Castle Rock Asylum

Bienvenidos a la locura.

I Antología de Relatos de Terror Castle Rock Asylum

Ya disponible en Lektu.

La Sala Común: La Maldición de Hill House

Por Rubén "Reaper" GonzáleZ.

Relato Hambre

Por Rain Cross.

Crítica Creep de Patrick Brice

Por Chica Sombra.

Flight or Fright, de Stephen King y Bev Vincent

Reseña por Jorge Capote.

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lunes, 14 de enero de 2019

La Sala Común: American Horror Story-Apocalypse





Se dice pronto, pero la serie de terror antológica ideada por Ryan Murphy para el canal FX ya lleva tras sus espaldas ocho temporadas. Ocho propuestas que han ido logrando formar un fiel grupo de seguidores y conformando su propia cantera de actores recurrentes. Ocho entregas que han ido ofreciendo un poco de todo en su oferta de terror televisivo y que han creado un propio Universo que se ha cansado de conformarse con contados cameos o referencias. Con Apocalypse, llega también un crossover que enlaza la primera temporada y Coven con la trama propuesta para esta entrega... ¿Cómo les habrá salido la jugada?

Si bien Cult me resultó la temporada más desconectada de la saga, no niego que me tuvo cada semana pegado a la pantalla. Y me gusta sentir que Apocalypse funciona como su continuación, pues pasamos del temor a la presidencia de Trump a la vuelta del creciente miedo al final nuclear. El primer episodio de la temporada muestra muy bien esto (siempre con la óptica típica de American Horror Story que juega entre lo risorio y perturbador).




Los dos primeros episodios comienzan a trabajar una especie de distopía post-nuclear cuanto menos curiosa de asistir. Pero entonces llega el citado crossover con Coven y la serie no tiene ningún reparo en olvidarse de la trama que presentaba en un inicio.

Sin duda el caso de Coven es bastante curioso. Pues resultó ser una de las temporadas más "disfrutable" pero también de las más desaprovechadas. Como toda una Coven 2.0, Apocalypse se muestra como la continuación de esta entrega que continúa expandiendo su historia de brujas (y ahora brujos) a costa de "enterrar" bastante la propuesta Apocalíptica.

Mejor es el crossover con Murder House. Un enlace necesario para la trama, que no se alarga en exceso y que cierra el círculo iniciado en 2011.




Un gran problema que le encuentro a esta temporada, y que ya empezaba a notar en Roanoke es la decisión de la serie de mantener a los mismos actores en plantilla. Si bien estos encarnan nuevos personajes, si tenemos en cuenta los crossovers con Murder House y Coven (y hasta Hotel), hay actores que interpretan a hasta cuatro personajes en una misma temporada. Y lo siento, pero es algo que me quitó en bastantes ocasiones de la experiencia.

El gran acierto de esta temporada es el personaje de Michael Langdon. Encarnado principalmente por el actor Cody Fern. Él es la verdadera alma de la temporada. En sus primeros vistazos atrapa al espectador con su interpretación cuasi vampírica. Y cuando exploramos su pasado resulta bastante interesante esta aproximación al Anticristo del S.XXI... Pero, claro, recordemos que estamos ante Coven 2.0. Y la temporada se encarga de también dejarle de lado en pos de encumbrar a las brujitas.




Suelo encontrar un fallo común en esta serie al que he llegado a nombrar como "El Mal AHS". Y ese es en que parece que los guionistas se retan a ver cómo pueden fastidiar la serie en su recta final. Particularmente creo que Apocalypse se ha ganado el título del peor "Mal AHS", llegando a usar un bochornoso recurso argumental que llega a afectar a otras temporadas a parte de esta.

Al final da la sensación de que Apocalypse es un mal fan fiction y, por supuesto, la peor temporada de American Horror Story.




Lo Mejor: Su primer episodio y el dedicado a Murder House. Michael Langdon.

Lo Peor: Haberla convertido en Coven 2.0. Su recta final.




miércoles, 9 de enero de 2019

Crítica El rito de Mikael Håfström


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Antes de empezar a daros mi opinión, tengo que reconocer que las películas de exorcismos no son mi punto fuerte. No sé, tienen algo que no me gusta, me suelen parecer todas iguales y no me suelen provocar ni el más leve atisbo de terror. Aun así, me gusta ver alguna de vez en cuando, y esta se ganó su visión al estar protagonizada por el gran Anthony Hopkins.

En ella, un seminarista americano, Michael, decide ir al Vaticano para asistir a un curso de exorcismos. Allí, su fe se tambalea y se replantea su futuro religioso. Todo cambia cuando conoce en Roma al Padre Lucas, un exorcista con métodos poco tradicionales.


Tengo que reconocer que me ha gustado, y me ha parecido un tanto diferente a las demás, sobre todo porque el tema de la chica poseída tiene más cosas detrás. Me ha fascinado, por supuesto, la ambientación, sobre todo por la casa llena de gatos del Padre Lucas. ¡Madre mía, allí estaría yo en mi salsa! 

El ritmo es pausado, pero en ningún momento se vuelve lento. Va dándote la historia a cuentagotas, para llegar a desbordar totalmente el vaso en el final. Como no podía ser de otra manera, Anthony Hopkins no decepciona y está maravilloso en su papel de exorcista. A veces, me llegaba a recordar en algunas escenas a su álter ego Hannibal, no sabías por dónde iba a salir.

Si os gustan las pelis de este tipo, no os va a defraudar, y si os gusta el terror en general, tampoco, porque resulta muy entretenida. Eso sí, tampoco esperéis algo inolvidable, pero vaya, es una compañera genial para un buen bol de palomitas y una manta, qué menudo frío está haciendo.

Lo mejor: Anthony Hopkins. La casa de los gatos.

Lo peor: los tejemanejes de la Iglesia.



viernes, 4 de enero de 2019

Crítica Venom de Ruben Fleischer




Aunque el personaje tiene su origen en las primeras Secret Wars comiqueras, no nació como tal hasta los años noventa gracias a Todd McFarlene. Venom nació como EL enemigo de Spiderman, pero con el tiempo llegó a ganarse la suficiente popularidad como para protagonizar sus propios arcos argumentales y series comiqueras en diferentes encarnaciones.

Cierto que su primera versión cinematográfica en la tercera parte del Spiderman de Sam Raimi no tuvo la mejor de las suertes (como con el resto del film). Pero dejó la puerta abierta a retomar al personaje en cines. Y por poco casi lo consigue con el reboot arácnido titulado The Amazing Spiderman. Aunque el fracaso económico con la secuela dejó en el cajón el proyecto hasta ahora. Sony Pictures lo retoma con fuerza, pues con esta película pretende iniciar un Universo Cinematográfico de personajes del Mundo de Spiderman... ¿Sin Spiderman?

Está claro que suena MUY raro tener una película de Venom sin participación del trepamuros. Desde su concepción, Venom nace por su estadía en el cuerpo de Peter Parker. Eliminar todo esto ya limita mucho al personaje. Pero siempre hay formas de afrontar bien las cosas. En algunas declaraciones, el director Ruben Fleischer aseguraba que se había inspirado mucho en la figura del Hombre Lobo para realizar el film. Y está claro que un enfoque más de película de terror con monstruo podía compensar con creces el no tener presencia arácnida... Claro está, la cosa no fue por esos derroteros.




¿Os acordáis de Life de Daniel Espinosa? La película de terror espacial de la que se llegó a decir que se trataba de la precuela secreta de esta Venom (ambas son de Sony Pictures, comparten formas de vida alienígenas que parecen primas hermanas y los trailers de Life llegaron a usar imágenes del trailer de Spiderman 3 de Raimi). Pues, aunque esta teoría sigue sin ser cierta, Venom aún juega bastante con este concepto en su primera parte con la dichosa Fundación VIDA (Life en inglés). ¿Por qué salgo con esto? Pues porque resulta ser lo más interesante en la mayor parte del metraje. Lo que nos ofrece la película es un argumento que parece más bien sacado de la era pre-Marvel Studios. Simplista y basado en el esquema más tosco de "Peli de Orígenes" de, en este caso, antihéroe.

Lo peor es que la cosa no mejora cuando se presenta a Venom como tal. Cierto que se hace menos pesada (sigue siendo una gozada ver a Venom... aunque sea el que nos presenta esta película), pero la propuesta sigue avanzando como un pollo descabezado. Pues es evidente los recortes en el metraje y los conflictos a la hora de enfocar el tono de la película. Se sabe que la propuesta nació con vistas a ser una película R que explotase el lado más oscuro de este personaje. Pero a mitad de proyecto la cosa cambió de rumbo tratando de hacerla más "amigable" (se habla de hasta 40 minutos de recortes). Es cierto que ahora que se sabe que la cinta ha cosechado más de 800 millones de dólares no se puede cargar demasiado contra Sony por esta decisión. Pero es innegable admitir que en la valoración de la película, esto afecta al visionado. A ratos da la sensación de que el film quiere andar por derroteros más salvajes pero al otro se contiene para no salirse del escueto esquema argumental y el "family friendly".




Las pasables escenas de acción, junto al cantoso, por momentos, CGI, parecen querer remitirnos a propuestas del género de la pasada década.

No sabemos si es por culpa del éxito de Deadpool, pero me gustaría saber de quién fue la idea de convertir al simbionte en un Mr. Gracietas. El humor está bastante presente en la película. Por supuesto, humor bastante chusco que acaba siendo la mayor baza de la película le pese a quien le pese. Y en medio de este caos tonal nos encontramos a un Tom Hardy que se ve inmerso en esta locura. A su Eddie Brock se le puede encontrar destellos del Jim Carrey más histriónico. Y lo más increíble es que uno agradece esto tras no tragar la versión del personaje que presenta la película en su inicio. Se siente la pasión e interés de Hardy por sacar adelante la película a cualquier costo. Y, desde luego, es el que mejor sale del cast. Porque poco se puede decir de una anodina Michelle Williams que protagoniza la terrible parte romántica de la película (un curioso triángulo amoroso si contamos a Venom), o del villano empresarial de Riz Ahmed que, aunque en sus primeros compases trate de encontrar su propia entidad, el mismo film se encarga de anclarlo en el cliché. Es curioso ver que a estos dos personajes se le otorga un mismo elemento que en vez de hacerlos más interesantes, lo único que hacen es desprestigiarlos aún más.




Es frustrante que la película, en sus últimos 5 minutos, muestre lo que debería haber sido en todo el metraje. Dando la sensación de que nos hemos tragado un insulso y extenso trailer de lo que será Venom 2 (a lo que se le une la primera post-créditos). Pero como ya he comentado, las ganancias con esta película aseguran la secuela y, al menos, la siguiente entrega de este particular Universo Cinematográfico: Morbius, el Vampiro Viviente. De estas dos películas espero que Sony confíe de verdad a la hora de no suavizarlas y ofrecer una opción más salvaje e irreverente a lo que nos tiene acostumbrado el género.

Puede que esta película llegue a entretener a quien solo quiere ver a un Venom en live-action (que ya se ve que no son pocos). Pero a la hora de valorar el conjunto es imposible no meterla en el mismo saco de vergüenzas del género como Catwoman, la Daredevil de Ben Affleck o Los 4 Fantásticos de Josh Trank.




Lo Mejor: Aunque sea a modo de imitador de Deadpool y contenido por la calificación, sigue siendo una gozada ver a Venom en acción.

Lo Peor: Los problemas tonales y argumentales que no se perdonan a estas alturas del género.



lunes, 31 de diciembre de 2018

Crítica El resplandor de Mick Garris



Todos hemos leído, visto u oído, al menos, hablar de El resplandor, una historia creada por el maravilloso y terrorífico Stephen King. Todos tenemos en la mente al pirado de Jack Nicholson con un hacha en la mano persiguiendo a su familia. Pero no hoy no vengo a hablaros de esa adaptación, sino de otra que hicieron años después, dirigida por Mick Garris e interpretada por Rebeca de Mornay y Steven Weber. Se trata de una miniserie de cuatro horas de duración que fue estrenada en el año 1997.

Jack Torrance es un escritor alcohólico (o ex alcohólico, pues lleva seis meses sin beber) que se va con su mujer Wendy, y su hijo, Danny, al Overlook, un hotel en las montañas. Tienen que permanecer allí todo el invierno y mantener la caldera a punto, ya que los inquilinos no llegan hasta la temporada de verano. La familia estará allí incomunicada y aislada, pues las fuertes nevadas harán imposible que nadie salga ni entre al Overlook. Danny es un niño que posee "el resplandor", por lo que los fantasmas del lugar lo acosarán, e intentarán que Jack mate a su familia.


La verdad es que resulta aterradora en varias ocasiones y por distintos motivos. Está el terror humano, el mismo que tenía King cuando escribió la historia: el miedo a que Jack Torrance volviese a beber e hiciese daño a su familia. Luego está el terror más físico, que es el que pasamos, por ejemplo, cuando las figuras de arbusto se acercan a Danny, o cuando algún fantasma lo ataca. También sentimos el miedo de Wendy, que tratará de proteger a su hijo de la locura de su padre.

"Si todos los hoteles tenían un fantasma, el "Overlook" tenía todo un aquelarre de ellos".

La ambientación es alucinante. De hecho, está rodado en el mismo hotel en el que se alojó King para escribir la novela homónima, el hotel Stanley. Es tan grande, tan terrorífico, tan lleno de macabras historias... que me encantaría aceptar el trabajo de Jack Torrance  y perderme entre sus pasillos durante unos cuantos meses.

A pesar de durar casi cuatro horas, se pasa en un suspiro. Es una adaptación muy fiel a la novela (más que la película protagonizada por Jack Nicholson a la que, por ejemplo, le cambiaron totalmente el final) y refleja muy bien todo lo que el autor pretendía al escribirla.

Un ejemplo más de que el equipo Garris/King funciona a la perfección.

Lo mejor: los arbustos. El personaje de Hallorann. El Overlook. El cameo de Steve.

Lo peor: el niño, a veces me daba repelús.





sábado, 22 de diciembre de 2018

La Sala Común: Into The Dark-Pooka




Para un servidor, Into The Dark no empezó para nada bien. Ni The Body ni Flesh and Blood me funcionaron para presentar esta propuesta de terror antológica que esperaba que fuese la sucesora espiritual de Masters of Horror o Terror en Estado Puro... Por suerte, y como bien dice el dicho, a la tercera va la vencida.

Con Pooka, Into the Dark por fin muestra el potencial de realizar largometrajes televisivos amparados por la mismísima Blumhouse.

En su premisa la historia de Pooka puede sonar a simple, pero nada más empezar el visionado de la propuesta, uno ya empieza a sospechar que esto es mucho más de lo que se ve a simple vista. Por lo tanto, no escribiré mucho más acerca de este punto para no fastidiar la experiencia.




Por fin se aprovecha de verdad la festividad que da a pie al episodio. La Navidad en Pooka es más que un adorno argumental. Pues uno puede llegar a ver en perspectiva esta historia como una perturbadora revisión de Cuento de Navidad (no por nada, se hace referencia directa a la obra de Dickens en la primera parte del episodio).

También hay por fin una puesta en escena con verdadera personalidad. Ojo, porque la iluminación del episodio tiene más relevancia de lo que uno puede llegar a pensar en un inicio.

Tras las cámaras también se nota la mano de un buen cineasta. Nuestro paisano, Nacho Vigalondo, coge bien las riendas de un relato que, aunque no es de su autoria (el libreto lo firma Gerald Olson), sí muestra bastantes elementos habituales en la filmografía de Vigalondo.



Pooka está lleno de simbolismos y dobles lecturas. Empezando por el propio personaje que da título al capítulo. Directamente sacado del folklore celta y que en esta historia también posee esa particular dualidad. Por supuesto, el simbolismo del personaje va más allá de ser un remedo de Furby (fijaos en lo particular que es ese rostro) y de ir personificando el descenso a los infiernos del personaje de Nyasha Hatendi.

Pooka es un estupendo relato de suspense y terror psicológico navideño que, por supuesto, pide un mínimo de interés del espectador para descubrirse como se debe. Y supone, lo que espero que sea, la primera gran muestra de lo que Into The Dark puede ser.




Lo Mejor: Todos los simbolismos y dobles lecturas.

Lo Peor: Que Vigalondo no haya tocado el guión para ver si sorprendía aún más.