Castle Rock Asylum

Bienvenidos a la locura.

I Antología de Relatos de Terror Castle Rock Asylum

Ya disponible en Lektu.

The Cured, de David Freyne

Crítica por Rain Cross.

El Apóstol de Gareth Evans

Crítica por Rubén "Reaper" GonzáleZ.

La cara oculta de Andrés Baiz

Crítica por Chica Sombra.

El Visitante, de Stephen King

Reseña por Jorge Capote.

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viernes, 16 de noviembre de 2018

Reseña Reina Roja, de Juan Gómez-Jurado


Juan Gómez-Jurado está viviendo un momento dulce en su carrera.

No os voy a decir que es la Rosalía de los escritores, porque ahora mismo nada se parece a lo de Rosalía, pero sí que nos estamos acostumbrando a verle cada vez en más sitios: podcasts, radio, televisión, entrevistas, concursos… y entre tanto formato diferente todavía tiene tiempo para escribir. Mucho, además.

El éxito de Juan se lo achaco a dos razones, fundamentales por otro lado, pero que no todo el mundo tiene o respeta. Una de ellas es que tiene un producto que gusta, y otra es su trato con la gente y el esfuerzo que pone en el lector. Ahora os hablo de la primera razón (en concreto, del último libro que ha escrito) pero es que, en serio, lo de este autor no es normal.

Insta a los lectores, al final de cada libro, a que les cuente qué es lo que les ha parecido. Y lo mejor de todo… es que contesta a todos y cada uno de ellos. Especialmente a través de Twitter, tiene un trato muy cordial con la gente e invierte mucho en contestar personalmente a cada una de las personas que le mencionan, sea de la manera que sea. Sabe que eso es algo que los lectores aprecian y el cariño que estos reciben lo devuelven con creces. No todos los escritores son conscientes de esto. Se ha montado una comunidad muy maja en esta red social y la promoción de su último libro, Reina Roja, es prueba de ello (el resumen de la cual es que Arturo González-Campos va de señor “guay” por la vida y al final le ponen en su sitio).

Por cierto, esa memoria de la que hace gala en los distintos programas en los que sale es de verdad. Asusta.

Pero vayamos ya a lo que no trae aquí hoy. ‘Reina roja’ nos traslada a Madrid, al barrio de Lavapiés. Dentro de la multiculturalidad que caracteriza al barrio nos encontramos a Antonia Scott, una mujer de nombre e historia peculiar que resuelve crímenes en su día a día de una manera que dista mucho de ser la habitual. No, no es un personaje que uno se vaya a encontrar todos los días. De hecho, su historia te mantendrá con el corazón en un puño. Es lo que tiene Gómez-Jurado, que al final, siempre te sorprende.

No me quiero explayar mucho más ni con la trama ni con los escenarios por miedo a caer en el spoiler. Pero sí que os puede decir que hay dos componentes principales que hacen que los libros de Juan Gómez-Jurado sean muy atractivos para el público. Personajes intrigantes con más capas que las tiendas de regalos de Harry Potter y un control del ritmo envidiable, amén de un gusto por los chascarrillos y la violencia gráfica con los que caso bastante.

Aquí me voy a parar, y es que le doy vueltas al asunto y cada vez me quedo más loco. En una de las “reviews” que aparecen en la solapa del libro, Jesús García Calero dice “Escribe historias adictivas con precisión de relojero”. Y yo, como alguien que se ha enfrentado al papel en blanco y ha fracasado estrepitosamente, no puedo dejar de darle vueltas a esto. Voy a continuar con el símil del relojero para intentar explicar como me imagino yo a Juan preparando una novela. Me lo imagino poniendo todas las piezas del reloj en la mesa. Ahí, amontonadas, sin orden aparente y sin saber si todas van a ser necesarias, (en este caso el montón de piezas simboliza el primer borrador del libro). Y a partir de ahí, en otra mesa, va conectando piezas en varias pasadas (más borradores), añadiendo o quitando en cada una de ellas las que él, como relojero, cree que harán que el reloj funcione como un tiro y, en ningún momento, se pare. Es para mí muy importante creer que el montón de piezas inicial existía previamente antes de montar el reloj, porque si resulta que Juan monta (escribe) desde el inicio sabiendo exactamente qué piezas va a necesitar y en qué orden, nosotros,  simples mortales aspirantes a juntar letras, ya podemos pegarnos un tiro y acabar con nuestro sufrimiento.

Con precisión milimétrica, ‘Reina Roja’ te deja casi en cada página con ganas de más. Y en eso se basa el éxito de Juan Gómez-Jurado y la adicción que provocan sus libros. No se permite el lujo de ser contemplativo, algo que algunos lectores versados en otros géneros pueden echar de menos en sus novelas. Pero no es así como escribe Juan, no se para en cavilaciones más allá de lo necesario para que empaticemos con lo que ocurre en la página, algo que no está reñido con el respeto a los personajes.

Hemos esperado tres años para leer otra novela de Juan Gómez-Jurado, y la espera ha merecido la pena, aunque sepa a poco. El libro insta a ser devorado en pocas horas y uno no quiere acabarlo, pero no le queda más remedio que seguir leyendo. Cuando acaba, la pregunta que todos nos haremos es: “¿Y ahora cuánto tenemos que esperar para el siguiente?”

No lo sabemos, pero bueno… habrá que ser paciente



Para saber más:

miércoles, 14 de noviembre de 2018

El terror en la mochila: Castillo de Kenilworth (Inglaterra)



Hoy me marcho al Reino Unido, a Inglaterra, a conocer su castillo en ruinas más grande. Fue construido en el medievo y, aun casi destruido, sigue siendo impresionante. Sus cimientos se comenzaron a levantar en el año 1120, encima de una torre Normanda. Se agrandó en el siglo XIII y un siglo más tarde se convirtió en una fortaleza.

Pero, a pesar de que su historia tiene detrás cosas muy bonitas, aquí sabemos todos que en  mi mochila solo cabe el más puro terror, por lo que los motivos que me llevan a visitarlo son otros, concretamente, los fantasmas de una mujer y un niño que se pasean entre sus cuadras. No son los únicos fenómenos extraños, pues también se oyen pasos y el ruido de una cuna que se mece sola...


No se sabe exactamente la historia que hay detrás de estos espectros, ni siquiera si alguna vez fueron habitantes o trabajadores del castillo, pero sí que llevan ahí desde que está en ruinas. Desde hace años es uno de los destinos turísticos más visitados en Inglaterra, y los empleados que han ido pasando por esta curiosa atracción coinciden en que sí que existen estas apariciones y ruidos fantasmagóricos, siendo el más inquietante de todos el sonido de la cuna, pues no hay datos de que ningún bebé llegase a vivir entre sus paredes.

Sea o no cierto, de noche da mucho yuyu pasear entre sus piezas rotas, sobre todo en la parte trasera, que albergaba la cripta y el cementerio privado de la familia.

¿Os atrevéis a comprobar qué hay de cierto en esta leyenda?



lunes, 12 de noviembre de 2018

La Sala Común: Castlevania, T.2




Con la mala suerte que suelen acompañar a las adaptaciones de videojuegos, haber podido disfrutar de una tan bien aprovechada y cuidada como es esta Castlevania es todo un hito. ¿El único problema? Que la primera temporada constaba tan solo de 4 episodios que funcionaban a modo de fugaz introducción, dejándonos con la miel en los labios y con ganas de más... Mucho más. 

Por suerte, ya podemos disfrutar de la continuación de esta historia que involucra al mismísimo Conde Drácula y un trío de inesperados héroes que se enfrentarán al Mal que azota esta Europa alternativa.




Se agradece y se nota el aumento de episodios (aunque solo sea el doble que la primera temporada) a la hora de disfrutar de un ritmo más sosegado y que permite desarrollar mejor a los personajes y situaciones. Aunque en esta temporada quienes tienen más enfoque son los monstruos. Nuevas caras se unen al elenco. Y lo hacen para engrosar las huestes del legendario vampiro. Esto ayuda a consolidar mejor la mitología de la franquicia de Konami y nos da una trama más cercana a un Juego de Tronos vampírico que es bastante interesante de explorar. Al mismo tiempo, desarrolla y expone al gran personaje que es su Drácula. Algo muy de agradecer teniendo en cuenta su testimonial presencia en la primera temporada.




Esto tiene un lado bueno y por supuesto uno malo. Y es que se pierde bastante del protagonismo del improbable trío de héroes que se consolidó al final de la anterior temporada. Unos personajes estupendamente caracterizados y cuyas interacciones son oro puro (esperamos que nos resarzan en la próxima temporada).

Se nota la buena mano en el libreto a cargo de Warren Ellis quien, además, sazona el conjunto con un endiablado sentido del humor que le sienta de perlas a la serie.




La animación sigue siendo sobresaliente (menudo deleite para la vista es la batalla de la recta final) y el estilo "japo" que sintetiza el arte de los últimos videojuegos de la saga conforman una estética propia exquisita

Está claro que Netflix tiene un gran filón que explotar con esta serie. Y teniendo en cuenta la cantidad de títulos que conforman la franquicia de Konami podemos asegurarle un gran futuro a esta producción. 



Lo Mejor: La apuesta por la parte vampírica. 

Lo Peor: El trío protagonista ha quedado algo opacado en el conjunto.

viernes, 9 de noviembre de 2018

La Mujer Expandida por Román Sanz Mouta

Ilustración Zdzisław Beksínski 


        Cuando tomó (tomaste) asiento en ese tren, jamás imaginó (imaginaste) el desenlace.
~
Tras la búsqueda de plaza, se acomodó con su móvil y cascos, cuaderno y bolígrafo, libro y ojeras. Presto para acometer el enésimo viaje de ida o regreso, siempre los confundía. Unido a su habitual e imprescindible relato de tren. Las costumbres.
Pintaba bien.
Hasta que llegó la señora.
Inmensa y mayor. De permanente recargada, pelo tieso, imitación de un rubio oxidado y perdido eones atrás. Con un tufo mezcolanza de cientos de aromas muertos y colonias caducas superpuestas por capas. Con ropajes rosas pero no cálidos.
Le preguntó desde su altura, impertinente y ronca:
— ¿Tú eres 4D?
Sin esperar (tú) respuesta, añadió, aún más borde y torcida:
—Yo soy 4C.
Y se dejó caer en el asiento.
~
El tren sufrió terremoto y bajó en altura varios centímetros. Los viajeros saltaron y aterrizaron leve. El mundo botó y retumbó.
Miró la mujer mal a su alrededor, ofendida con todo y todos. Buscando culpables y más culpables de algo.
Intentando a la vez, sin disimulo, ajustar su descomunal pandero al asiento, acto cuasi imposible.
La gente temía mirar tan dantesco evento. Los dos pasajeros de asientos enfrentados, sintiéndose casi a salvo por no ser su pareja de lado, pero demasiado cerca para celebrar.
Ella invadía el espacio con su presencia.
El olor de la señora empezó a retransmitirse por el vagón. Las personas fingían dormir con muecas de asco, esperando liberación en ello.
Mientras, la mujer seguía incómoda e incomodando. Repartiendo desquiciádamente su volumen. Agitándose. Robando huecos.
El hombre del cuaderno (tú) intentó hacerse fuerte. Ganar terreno. Afianzar el reposabrazos anteriormente conquistado.
Pero se sentía intimidado. Tenía que retroceder. Para evitar el contacto.
Miró, mientras la señora seguía con su atención clavada en él, 4D, su compañero y acompañante involuntario. Su nuevo no amigo. Sin hablar. Sin pronunciar sonido. Sólo los ojos fijos. Hediendo…
Buscó el pobre otro asiento libre. Nada. Ya lo advirtió en la entrada. Tren lleno. Tren completo. Más con ella que antes.
Y tomó la peor de las decisiones, quizá por contagio:
Abandonar a su amigo el insomnio y tratar de dormir. Para hacer el viaje más breve y llevadero (en vez de escribir una historia sobre el tema y robarle importancia añadiendo humor).
Así cayó al abismo, más fácil de lo previsto y acostumbrado.
Demasiado f
á
c
i
l
~
Pudieron ser minutos u horas pero, cuando despertó, todo había cambiado.
Sintió una opresión. Asfixiante. Con todos los sentidos. Corporal, sonora, olfativa y de mal gusto. Apenas podía ver.
La señora, lo que antes era una señora, se había expandido.
Ahora ocupaba las cuatro plazas.
Él(la) se encontraba aplastado contra la ventana, bajo olas de chicha, pugnando porpreservarse.
“¡Lucha por respirar!”
Los ocupantes de enfrente ya habían sido absorbidos por la masa informe, deforme, creciente. Apenas se adivinaba brazo o pierna inerte bajo ella.
No había ya cara, sólo carne enfundada en fucsia. Y olor. Ese olor.
Tenía que salir de allí…
~
Intentó trepar, única opción. Agarrar los compartimentos de equipaje en la parte superior. Aferrarse con todas sus fuerzas por la vida. Tirar de sí mismo con brazos y espíritu. Hacer palanca con sus piernas sobre blando o cualquier dureza.
Sobrevivir.
Estaba comprimido. Envasado al vacío. El aliento se despedía.
Nada de rendirse.
“¡Sigue!”
Consiguió un hueco. Un mínimo espacio. Resquicio de esperanza.
Y subió.
Para pisotear después esa masa bulbosa que antes fue una señora. Compacta y dispersa, elástica y gruesa de sebo. Pegajosa, cartilaginosa, empalagosa…
Sus pies se hundían en ella como arenas movedizas, esponjosas y podres. Tenía que seguir moviéndose, en zapateado rápido. ¡YA!
Más rápido
¡MÁS RÁPIDO!
¡¡¡MÁS RÁPIDO!!!
~
Estancado, cerca de hundirse como un barco en naufragio, tuvo idea. Rodó. Temiendo pasar a ser parte. Rodó y saltó con cuerpo orientado. Saltó como y con lo que pudo.
Y escapó de la presa. No cayendo muy lejos. No cayendo muy bien.
Entonces, al contemplar, entendió.
Los pasajeros estaban durmiendo.
Cloroformados, sin duda, por el escandaloso y enfermizo almizcle.
Y la MagmaSeñora estiraba sus zarcillos para alcanzarlos a todos. En fusión simbiótica alimentaria.
Dilatándose.
Para ocupar cada espacio vacío y volverse propio. Llenarlo. Llenarse.
Para consumir y devorar.
Ambas puertas estaban clausuradas por epidermis rosada y supurante.
Sin salida.
Y el proceso se aceleraba…
~
Cargó contra una de las membranas de salida, una de las barreras, intentando romper la telaraña de pulpa.
Imposible. Tan frágil como resistente.
Golpeó.
Nada.
Cada vez quedaba menos espacio de NoElla. Se acercaba. Estaba en por todas partes y resquicios.
Convirtiendo grasa o músculo con su ácido, chupando cual insecto. Para deglutir y asimilar.
La Última y Definitiva Expansión se acercaba. Sin costuras rotas.
Ocupaba ahora suelo, paredes, cristales, techos, oquedades, viajeros todos menos uno.
Sólo quedaba el 4D. Sólo quedas tú.
No había opción.
Debía(s) matar a la bestia.
~
Buscó un arma. Claro. Aquí y entonces. No hubo escenario mejor para encontrar una.
Pues sí.
Su (Tú) bolígrafo de la suerte. De frustrado pero voluntarioso escritor.
Y atacó.
Clavó y rasgó abriéndose canal y camino por surcos hasta su posición original, donde debía estar el núcleo de la criatura.
Atravesando repugnancias que se pegaban a él(ti).
Sin respirar ni oler.
Conteniendo arcada y vómito.
Siguió usando pluma como espada.
Cortó y tajó. Rasgó y sajó.
Y llegó. A lo que debiera ser su centro neurálgico vital. Lo que restaba de esa maligna y giganta cabeza de vieja insoportable, maleducada y apestosa, aún con restos de la permanente eterna y lacia.
La carneprisión se cerraba a su espalda.
El espacio libre desaparecía.
Una oportunidad. Una sólo una.
~
Apuñaló ese ojo supurante entre pliegues, con toda su energía, con más odio, esperando y deseando llegar al cerebro de la bruja.
Pústulas explotando ácidos y ventosidades en cada arremetida.
Apuñaló, penetró y repitió.
Cada vez más profundo. Capas y estratos.
Tenía(s) que ganar.
Por un momento, el impulso expansivo pareció detenerse. El olor, atenuarse.
La Pausa.
¡La Victoria!
El 4D, con aire recuperado, extrayendo su mano aún cerrada sobre el pincelpuñal ensangrentado, pleno de fluido y víscera y cornea, sonrió.
Hasta que la SeñoraEso abrió una boca aparecida de la nada. Recién nacida.
Con dientes que eran tentáculos o tentáculos que eran dientes.
El pozo más oscuro.
Con el mismo gesto que el gato de Cheshire, lo (te) tragó.
~
Adiós
   Respiración
               Futuro
                           Aspiraciones de novelista
                                                                                      Existencia…
La Muerte llega corriendo y gritando
   No es una muerte cualquiera…
No convertido en una digestión
Nunca no muerto…
Lenta…
                                                   No hay amigos dentro de Ese Estómago
Perdido…
Deshaciéndote entre jugos…
Rodeado de otros muchos infinitos…
Un pozo sin fin…
   Ya nadie te leerá (Ellos tampoco…)
                                                   Adiós…

~
NOTICIAS:

Hoy, en el Alvia trayecto Madrid-Gijón de primera hora de la mañana, los pasajeros del vagón número 10 han desaparecido sin dejar rastro. Se descubrió poco antes de llegar a Valladolid, tras apenas una hora de recorrido.
Sus efectos personales y equipajes están intactos. Pero no se consigue encontrar a los 20 ocupantes.
El viaje fue detenido de inmediato, y la policía sigue investigando sin querer hacer declaraciones sobre posibles pistas. Ese coche en concreto ha sido puesto bajo custodia de los equipos especiales para su análisis completo.
El resto de pasajeros pudo coger otro tren y alcanzar sus destinos originales, con el retraso consecuente y gran sorpresa.
Testigos de vagones adyacentes hablan sobre un suceso paranormal, aunque todos los entrevistados niegan haber visto nada.
Una venerable señora declara: “Esto no es la primera vez que ocurre. Las desapariciones. He oído cosas similares que tapan las autoridades. Lo sé yo bien, porque viajo mucho en ferrocarril. Siempre sentada en el 4C.”

***
Epílogo

El origen y las verdades

Esta es la historia real, una u otra o ambas. Puede que quizá exista quien no lo acepte o crea. O quien descarte una por la otra. No me conoce. Pero, como en un clásico y añorado “Elige tú Propia Aventura”, cada cual seleccione su favorito, su verdad y nomentira. Reinventando los epílogos. Dos opciones…
Recordad: la verdad, toda ella, llega al final…

Opción 1:

No me rendí (te rendiste, tú).
Devorado, sí. Quebrado, nunca.
Los ácidos gástricos castigaban mi piel. Perdí partes trituradas con dientes externos e internos, con agujas y espinas. Encías de sangre, organismos caníbales, trabajando para la colectiva señora.
Descendía por el tobogán de tráquea y esófago, interminable; caía sin fondo. Llegué al amorfo laberinto de su estómago. No solté la espadapluma. Jamás. Contuve aliento. Contesté a cada ataque. Cada agresión. Con otra. Rudeza por y con rudeza. Nunca vi glóbulos así.
Los mares y olas me arrastraban. A la fosa común, al océano gástrico de huesos. Me aferré. Abriendo caminos en un mundo de grasa y descomposición interminable.
Abominación, restos y desechos. Geiser y columnas de gases. Muertos que me querían con ellos.
Perdí el olfato, sacrificado por bien mayor. No lo echaría de menos. No aquí. No para recordar este ahora…
Creí atisbar luz y aire en mi castigado cuerpo.
Ella empujaba, como en un parto, pero a la inversa.
Impujó.
Yo resistía. Quería triunfar en ese embarazo. Nacer.
Renacer.
Sajé y rajé.
La inconsciencia venía. Sus intestinos me abrazaban como una pitón de muchos cuerpos, en constricción.
Sólo un poco más.
Vamos.
¡Sólo un poco más!
¡¡¡Resiste y no te ahogues!!!
¡Pelea…!
Abrí una puerta en masa putrefacta por las malas, en su bulbosidad. La convertí en puente levadizo.
Mientras ella gritaba, al fin, y rompía con su aullido todos los espejos de la existencia, dimensión, realidad, universos.
Escapé, escapaste, escapamos, de donde nadie lo había hecho.
Gané respiración, recuperé fuerza y volví, volvimos, volviste, a la Bestia.
¡Putos Héroes!
Extrayendo uno a una a cada víctima viva y actual. No fue bonito. Nada podíamos hacer por los fallecidos.
Rescatados. Aturdidos.
El tren se detiene.
EllaEso, venida desde lo imposible e improbable, antigua y compañera y némesis de un Retorcido; vencida. Pero nunca del todo. Se deshace y disuelve en zarcillos, bichos que reptan y huyen por huecos y esquinas. Que se reunirán más tarde para lamerse heridas y derrota.
Para reformarse
Para reconstruirse
A peor.
Si hubiere (hubiésemos, hubieses) tenido fuego…
No quedó resto o pieza. Prueba de lo sucedido.
Decidimos callar y guardar secreto. Por preservar nuestra cordura y reputación. Para intentar borrar de memorias.
Hasta hoy.
Porque voy en otro tren.
Vamos en otro tren.
Vas en otro tren.
Siempre. Buscándola. Terminar el trabajo.
Y, en el vagón 10, asiento 4C, la veo.
Está aquí…

Opción 2:

Pero no me dormí (te dormiste) sucumbiendo a sus efluvios nocivos.  
Sí el resto del pasaje en el coche. O lo fingieron. Para ignorar. Para no saber.
Ella seguía con su bulboso y grueso cuello torcido. Mirándome (mirándote). Sin pestañear; esas pestañas pervertidas y degeneradas, demasiado antiguas e inestables.
Clavándome los ojos llenos de malos deseos.
Invadiéndome (te). Nuestro espacio, nuestra esencia.
La ignoro. Mucho. Imposible del todo. La siento más cerca. Casi ronzándome sin tocarme.
No ceja.
No me voy. No me inmuto. Combato con mi mente. Combatimos en los pensamientos.
EllaEso rumia. El olor crece, se reproduce, controlado y concentrado. Hacia mí, ti, nosotros. Sigue haciendo bulto, ganando terreno, que no sillón ni reposabrazos.
Que no cedemos.
El reloj corre. El viaje será muy largo. Ella acabará por invadirme. Lo sé. Está a punto de hacer algo.
TIC
TAC
TIC
Me enfado.
Rabio.
No es justo.
¿Por qué yo, por qué tú?
¿Me enfado? ¿De verdad?
Saco la libreta y el bolígrafo. Nuestro favorito.
Medra su indignación porque me muevo, porque sonreímos al hacerlo. Sus ojos escupen fuegos y vapor venenoso.
Avanza su brazo hacia mí.
Lo va a hacer.
Tocarme. Apestarme. Infectarme.
Viene un revisor.
Ella lo ha convocado. No sé cómo.
Se levanta, la señora expandida, más grande que cuando se acomodó. Inmensa e incorrecta. En todos los sentidos.
Aborda al operario. Que tiembla.
Lame su oído con una orden secreta en susurros. Con todo, escucho de nuevo su voz. Chirría, en partes de mi mente que tienen miedo y duelen.
El hombre marcha. Asustado. Su rictus lo dice todo. Quiere correr.
EsoElla se deja caer, por segunda vez. Volvemos a sufrir escala 9 en Richter. Pobres cimientos del planeta. Pobre ferrocarril.
Regresa el interventor, platos por ojos, pupilas desorbitadas. Habla al oído y odio de la señora, sin acercarse, como a través de un tubo, manteniendo la distancia.
No escucho. No escuchamos. No escuchas.
Porque ya estamos escribiendo.
Es todo. Sé que ha terminado. Sé que he ganado una batalla, pero no la guerra.
Ella no ha dejado de mirarme (mirarnos, mirarte).
Sonríe con dentadura podrida y retorcida y pintada para ocultar la podredumbre, los restos de comidas anteriores y pretéritas. Para guardar el aliento en su interior. Letal. Aprieta las mandíbulas con ese gesto.
Coge sus cosas. Comparte un último vistazo, ojo por ojo con ojo. Me recordará. Te recordará. Nos recordará.
Se marcha siguiendo al revisor.
Alucino.
¿Libre?
¡Libres!
¡Yuhuuuuuuu!
No vuelve. Encontró otro acomodo. Lo forzó. Nuevas víctimas. Otro 4C y 4D.
Al parecer, y tampoco entiendo cómo, yo (tú) la incomodaba Más que ella a mí (ti)…
¿Qué soy yo para que EllaEso me tenga miedo? Inquietante…
Tengo que reírme.
Y sigo escribiendo esta historia, su y tú historia.
Pero no osé tocar o rozar siquiera el sitio que ocupó. Aún hervía…
Me gustaría decir que no la volveremos, volveré o volverás, a ver, pero… Mentiría…

¿FINES?


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Crítica The Toybox de Tom Nagel



Esta es una de esas películas que te pones cuando no sabes qué ver. En ella, una familia cumple el sueño del abuelo y compran una caravana para hacer un viaje juntos a través del desierto. Por el camino recogen a dos hermanos que tienen el coche estropeado, pero lejos de que estos resulten un peligro, serán ellos, junto a la familia, los que sufran la ira de la caravana. Sí, sí, de la caravana.¿Estamos ante una especie de Christine con vida propia o, por el contrario, hay algo maligno que la habita? Eso ya no os lo cuento, tendréis que verla si queréis saberlo.

Como rostros más conocidos del mundo del celuloide, podemos ver a Mischa Barton (a la que no veía desde OC y que ha comido un par de cocidos y está estupenda), y a Denise Richards, que está también bastante cambiada (aunque me temo, a consecuencia de bótox y cirugía).


Con un poquito más de presupuesto se podría haber convertido en algo mejor pero, para mi gusto, creo que se ha quedado en una tv movie que pasará sin pena ni gloria. El tema de la caravana me ha parecido original, pues está lejos de que los autoestopistas sean el peligro, o de que algún mutante los aceche en el solitario desierto. En este caso, es el propio vehículo el que se convertirá en el infierno de sus pasajeros.

Se deja ver, sobre todo si lo haces sin ningún tipo de pretensión y sabiendo que, desde luego, no será un film inolvidable ni exquisito. El final me dejó un poco ¿rara? pues, o no se explica bien, o yo no lo pillé del todo. Hay algunas escenas bastante mal hechas, como la del atropello (no diré de quién, para no spoilear), pues no queda muy claro si ha ocurrido o no hasta que lo muestran, cosa que se hubiese evitado enseñando más sangre y vísceras de lo que lo hace.

Es un "ni fu ni fa" en toda regla. 

Lo mejor: el tema de la caravana.

Lo peor: no tiene ni carne ni pescado, como decía mi abuela. Algo sosa, vamos.