miércoles, 15 de enero de 2020

Entrevista a Alexis Falkas, escritor



Chica Sombra y yo nos unimos hoy de nuevo para entrevistar a un autor casi tan macabro como nosotras. Se trata de Alexis Falkas, que acude a nuestro examen particular para ver si pasa los límites de la cordura...

Antes de nada, darte la bienvenida a Castle Rock Asylum y Chica Sombra. Pasa, pasa, que te vas a enterar... Confiesa, ¿en qué estado mental te encuentras ahora mismo?

Es difícil pensar colgado cabeza abajo.
¿De verdad son necesarias tantas medidas de seguridad? 
Da igual, en realidad estoy bastante cómodo. Es sencillo:
Me encuentro entre la equidistancia inmediata y la oclusión total, la remanencia del temprano despertar tras dormir sobre un lecho de sables sin dientes. Con el ser leve, pero soportable, alterado, convulso, enredado en pleno vuelo.
Estrellado, pero no revuelto.  
Confuso, pero aún con pulso. 
Resuelto y amordazado, con los brazos hundidos entre nubes de algodón sin azúcar, navegando a la deriva. 
Desarmado, desalmado. Sin alas, pero embalado, hasta perder el sentido, o encontrar un solo resquicio de lo que he sido. Sintiendo; esto y lo otro, que ya es algo.
A veces crecer, a veces menguar. 
Gatito o jaguar, un lobo blanco perdido en el manglar.
Asintiendo satisfecho por cada segundo que muero, que vivo entre esquinas romas, de caminos perdidos que llevan a cuenca. Hilado entre carcajadas las penas, como una hiena. Solo y acompañado, demente sin causa, cuerdo y colgado del arco, hidalgo sin flechas. 
Perdido en un salto de fechas, insensible al tiempo. 
Bailando en el borde de un precipicio muy alto.
Mi mente es azul prístino. Cobalto; casi roja.
Creo que lo he dejado bastante claro.


Tu nueva novela, El vals de los agujeros negros, se promociona con la siguiente frase: "Faltan dos minutos para la medianoche". ¿Qué sueles estar haciendo tú a esa hora?

Me levanto dormido, despierto entre sueños y rompo a escribir algunas líneas torcidas.
Aterrado. 
Con las manecillas del reloj sin cuerda sobre mi pecho; incapaz de discernir qué ocurrirá dentro de dos minutos. 
Mientras contemplo el péndulo caer me entretengo aullando a la luna.


¿Crees, como dice el refrán, que de noche todos los gatos son pardos?

No son gatos, son lechugas. 
No pongáis esas caras. Lo digo enserio.
Todo es como una lechuga, incluso el arte. Me lo enseñó un amigo de pensamiento abstracto. Puede que tenga razón, o que aliñe neuronas en una vinagreta vegana. No tiene importancia.
En mi barrio por las noches solo corretean las ratas, que comieron los gatos tras aquel último acto de revolución de plata.


Entre los diferentes escenarios de tu novela, encontramos un hospital psiquiátrico y un oscuro bosque. Debes sentirte como en casa aquí, con nosotras...

Mientras no me desatéis estáis completamente a salvo. 
La última sesión electroconvulsiva fue completamente innecesaria.
Creo que estoy curado. 
Soy prácticamente inofensivo.


Sabemos que eres un escritor que, a veces, necesita aislarse de todo. ¿Parte de culpa la tiene la absenta que te tomaste con tu primera novela?

Nadie escapa del fondo de esa botella. 
Pero no estoy solo, estáis aquí conmigo. Y estáis siendo muy amables.
Al menos habéis tenido la consideración de sedarme antes de amputarme la pierna.
Apenas me duele.



Los lugares más tenebrosos parecen atraerte mucho, ¿qué tienen en común que no puedes escapar de ellos?

Que no tienen puerta.


Pregunta obligada: ¿Qué novela y/o película te ha hecho tener pesadillas?

Es complicado responder a eso mientras sonríes de forma extraña y balanceas un bisturí de acero quirúrgico frente a mi cara. 
Freddy Krueger era mi debilidad de pequeño y “A sangre fría”, de Capote fue, probablemente, la novela que más me impactó en su día.


¿Crees que el terror es una vía de escape a la cruda realidad actual?

La realidad es mucho más terrorífica que cualquier ficción. 
Existe.
Llevar el terror a la ficción es una manera de asimilarlo. Contemplar una caricatura de las partes más oscuras de la existencia. Pertenecer a un universo tan grande siendo tan pequeño, el resto es tomar la pastilla roja. 


Después de El vals de los agujeros negros, ¿qué otros proyectos tienes entre manos?

No estoy seguro de poder escapar de aquí con vida.
Si lo consigo tengo que terminar el primer volumen de una trilogía con una trama tan intrincada que me desborda.  Llevo seiscientas páginas y aún desconozco el resultado final, únicamente adivino que es la obra más ambiciosa que me he propuesto hasta el momento.
Mientras tanto voy entrelazando relatos y escribiendo otros para confeccionar una antología de historias enmarcadas. Colaboro aquí y allá, como en MoonMagazine y Tentacle Pulp.
Alguna charla, alguna ponencia. 
Alguna botella de absenta.
No me juzguéis, soy prácticamente abstemio.


Para terminar, darte mil veces las gracias y hacerte una última pregunta: ¿eres feliz?

En mi cabeza siempre es navidad.
Si no tenéis más preguntas me vais a permitir que me libere de estas ataduras.
Me siento completamente liberado. Me habéis quitado un peso de encima.
Seguro que todos los órganos que me habéis extirpado son prácticamente innecesarios para continuar con vida.
¿Tamara? ¿Rain? ¿Dónde estáis?
¿No queda nadie en mi cabeza?
No hay nadie. La habitación está vacía.
Siempre lo estuvo.





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