Castle Rock Asylum

Bienvenidos a la locura.

El terror en la mochila: Mansión Winchester (California)

Por Chica Sombra.

Al otro lado de la puerta, de Johannes Roberts

Crítica por Rain Cross.

Kong: La Isla Calavera de Jordan Vogt-Roberts

Crítica por Rubén "Reaper" GonzáleZ.

Colabora

Colabora con nosotros.

viernes, 24 de junio de 2016

Crítica Expediente Warren: El Caso Enfield de James Wan




Ha llovido bastante desde que James Wan irrumpiese (de estupenda forma) en el panorama cinematográfico con Saw. Desde entonces, el cineasta malasio no ha dejado de ir haciéndose un hueco en el cine de terror, logrando tener en su haber una buena filmografía y una legión de fans que lo hacen situar como referente en este género.

En 2013, Wan decidió llevar sus historias de terror y suspense a un nuevo nivel con Expediente Warren. Una película que parecía no descubrirnos nada nuevo, pero que resultaba estar basado en hechos reales. Si ignorábamos esto último, la película no dejaba de ser un cóctel de varias temáticas del género de terror. Pero aún así, James Wan las supo utilizar e integrar tan bien a su historia que no descolocaban en ningún momento. Por no hablar de que todo ello estaba aderezado por la tenebrosa atmósfera y puesta en escena marca de la casa del director. Todo esto hizo que Expediente Warren se convirtiese en una de las mejores películas de terror de los últimos años. Dejando a todo el mundo a la espera de una continuación.

Esta segunda parte se hizo esperar un poco. Sobre todo debido al breve descansito que se tomó el señor Wan del cine de terror en el que se dedicó a dirigir Fast and Furious 7. Y mientras, tuvimos la desgracia de aguantar el insufrible (e innecesario) spin-off de Annabelle. Pero por fin ha llegado el momento de descubrir un nuevo caso del matrimonio de demonólogos Ed y Lorraine Warren. Y se trata de ni más ni menos que del poltergeist de Enfield. Un suceso que estuvo en boca de todo el mundo durante la década de los setenta y que aún a día de hoy sigue dando de qué hablar.




Como ya hizo en The Conjuring. Wan nos pone en situación con un prólogo en el que nos sitúa en medio de un caso de los Warren (además, uno que incluso tiene una saga cinematográfica, pero que ni llega a la altura de esos primeros minutos que dirige el malasio). Dejándonos claro el buen hacer del cineasta a la hora de sumergirnos en sus películas. Además, cuenta con el plus de que integra unos elementos que lleva utilizando (con menor éxito) en la saga Insidious.

Tras esta demencial introducción, comienza la verdadera trama de la película: las manifestaciones paranormales en una casa de los suburbios de Londres a la que los Warren acuden algo reticentes y aún afectados por su último caso.




Si en la primera parte teníamos una puesta en escena, ambientación y atmósfera de diez, esta secuela llega a mejorar todo eso. El cambio de aires se nota, ahora la fotografía es de apagados tonos azulados y los escenarios recrean la suciedad y penurias de esos barrios de clase obrera de la época Thatcher

Desde luego, Wan camina sobre seguro y no llega a alejarse mucho de lo que vimos en la primera parte de Expediente Warren. Haciendo que el espectador pueda tener la sensación de que estamos ante un remake/reboot (en mi caso vi esta película en un "maratón" que proyectaba antes la primera y dejaba bastante patente mi parecer). Aunque sabe distanciarse cuando tiene que hacerlo y mejora unos cuantos puntos, logrando una digna secuela que evita eso de "Segundas partes nunca fueron buenas". En cada espectador queda el si supera o no a su antecesora.




Por supuesto, El Caso Enfield no se libra de tener que cubrir el cupo de jumpscares y otros recursos que tanto han infestado las producciones de este género y que han hecho desvirtuar tanto el terror en el espectador actual. Pero en esta ocasión me alegra comprobar que son bastante contados, e incluso el director se divierte utilizándolos engañando al espectador y manteniendo el suspense de la escena en varias partes. Además de contar con dos escalofriantes momentos. Destacando el del sillón, que tranquilamente se pueden contar como lo más aterrador visto este año.

Patrick Wilson (Watchmen, Bone Tomahawk) y Vera Farmiga (Infiltrados, Bates Motel) vuelven a estar fabulosos como los Warren. Quienes ya de por sí son unos fantásticos personajes. Unos luchadores contra lo paranormal que no dejan de ser seres humanos a los que el enfrentarse contra esa clase de sucesos, los marca a nivel físico y. sobre todo, emocional. No es difícil implicarse con los Warren. Y más en esta película, en la que exploran más su faceta personal (aprovechando también un recurso argumental bastante flojo). 



El resto del reparto cumple con creces. Pero destacaría a la joven Madison Wolfe (Joy), que nos contagia el desasosiego por el que su personaje está pasando. Fácilmente puede asegurarse un próspero futuro cinematográfico.

Otra conocida seña de identidad del director es la creación de sus criaturas infernales o espectrales, a cada cual más grotesca e inquientante. En esta película nos enfrentamos a ni más ni a menos que a tres. Desde la senil presencia central, pasando por la grimosa monja (que ya tiene confirmada un spin-off para ella solita) y llegando a mi criatura favorita. Que por desgracia, y a pesar de contar con un actor (Javier Botet) que se presta a aprovechar de verdad su particular fisionomía. Vuelven a cometer el error de Mamá de pasarse con el CGI. Aún con todo, su primera aparición es para enmarcar. Sobre todo, gracias a que Wan ya nos estaba preparando con esos vistazos al estroboscopio y la inquietante cancioncilla.




La primera mitad del film es para no dejar de aplaudir. Pero a medida que avanza la película y el director se toma más y más licencias, llegamos a un giro argumental que encamina a El Caso Enfield a un decepcionante desenlace. Todo ello ensalzado aún más con un tono bastante alegre e incluso ñoño, en contraposición a lo que llevamos viendo.

La BSO de Joseph Bishara mantiene el nivel de la anterior entrega (e incluso diría que la supera), acrecentando aún más si cabe la malsana e inquietante atmósfera.

Aunque se nota que la fórmula comienza a trillarse. Wan se las ingenia para mantener el listón y regalar a los aficionados del cine de terror un muy aceptable rato de sustos y secuencias mal rolleras con el sello de calidad del autor. Está claro que si te gustó el primer Expediente Warren, esta también lo hará (en mayor o menor medida). Además de que incluso llega a conectar con el universo Insidious, dando aún más sensación de que ambas sagas conviven en un mismo universo.

Ahora que actualmente está en pleno rodaje de Aquaman y su próximo proyecto será la adaptación del anime Robotech. Toca volver a esperar a que James Wan regrese al terror. Y con qué lo hará: ¿Un tercer Expediente Warren o algo completamente nuevo?




Lo Mejor: Su primera mitad es toda una delicia. Wan sigue siendo uno de los mejores cineastas del cine de terror actual.

Lo Peor: Se repite la fórmula con las consecuencias que conlleva. Una recta final decepcionante y exceso de ñoñería.



lunes, 20 de junio de 2016

Entrevista a Marta Junquera


"No tenemos cultura de relato y es una pena, porque hay historias realmente buenas ahí fuera."

Damos la bienvenida a Castle Rock Asylum a Marta Junquera. Escritora que acaba de hacer su debut en solitario con "Vienen a por ti" con la joven editorial Cazador de Ratas:



-Háblanos de Marta Junquera y de dónde salieron sus ganas de escribir.

- Pues nací en Madrid hace ya unos cuantos años, aunque toda mi familia procede de Zamora… Creo que no queréis que me remonte tan lejos, pero sí que os diré que siempre he sido una persona muy curiosa, y eso fue lo que me llevó a preguntar por todo lo que veía. Vamos, la versión 2.0 de la etapa “¿y por qué?” que tienen todos los críos. Así aprendí a leer sola, y he sido y soy lectora antes que escritora. La pasión por escribir surgió hace relativamente poco, si comparo mi historia con la mayoría de la gente, que suele empezar a escribir en la infancia o en la adolescencia. Por esa época yo dibujaba cómics.
En 2010, una amiga que formaba parte de un blog literario decidió picarme para que escribiera un microrrelato para un concurso. No gané, ni mucho menos, pero después de ese vino otro, y luego otro, y así hasta hoy.

-¿Qué necesita Marta Junquera a la hora de escribir?

- Tiempo y despejar la mente para poder concentrarme. Tiempo porque siempre ando de viaje y liada hasta horas intempestivas. El poco rato que puedo dedicar a escribir, muchas veces no es productivo porque acaban llenando mi cabeza otros temas y me cuesta hacer el proceso de “vacío” para poder concentrarme en la escritura. Ahora bien, si me concentro, agarro a la musa por el pescuezo y no se escapa.

-¿Qué autores y obras te han influido más?

- He leído tanto y tan variado que creo que todo ha dejado un poso en mí. Te puedo hablar de autores y obras tan dispares como clásicos de la literatura española, de tratados de mitología griega, best sellers nacionales y extranjeros… En terror, es obvio que autores contemporáneos como Koontz y, sobre todo, Stephen King, llenan mi biblioteca. Pero te puedo decir que entre mis favoritos están autores como Noah Gordon, Umberto Eco, Tolkien, Ende y muchos más. Son tantos que no podría nombrarlos. En cuanto a los nacionales, adoro a Delibes, por ejemplo, me gusta mucho Reverte y, gracias a entrar en este mundillo, he podido descubrir a muchísimos compañeros que merecen ser reconocidos. 

-Tu obra está dominada por los relatos. ¿Qué crees que es lo mejor (y lo peor) de este formato?

-Lo mejor, sin duda, es que son una buenísima escuela para escribir, si te lo tomas en serio y tienes altas dosis de autocrítica. Ceñirte a una determinada extensión y ser capaz de transmitir una historia circunscribiéndote a unas determinadas normas, además de sorprender al lector, tiene bastante mérito. Lo peor de este formato es que, a diferencia de otros países, no está reconocido. No tenemos cultura de relato y es una pena, porque hay historias realmente buenas ahí fuera. 

-¿Qué opinas de la autoedición y el panorama literario actual?

- La autoedición me parece un sistema de publicar tan válido como cualquier otro, siempre que se haga con unos parámetros de calidad. Tengo amigos que han salido de la autoedición y, tras su éxito, han pasado a edición tradicional, y conozco justo el caso contrario: escritores que han publicado en editoriales tradicionales y ahora han optado por seguir su camino con la autoedición. El único problema que veo con la autoedición es que a veces es complicado separar el grano de la paja, pero pienso que el que es bueno, acabará funcionando.
El panorama literario actual está difícil. Hay mucha oferta, poca demanda, aunque afortunadamente existen editoriales que apuestan por dar a conocer a nuevos autores. Y, como esto no deja de ser una pasión, no puedes evitar seguir escribiendo. Esta es una carrera de largo recorrido, y el pavimento lo deben formar tesón, constancia y paciencia.

-"Vienen a por ti" es tu primera antología en solitario. ¿Qué clase de historias nos encontraremos en sus páginas?

-La recopilación está formada por quince historias, todas de terror menos la última, que es más ciencia-ficción; decidí incluirla porque fue el relato ganador de la pasada Cificon celebrada en La Coruña y no estaba accesible en ningún sitio. Los relatos abarcan diferentes temáticas, desde miedo causado por elementos sobrenaturales, hasta el terror que pueden provocar los psicópatas. Por las opiniones que ya me están llegando, creo que es un libro que engancha y en el que te ves atrapado por sus historias. 



- El título "Vienen a por ti" nos remite a la famosa frase de la legendaria La Noche de los Muertos Vivientes de George. A. Romero. ¿Nos encontraremos con algún guiño o más homenajes a películas imprescindibles del cine de terror?

-No de forma consciente, aunque es posible que inconscientemente haya historias que puedan recordar a otras obras pasadas, tanto literarias como cinematográficas. De hecho, el título “Vienen a por ti” ya de por sí es un homenaje, ¿no te parece?

-¿Cómo ha sido el trato de la editorial Cazador de Ratas? ¿Le auguras un próspero futuro editorial?

- El trato con Cazador de Ratas ha sido, para empezar, fácil. Esto, aunque pueda parecer algo simple, es muy importante. Es fácil trabajar con ellos, nos entendemos bien, y son muy conocedores del mundo editorial y todo lo que le rodea. Muy profesionales y cercanos. Creo que saben lo que quieren y van a llegar lejos.




-¿Qué le puedes decir a todo aquel que está pensando en probar suerte enviando su manuscrito a las editoriales?

- Primero, que lea. Luego, que vuelva a leer, y después, que siga leyendo. Que escriba con altas dosis de humildad y autocrítica, y que se rodee de buenos lectores cero. Que nunca deje de leer, aunque sea en el proceso de escritura. Que acepte consejos, críticas constructivas y correcciones, eso es un tesoro. Y después, que pruebe suerte. ¿He mencionado ya que debe leer?

-¿Crees que el género de terror y las antologías seguirán estando muy presentes en nuestra literatura?

- Considero que ahora hay un repunte del género de terror, si bien siempre ha sido algo muy de “nicho”. Por mi parte, me dan un poco igual los convencionalismos, escribo sobre lo que me apetece y lo cuento de la manera que lo quiero contar. Por ejemplo, la novela en la que estoy trabajando es un thriller, pero es que la historia así lo pide, y no pasa nada. En cuanto a las antologías, ahora mismo no te sé decir. Creo que las de varios autores en estos momentos lo están teniendo más complicado. Por mi parte, estoy encantada con la acogida que está teniendo “Vienen a por ti”, hasta el punto de que no lleva ni un mes en la calle y ya va a salir una nueva reimpresión.

-¿Qué criatura del género de terror te aterra más y por qué?

-Me aterran los fantasmas y me atraen los vampiros. Los fantasmas por esa frontera difusa entre este mundo y el más allá; el temor a lo desconocido, supongo. Los vampiros (los clásicos, obviamente) me atraen por la elegancia que desprenden, la falta de escrúpulos, y que no dejan de ser unos cameladores.

-Nos gustaría saber la última película/serie que has visto, el último libro/cómic que has leído y la última canción o álbum que has escuchado y tu opinión.

- En serie, estoy tratando de seguir al día Juego de Tronos (para evitar comerme los spoilers que aparecen en internet), y en el cine, la última película que he visto ha sido Civil War. De la serie soy muy fan, y la peli me encantó. El último libro: no puedo hablar de él porque todavía no está publicado, jajajaja. En cuanto a música, suelo escuchar muchos temas que tienen unos cuantos años. Plataformas como Spotify ayudan un montón en este sentido. Sí te puedo decir que mi más reciente descubrimiento ha sido Bruce Springsteen. Conozco sus canciones de toda la vida y, a través de una apuesta con unos amigos (“no eres fan del Boss porque no le has visto en directo”), estuve en su último concierto. Fui con escepticismo y perdí la apuesta. Increíble. 

-Por último, si Marta Junquera no fuese escritora, ¿a qué se dedicaría?

-Esta es una pregunta muy difícil, pero creo que haría algo creativo. Me encantaría saber dibujar o pintar bien, y también tocar la guitarra, la batería, el violín o el piano, todo bastante dispar como podéis ver.

-Te damos las gracias por participar en esta entrevista. Te deseamos mucha suerte con Vienen a por ti, y estaremos atentos a tu próxima publicación.


- Muchísimas gracias a vosotros, ¡ha sido un placer! 


Enlace para la página de la autora con la que estaréis al tanto de lo que ha publicado como lo que publicará Marta.



lunes, 13 de junio de 2016

Entrevista a Leandro Pinto




Conocido como “El Disparaletras”, Leandro Pinto es un escritor argentino que desde hace un tiempo vive afincado en Gran Canaria y, si queréis seguir leyendo su biografía, buscadlo en su blog: El Disparaletras.
Ahora, empecemos...

Bienvenido y gracias por aceptar esta entrevista para Castle Rock Asylum, espero que tu estancia aquí sea todo menos agradable…

Primero, para aquellos que no estén familiarizados contigo y con tu literatura, preséntate según tus reglas, con los adjetivos que creas necesario y con total libertad.

Mi literatura y yo somos casi una misma cosa, así que no hay mejor forma de conocerme que acercándose a ella. Me gustan los rincones umbríos, las sombras espesas, los gritos en la oscuridad y los aleteos ansiosos y crepitantes de las mentes enfermas, así que todo aquello que pulula y se arrastra en estos parajes bien puedes encontrarlo entre mis páginas y, por tanto, también puede formar parte de mí. La vida a través de las palabras; el lado oscuro de la existencia a través de la escritura.

Y ahora, empezamos con la locura…

Ya has dejado claro en otras entrevistas que escribes porque necesitas escribir, es una necesidad “primitiva”. Pero, ¿qué sientes cuando pones punto y final a una obra?

Siempre tiendo a decir que no hay emoción más incontenible y genuina que la de comenzar una obra, pero es cierto que hay una que la supera: la que surge al terminarla. El problema es que el final de una novela no se produce, según mi método de trabajo, en un momento concreto. Hay un punto y final, es verdad, pero en ese momento también convive conmigo la certeza de que aún queda muchísimo trabajo por delante: posibles reescrituras del manuscrito, reestructuraciones más o menos profusas e innumerables procesos de corrección. En realidad, y a efectos prácticos, una obra nunca se termina; simplemente, y cuando ya no das más de ti mismo, acabas por abandonarla, dejándola lo mejor que buenamente puedes. Pero en la mayoría de los casos se mezclan dos sensaciones ambiguas: el vacío por abandonar un territorio donde has transcurrido mucho tiempo, por un lado, y las ansias por encontrar un nuevo destino, por otro.

Destacas que un buen “embrión de historia” puede aparecer en cualquier momento, siendo la imaginación el arma más eficaz para convertir una anécdota banal en un argumento complejo, ¿cuáles son o han sido, sin embargo, los embriones de historias más sorprendentes, que quizá te hayan dejado boquiabierto incluso a ti respecto a qué te inspiró y su resultado final?

Hay anécdotas más o menos reseñables tras la génesis de cada relato o novela que he escrito, pero creo que la más destacada tiene que ver con la experiencia de encontrar un sosia. Creo que este es uno de los temores más antiguos y primitivos del ser humano; esta idea de una duplicidad espontánea, de la posibilidad demencial y desquiciante de que nuestro doble está por ahí, en algún lugar. La literatura lo ha reflejado en multitud de obras, muchas de ellas auténticas piezas maestras (El hombre duplicado, de José Saramago, por ejemplo, o el clásico por antonomasia: “William Wilson”, el incomparable relato de Edgar Allan Poe). Esa fue, creo, la experiencia más fuerte en la que pude inspirarme a la hora de conseguir el embrión para una historia: la vislumbre fugaz, tan efímera como un suspiro, de lo que me pareció que era mi doble exacto. Esto inspiró un relato llamado “El otro”, que resultó una de las experiencias de escritura más plenas que he tenido. El relato, he de aclararlo, aún no ha sido publicado.

Admites también en algunas entrevistas que los sueños te han dado material en el que inspirarte, ¿las pesadillas están incluidas? ¿Cuál es tu mayor miedo, sea onírico o real?

Cuando uno piensa en los miedos que aquejan su vida siempre tiende a dotar a esas conjeturas de un aire ficticio, digamos cercano a las realidades ilusorias con las que trabaja día a día. En realidad, esos miedos también son ilusorios, y nada tienen que ver con los auténticos terrores que aquejan la vida diaria de cada uno (ya sabes, esos miedos que uno ni siquiera quiere nombrar: accidentes, muertes de seres queridos, enfermedades terminales, etcétera). Bajo estas condiciones, y dejando de lado estos picos inalcanzables de pavor, se podría elaborar un muy nutrido catálogo de miedos ficticios que mencionar en entrevistas o conversaciones distendidas. Entre ellos ­(y es uno que ha poblado, respondiendo a tu pregunta, muchas de mis aventuras del subconsciente) se encuentra ese miedo atávico a la soledad más descarnada, a esa posibilidad, explotada también en multitud de novelas, relatos y películas, de encontrarse absolutamente solo en el mundo. Y no hablo, desde luego, del archiconocido “último superviviente” de un cataclismo nuclear, sino de ese ser que se queda solo en el mundo y que (y he aquí lo más terrorífico) no conoce el motivo de su soledad. Otro de esos miedos ilusorios que resulta más frecuente entre mis pesadillas es el de descubrir que alguna persona muy cercana en realidad lleva muerta muchos años, y que de alguna manera solo nosotros tenemos acceso a su persona. El descubrimiento de este secreto pavoroso me ha hecho despertar cubierto de sudor un par de veces.

¿Hay algún aspecto acerca de las grandes editoriales en España que te desagrade, como por ejemplo, que un libro de una “celebridad de la prensa rosa” (por decirlo así) sea más publicitado y comprado que un libro de una celebridad de la literatura?

Si te soy sincero, no suelo rasgarme las vestiduras por el éxito que estos personajillos consiguen a través de sus libros. Lamentarme por ello sería admitir que lo que realmente me importa de este oficio es la recompensa pecuniaria, y nada más lejos de la realidad. Lo que más me gusta de escribir es escribir, ya lo he dicho muchas veces. La publicación, la promoción y todo lo demás son elementos accesorios, periféricos, a los que uno dedica cierta cantidad de energía por el mero interés de que sus obras lleguen a la gente. El éxito que puedan tener estos autores (permite que los llame así, para no salirme de lo políticamente correcto) no me afecta de ninguna manera, y no me impide (y esto es lo más importante) escribir lo que me dé la gana. Por supuesto que soy consciente de que este tipo de fenómenos no hacen sino acrecentar el malestar de la cultura, pero esto lo viene diciendo Ortega y Gasset desde 1925, así que no es nada nuevo. ¿Que si me parece ruin y mezquina la actitud de estas grandes editoriales? Desde luego, pero no hay el menor factor de decepción, ya que no hubo antes ni una pizca de expectativa respecto a su actitud hacia la salud de la cultura general. Son empresas multinacionales, apéndices y extremidades de un sistema mercantilista ridículo, diría que grotesco bajo ciertos prismas; en consecuencia, sus estrategias editoriales se ajustan a las exigencias de ese sistema. Pero la respuesta es que no: no existe ningún aspecto de las grandes editoriales de España que me desagrade, mayormente porque sus estrategias comerciales y casi el 90% de sus catálogos me son del todo indiferentes.

Hay dos preguntas respecto a tu blog, El Disparaletras, que deseo hacerte: ¿de dónde proviene ese apodo (a quién se le ocurrió, cuándo…)? ¿Y por qué el uso de la segunda persona del singular para dirigirte a tus lectores (alguien te lo aconsejó, te gustó…)?

Lo de “Disparaletras” me lo soltó un amigo una vez, en la época (no muy lejana) en la que redactaba mis manuscritos a máquina de escribir, cosa que acerca más la acción de “disparar” caracteres sobre un papel que a través de un procesador de textos. Me gustó aquello; era, y sigue siendo, la actividad a la que más me dedico durante el día, y el verbo se había hecho estilo de vida. Así que nos pareció un nombre pintoresco y pegadizo para el blog, el día que lo abrimos. Parece que gustó bastante, y ahí se quedó. En cuanto a la segunda persona del singular, me gustó adoptarla porque sentí que de esta manera los textos que colgaba en el blog se hacían un poco más cercanos al lector, como si estuviéramos hablando solo él/ella y yo, en algo parecido a una confidencia.

Si ahora mismo algún demonio te obligara a vivir en alguna de tus obras, ¿cuál te parece la mejor opción y cuál la peor para experimentarla contigo como protagonista?

Casi ninguno de mis personajes (al menos los principales) lo pasa demasiado bien en mis novelas. Créeme. He hecho un ligero repaso mental ahora, mientras intento responderte. Algunos secundarios tienen, eso sí, sus buenos momentos, aunque no muchos. Tomás Hornos, el protagonista de Remanso de paz, siempre ha sido, en todo caso, una de mis debilidades. Hay algunos aspectos de su existencia que sí los quisiera para mi propia vida, como el aislamiento y la posibilidad de una entrega casi exclusiva a la tarea literaria; lo del aplanamiento afectivo y la crueldad innata de su espíritu no me va tanto, desde luego, pero intentaría darle unos retoques a su vida para convertirla en lo que bien podía haber sido: un auténtico paraíso. En cuanto a la peor experiencia, estoy dudando entre dos: las peripecias de Javier Schultz, el protagonista de Veneno de escorpión, o la infausta desventura de Tito Balbuena, el prota de un relato llamado “Sin anestesia”, incluido en mi colección Un puñado de sombras.

¿Cuáles son esas canciones que te inspiran o te llevan a desear disparar letras como un enajenado mental?

Últimamente he vuelto a caer en la fiebre de la música clásica, que desde hace años vengo escuchando y conociendo profusamente. Como sabrás, en este tipo de música no hay “canciones”, sino más bien “piezas”, “obras” o “movimientos”. Cualquier obra de mis músicos clásicos favoritos me vale para escribir y me inspira: Beethoven, Mozart, Vivaldi, Schubert, Haydn, Brahms o, mi favorito de siempre, Johann Sebastian Bach. Sinfonías, conciertos, sonatas, motetes, óperas, lieder, conjuntos de cuerda… Lo que sea. El repertorio de música clásica es tan vasto que creo que podría escribir toda la vida con esta ambientación musical sin repetir pieza. Pero está claro que tengo mis favoritas: las “Danzas húngaras” de Brahms; los conciertos para piano de Mozart; las sinfonías de Beethoven y Schubert; la música sacra de Bach o sus “Conciertos de Brandeburgo”. Mucho. De todo.

Finalmente, gracias por haber respondido a estas abominaciones y espero que desees volver pronto -porque lo harás-. Te dejo unas cuantas líneas para que te despidas con algún detalle poco conocido sobre ti, una canción, una cita, un epitafio...

No creáis, por favor, que tras un relato macabro, una novela de horror o una narración oscura solo se esconde la ponzoña de dudoso gusto, el chapoteo en la sangre deleznable o la estulticia del pavor gratuito. Los fantasmas existen: somos nosotros mismos. El Mal, bien tratado y procesado, puede alcanzar las cotas más altas de belleza. Y, como dicen que dijo Sócrates: la belleza es difícil.



viernes, 10 de junio de 2016

La Bruja de Robert Eggers




Vivimos en una época en la que el cine de terror se basa sobre todo en compactar el mayor número de jumpscares y litros de hemoglobina vertidos en pantalla, para tratar de contentar a una audiencia que ha distorsionado por completo este género. Convirtiendo en verdaderas raras avis, los intentos de recuperar el verdadero terror.

En los últimos años tan solo han sido Babadook, It Follows y Goodnight Mommy, las películas que de verdad han logrado meterme el miedo en el cuerpo. Por supuesto, ahora se suma a este selecto grupo la opera prima de Robert Eggers.

La película viene precedida de grandes alabanzas y galardones en los festivales de cine en los que se ha proyectado. E incluso la crítica especializada (incluyendo la de publicaciones como TIME, Rolling Stone, Variety, The New York Times...) se ha rendido a sus pies. Y, aunque es cierto que llegué a temer que este bombo acabase por pasarle factura, me alegra asegurar que todo está justificado. Además, esto ha ayudado a que haya tenido cierto recorrido comercial.

Robert Eggers nos invita a cerrar los ojos y abrirlos en el Siglo XVII. Una época en la que religión dominaba todos los aspectos de la vida. Al igual que los miedos y supersticiones, que crecían como la mala hierba gracias al gran desconocimiento general de la población y que apenas podían contrarrestarse con la precaria luz de las velas o los continuos rezos y oraciones.



Y uno de los mayores miedos de las puritanas gentes de esa época tomaba forma en la figura de las brujas y sus oscuros rituales. Quien, además de acabar con tu vida y maldecir a tus seres queridos, podía condenar tu alma inmortal. Este temor se convirtió en una paranoia que acababa en trágicos sucesos como los Juicios de Salem y las tantas cacerías de brujas que se llevaron a cabo.

La figura de la bruja no ha dejado de estar muy presente en la cultura popular. Y gran parte de la culpa la tiene el cine, que nunca ha perdido la oportunidad de hacerlas desfilar por la gran pantalla (de hecho, hace nada se estrenó El Ultimo Cazador de Brujas). Pero la mayor parte de las veces se muestran de forma muy superficial e incluso ridícula, no siendo este el caso. Se nota que Robert Eggers se ha esmerado en documentarse para realizar esta película (de hecho, se nos lo confirma en sus créditos finales). Incluso ha afirmado en las entrevistas, que son uno de sus mayores miedos desde su más tierna infancia en Nueva Inglaterra. Y ya trabajó con ellas en dos cortometrajes.

En La Bruja, acompañamos a una familia puritana, cuyo padre de familia protagoniza una fuerte discusión de fe con la colonia Inglesa con la que conviven y que deciden expulsarlos. Es así como acaban en una granja perdida en medio de la nada y rodeada de un profundo y siniestro bosque en la que esperan empezar de cero. Pero todo parece ir de mal en peor, y las desgracias no dejarán de hacer mella en los integrantes de la familia, quienes empezarán a desconfiar y creer que entre ellos se esconde una bruja que ha decidido maldecirlos...

Desde los primeros minutos, disfrutamos de un apartado técnico y estético EXQUISITOS. La sobria fotografía de Jarin Blaschke, junto a siniestra la ambientación, se aúnan para componer un ambiente bucólico que nos regala planos y escenas inquietantemente bellas y fascinantes. Incluso los pasajes más oscuros y grotescos alcanzan un nivel artístico tal, que el mismo Goya podría haberlos plasmado en sus cuadros. Todo acompañado por una BSO fantástica y malsana a partes iguales, que ensalza cada momento (siendo, para mí, el culmen, la macabra escena tras el rapto del pequeño Samuel. Momento que debe pasar a la historia del cine de terror moderno, sin duda). Todos estos elementos hacen que el visionado acabe siendo toda una experiencia visual de lo más interesante.



Es increíble que este sea el primer largometraje de Eggers, quien demuestra un talento que envidiarían muchos directores ya consagrados (no solo del género de terror). Se puede comprobar en cada plano y pequeño y mimado detalle que acaban componiendo ese todo que es La Bruja. Como, por ejemplo, en los diálogos, que retratan la forma de hablar de esa época (también fue parte de la documentación del director junto a los tratados de brujería). Aumentando, aún más si cabe, la sensación de inmersión del espectador y haciéndola funcionar, además, como una película de época.

No solo hay alabanzas para el director y su equipo técnico. Todo el reparto se corona con esta película, desde el matrimonio compuesto por Ralph Ineson y Kate Dickie (a ambos los hemos podido ver en la serie Juego de Tronos), el joven Harvey Scrimshaw, la prometedora Anya Taylor-Joy y hasta los pequeños Ellie Grainger y Lucas Dawson (si no son la pareja de niños más inquietantes del cine de terror desde las gemelas de El Resplandor, poco les falta). Cada uno de ellos saca lo mejor de cada personaje, quienes ya en su misma concepción, son la mar de interesantes y fascinantes. Eggers cuenta con un pequeño plantel de personajes, pero los utiliza de una forma soberbia, haciendo que cada interacción entre ellos sea única y memorable (como, por ejemplo, una simple riña de hermanos, que llega hasta los más terroríficos extremos).

La Bruja es una película de terror. Sí, puede que prime el suspense e incluso el drama (elementos que puede que hayan sido claves para conseguir tanto beneplácito de la crítica especializada), pero el terror no abandona nunca la pantalla. Y no es el terror simple al que nos han malacostumbrado. Robert Eggers se ha esmerado en recuperar el verdadero terror. El que nace del miedo a lo desconocido y que ha estado con nosotros desde el principio de la humanidad. El que no necesita mostrar para inquietar y aterrar. El que se clava en tu memoria y te asalta cuando las luces se apagan. Una pena que el que ya ha caído en las garras de lo comercial, crea que esto no es terror y llegue a menospreciarla mientras aguarda con preocupante impaciencia la secuela de Annabelle.



El subtitulo de la película "A New England Folktale" le viene que ni pintado. Eggers ha creado un excelente cuento oscuro moderno, que podría haberse contado hace siglos, a luz de una vela, para quitar el sueño a niños y adultos.

Lo cierto es que poco o nada malo puedo decir de esta película. Podría comentar que quizá su primera parte puede hacer perder a algún espectador (de los anteriormente citados), pero es indispensable para situar la historia y sus personajes. Aunque la película se cocine a fuego lento, la sensación de inquietud es palpable desde los primeros diez minutos, llegando a ser asfixiante en varias partes. Y todo va in crescendo hasta llegar a un clímax que sucumbe en un delicioso y memorable desenlace que pone un excelente punto y final a este arrollador film.

Esperemos que Robert Eggers no se duerma en los laureles y no pierda su buen hacer, para que nos regale muy pronto otra joyita cinematográfico como es esta La Bruja.




Lo Mejor: TODO.

Lo Peor: Que el cine de terror comercial haya hecho que no todo el mundo pueda disfrutarla.



jueves, 2 de junio de 2016

Hellraiser de Clive Barker


Clive Barker es un artista con todas las letras. No solo en el ámbito literario, en el que cuenta con una extensa obra en su haber. Sus primeros pasos artísticos fueron en el mundillo del teatro (fundó su propia compañía) y realizando cortometrajes caseros. Y con el paso de los años tendría oportunidad de producir, guionizar e incluso dirigir largometrajes (como la adaptación de la novela que reseñamos en esta ocasión), y trabajar en el mundillo del cómic y los videojuegos. Y eso, sin olvidarse de su otra gran pasión: la pintura. 

A lo largo de su carrera, el inglés ha dado rienda suelta a su imaginación regalándonos memorables historias y personajes. Pero seguramente su creación más conocida por el gran público al mencionar su nombre, es todo lo relacionado alrededor de la novela corta The Hellbound Heart. Sobre todo, gracias a la película que el mismo Clive Barker se encargó de realizar un año después de su publicación con el título Hellraiser. En la memoria de todo aquel que se ha atrevido a visualizarla, se han quedado marcadas a fuego no pocas escenas. Y ya son inolvidables cosas como la intrincada Caja de Lemarchand y las criaturas que se invocan con ella: Los Cenobitas, Seres a medio camino entre lo diabólico y lo divino que presentan cuerpos heridos y mutilados, prometiendo experiencias que traspasan lo carnal. Pero fue el que encarnó el actor Doug Bradley el que logró hacerse un hueco en la terrorífica galería de villanos del cine de terror, motivando la sucesión de secuelas (a cada cual más decepcionante e innecesaria).

¿Quién podría olvidar la tez de mármol atravesada por infinidad de alfileres del Pontífice Oscuro del Dolor (más conocido por el apodo de Pinhead)? 

Centrándonos en la novela, esta comparte el mismo comienzo que la película: el momento en el que el personaje de Frank está a punto de descifrar la Configuración de los Lamentos. Y ya es en estas primeras páginas donde Clive nos demuestra sus grandes dotes como narrador con su prosa tan descriptiva como evocadora. 

Por suerte, se distancia de la película en el trío protagonista. Sobre todo en el personaje de Kirsty. Cosa que personalmente agradecí.

Aunque el lector que venga de la película, puede que termine bastante desencantado con esta lectura. Pues si en el film los cenobitas no eran más que secundarios (de lujo, eso sí), en la novela dan un paso más atrás. Siendo sus apariciones de lo más breves y sutiles. Clive no se molesta en profundizar en estos fascinantes personajes ni en el mundo del que vienen (parece que eso quiso mostrarlo en el cine). Prefiriendo centrarse en los otros monstruos de la función. Aquellos que confunden la pasión con el amor. Que se dejan llevar por sus más oscuros y primitivos instintos. Y que no dudarán en traspasar fronteras y límites inconcebibles en su búsqueda de nuevas sensaciones. La literatura de Barker siempre se ha caracterizado por mostrar unos personajes que reflejan lo más oscuro de la humanidad y a los que conduce hacia extremos pocas veces explorados. Por supuesto, Hellraiser muestra esto en el reducido plantel de personajes.

Al ser una novela corta, Clive no puede perder tiempo en enganchar al lector. Y claro que lo consigue, la historia se devora en un par de días. No tiene ninguna complicación, muestra los temas que caracterizan al autor (que forman parte del movimiento conocido como "Nueva Carne") sin acabar ahondando del todo (es una obra bastante "light", aunque los lectores de estómagos más sensibles pueden seguir sufriendo con algunos pasajes) y resulta ser de lo más accesible del escritor. Por lo que, si aún no te has decidido a descubrir a esta autor ante quien el mismísimo Stephen King sentenció: "He visto el futuro del horror, y su nombre es Clive Barker", esta obra puede servir a modo de siniestro muestrario de uno de los mejores autores de los últimos tiempos.