro en otras entrevistas que escribes porque necesitas escribir, es una necesidad “primitiva”. Pero, ¿qué sientes cuando pones punto y final a una obra?

Siempre tiendo a decir que no hay emoción más incontenible y genuina que la de comenzar una obra, pero es cierto que hay una que la supera: la que surge al terminarla. El problema es que el final de una novela no se produce, según mi método de trabajo, en un momento concreto. Hay un punto y final, es verdad, pero en ese momento también convive conmigo la certeza de que aún queda muchísimo trabajo por delante: posibles reescrituras del manuscrito, reestructuraciones más o menos profusas e innumerables procesos de corrección. En realidad, y a efectos prácticos, una obra nunca se termina; simplemente, y cuando ya no das más de ti mismo, acabas por abandonarla, dejándola lo mejor que buenamente puedes. Pero en la mayoría de los casos se mezclan dos sensaciones ambiguas: el vacío por abandonar un territorio donde has transcurrido mucho tiempo, por un lado, y las ansias por encontrar un nuevo destino, por otro.

Destacas que un buen “embrión de historia” puede aparecer en cualquier momento, siendo la imaginación el arma más eficaz para convertir una anécdota banal en un argumento complejo, ¿cuáles son o han sido, sin embargo, los embriones de historias más sorprendentes, que quizá te hayan dejado boquiabierto incluso a ti respecto a qué te inspiró y su resultado final?

Hay anécdotas más o menos reseñables tras la génesis de cada relato o novela que he escrito, pero creo que la más destacada tiene que ver con la experiencia de encontrar un sosia. Creo que este es uno de los temores más antiguos y primitivos del ser humano; esta idea de una duplicidad espontánea, de la posibilidad demencial y desquiciante de que nuestro doble está por ahí, en algún lugar. La literatura lo ha reflejado en multitud de obras, muchas de ellas auténticas piezas maestras (El hombre duplicado, de José Saramago, por ejemplo, o el clásico por antonomasia: “William Wilson”, el incomparable relato de Edgar Allan Poe). Esa fue, creo, la experiencia más fuerte en la que pude inspirarme a la hora de conseguir el embrión para una historia: la vislumbre fugaz, tan efímera como un suspiro, de lo que me pareció que era mi doble exacto. Esto inspiró un relato llamado “El otro”, que resultó una de las experiencias de escritura más plenas que he tenido. El relato, he de aclararlo, aún no ha sido publicado.

Admites también en algunas entrevistas que los sueños te han dado material en el que inspirarte, ¿las pesadillas están incluidas? ¿Cuál es tu mayor miedo, sea onírico o real?

Cuando uno piensa en los miedos que aquejan su vida siempre tiende a dotar a esas conjeturas de un aire ficticio, digamos cercano a las realidades ilusorias con las que trabaja día a día. En realidad, esos miedos también son ilusorios, y nada tienen que ver con los auténticos terrores que aquejan la vida diaria de cada uno (ya sabes, esos miedos que uno ni siquiera quiere nombrar: accidentes, muertes de seres queridos, enfermedades terminales, etcétera). Bajo estas condiciones, y dejando de lado estos picos inalcanzables de pavor, se podría elaborar un muy nutrido catálogo de miedos ficticios que mencionar en entrevistas o conversaciones distendidas. Entre ellos ­(y es uno que ha poblado, respondiendo a tu pregunta, muchas de mis aventuras del subconsciente) se encuentra ese miedo atávico a la soledad más descarnada, a esa posibilidad, explotada también en multitud de novelas, relatos y películas, de encontrarse absolutamente solo en el mundo. Y no hablo, desde luego, del archiconocido “último superviviente” de un cataclismo nuclear, sino de ese ser que se queda solo en el mundo y que (y he aquí lo más terrorífico) no conoce el motivo de su soledad. Otro de esos miedos ilusorios que resulta más frecuente entre mis pesadillas es el de descubrir que alguna persona muy cercana en realidad lleva muerta muchos años, y que de alguna manera solo nosotros tenemos acceso a su persona. El descubrimiento de este secreto pavoroso me ha hecho despertar cubierto de sudor un par de veces.

¿Hay algún aspecto acerca de las grandes editoriales en España que te desagrade, como por ejemplo, que un libro de una “celebridad de la prensa rosa” (por decirlo así) sea más publicitado y comprado que un libro de una celebridad de la literatura?

Si te soy sincero, no suelo rasgarme las vestiduras por el éxito que estos personajillos consiguen a través de sus libros. Lamentarme por ello sería admitir que lo que realmente me importa de este oficio es la recompensa pecuniaria, y nada más lejos de la realidad. Lo que más me gusta de escribir es escribir, ya lo he dicho muchas veces. La publicación, la promoción y todo lo demás son elementos accesorios, periféricos, a los que uno dedica cierta cantidad de energía por el mero interés de que sus obras lleguen a la gente. El éxito que puedan tener estos autores (permite que los llame así, para no salirme de lo políticamente correcto) no me afecta de ninguna manera, y no me impide (y esto es lo más importante) escribir lo que me dé la gana. Por supuesto que soy consciente de que este tipo de fenómenos no hacen sino acrecentar el malestar de la cultura, pero esto lo viene diciendo Ortega y Gasset desde 1925, así que no es nada nuevo. ¿Que si me parece ruin y mezquina la actitud de estas grandes editoriales? Desde luego, pero no hay el menor factor de decepción, ya que no hubo antes ni una pizca de expectativa respecto a su actitud hacia la salud de la cultura general. Son empresas multinacionales, apéndices y extremidades de un sistema mercantilista ridículo, diría que grotesco bajo ciertos prismas; en consecuencia, sus estrategias editoriales se ajustan a las exigencias de ese sistema. Pero la respuesta es que no: no existe ningún aspecto de las grandes editoriales de España que me desagrade, mayormente porque sus estrategias comerciales y casi el 90% de sus catálogos me son del todo indiferentes.

Hay dos preguntas respecto a tu blog, El Disparaletras, que deseo hacerte: ¿de dónde proviene ese apodo (a quién se le ocurrió, cuándo…)? ¿Y por qué el uso de la segunda persona del singular para dirigirte a tus lectores (alguien te lo aconsejó, te gustó…)?

Lo de “Disparaletras” me lo soltó un amigo una vez, en la época (no muy lejana) en la que redactaba mis manuscritos a máquina de escribir, cosa que acerca más la acción de “disparar” caracteres sobre un papel que a través de un procesador de textos. Me gustó aquello; era, y sigue siendo, la actividad a la que más me dedico durante el día, y el verbo se había hecho estilo de vida. Así que nos pareció un nombre pintoresco y pegadizo para el blog, el día que lo abrimos. Parece que gustó bastante, y ahí se quedó. En cuanto a la segunda persona del singular, me gustó adoptarla porque sentí que de esta manera los textos que colgaba en el blog se hacían un poco más cercanos al lector, como si estuviéramos hablando solo él/ella y yo, en algo parecido a una confidencia.

Si ahora mismo algún demonio te obligara a vivir en alguna de tus obras, ¿cuál te parece la mejor opción y cuál la peor para experimentarla contigo como protagonista?

Casi ninguno de mis personajes (al menos los principales) lo pasa demasiado bien en mis novelas. Créeme. He hecho un ligero repaso mental ahora, mientras intento responderte. Algunos secundarios tienen, eso sí, sus buenos momentos, aunque no muchos. Tomás Hornos, el protagonista de Remanso de paz, siempre ha sido, en todo caso, una de mis debilidades. Hay algunos aspectos de su existencia que sí los quisiera para mi propia vida, como el aislamiento y la posibilidad de una entrega casi exclusiva a la tarea literaria; lo del aplanamiento afectivo y la crueldad innata de su espíritu no me va tanto, desde luego, pero intentaría darle unos retoques a su vida para convertirla en lo que bien podía haber sido: un auténtico paraíso. En cuanto a la peor experiencia, estoy dudando entre dos: las peripecias de Javier Schultz, el protagonista de Veneno de escorpión, o la infausta desventura de Tito Balbuena, el prota de un relato llamado “Sin anestesia”, incluido en mi colección Un puñado de sombras.

¿Cuáles son esas canciones que te inspiran o te llevan a desear disparar letras como un enajenado mental?

Últimamente he vuelto a caer en la fiebre de la música clásica, que desde hace años vengo escuchando y conociendo profusamente. Como sabrás, en este tipo de música no hay “canciones”, sino más bien “piezas”, “obras” o “movimientos”. Cualquier obra de mis músicos clásicos favoritos me vale para escribir y me inspira: Beethoven, Mozart, Vivaldi, Schubert, Haydn, Brahms o, mi favorito de siempre, Johann Sebastian Bach. Sinfonías, conciertos, sonatas, motetes, óperas, lieder, conjuntos de cuerda… Lo que sea. El repertorio de música clásica es tan vasto que creo que podría escribir toda la vida con esta ambientación musical sin repetir pieza. Pero está claro que tengo mis favoritas: las “Danzas húngaras” de Brahms; los conciertos para piano de Mozart; las sinfonías de Beethoven y Schubert; la música sacra de Bach o sus “Conciertos de Brandeburgo”. Mucho. De todo.

Finalmente, gracias por haber respondido a estas abominaciones y espero que desees volver pronto -porque lo harás-. Te dejo unas cuantas líneas para que te despidas con algún detalle poco conocido sobre ti, una canción, una cita, un epitafio...

No creáis, por favor, que tras un relato macabro, una novela de horror o una narración oscura solo se esconde la ponzoña de dudoso gusto, el chapoteo en la sangre deleznable o la estulticia del pavor gratuito. Los fantasmas existen: somos nosotros mismos. El Mal, bien tratado y procesado, puede alcanzar las cotas más altas de belleza. Y, como dicen que dijo Sócrates: la belleza es difícil.