Castle Rock Asylum

Bienvenidos a la locura.

I Convocatoria Literaria de Castle Rock Asylum

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Psicofonía: Love Rollercoaster (Ohio Players)ybaby

Por Chica Sombra.

La Sala Común: Devilman Crybaby

Por Rubén "Reaper" GonzáleZ.

Lydia, de Liss Evermore

Reseña por Rain Cross.

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lunes, 19 de febrero de 2018

La Sala Común: Channel Zero No End House





El 5 de octubre de 2011, el canal FX emitía el primer episodio de American Horror Story. Una serie antológica de terror ideada por Ryan Murphy que buscaba refrescar el género y darle un buen hueco en la pequeña pantalla. Recurrentes temas como las casas encantadas, los asesinos en serie, las brujas... se abarcaban desde diferentes puntos de vista o sufrían una nueva vuelta de tuerca. Por desgracia, el tiempo le ha pasado bastante factura a la serie. Y las últimas temporadas o se han acomodado o han sufrido severos bajones de calidad. Siendo el más sangrante el de la última temporada: Cult. Donde la serie decidió explotar una sátira política y un tono más cercano a un thriller terrenal (aunque, eso sí, con las señas de identidad y mala baba características de American Horror Story), sacrificando bastante el terror que tanto había buscado reinventar en sus primeras temporadas.

No han sido pocas las series surgidas a raíz de la propuesta de Ryan Murphy y que buscaron hacerse con este caramelito televisivo. Pero por una u otra razón, todas se veían eclipsadas por American Horror Story... hasta la llegada de Channel Zero.

Es realmente curioso que tras esto nos encontremos el canal Syfy. Servicio que suele buscar el entretenimiento fácil o insulso antes que la calidad. Aunque cuando descubrimos que el artífice de este proyecto es en realidad Nick Antosca, la cosa comienza a tener sentido. Este escritor y productor ha estado implicado en grandes series como Hannibal, en la popular Teen Wolf y fue responsable del guión de El Bosque de los Suicidios. Y ha tenido buen ojo a la hora de encontrar el tema sobre el que giraría su serie antológica: Los Creepypastas.




Las leyendas urbanas de toda la vida encontraron en internet el mejor medio de difusión posible. Lo que hace décadas tardaba en llegar en boca de alguien que aseguraba la veracidad de la historia en nombre del amigo de un amigo suyo. Cualquiera, en cualquier parte del mundo, podía descubrirlo con tan solo dar un click. Las clásicas historias de se actualizaron al nuevo milenio. Las maldiciones ya vienen ligadas a videojuegos o series de televisión, los recurrentes hombres del saco se amoldan a los grotescos gustos de una sociedad que ya se encuentra bastante acostumbrada al terror y las atrocidades...

Desde luego, los creepypasta son una excelente materia prima. Y Antosca fue plenamente consciente de ello cuando realizó Candle Cove. La primera temporada de Channel Zero que se basa en el creepypasta homónimo sobre un misterioso y siniestro programa de marionetas que algunos creen haber visto durante su infancia. Pero al preguntar a sus familiares por este asunto, no pueden más que extrañarse al recordar que esos niños solo miraban una televisor sin señal.

Candle Cove jugaba con una premisa de lo más atractiva. La atmósfera estaba bien lograda y era realmente opresiva. Pero lo cierto es que el mayor problema de la serie (y por la cual casi abandono el proyecto) fue su ritmo. Uno que pasaba de ser lento a agónico. Algo en verdad cuestionable al ser una temporada compuesta por tan solo 6 episodios. Aún así, nadie puede negar que Candle Cove fue uno de los visionados más terroríficos de 2016 (y lo cierto es que contiene algunas de las escenas más aterradoras vistas en años en este género).

No con cierto temor me adentré en la segunda temporada de esta serie. Aunque aclaro desde este momento que he salido más contento que con mi experiencia que con Candle Cove. Considero que No End House SÍ que es el mejor ejemplo de lo que quiere (y puede) mostrar Channel Zero: reinventar el terror.




Ya solo en su primer episodio, No End House no deja de dar constancia de ello. La temporada se basa en el creepypasta homónimo sobre una casa encantada itinerante en la que los atrevidos visitantes se adentrarán en las entrañas del lugar mediante puertas (a cada cual más aterradora que la anterior). La serie desde luego que da varios giros a este concepto y perfecciona la premisa inicial. Hay algo en verdad inquietante en ver cómo los personajes son invitados, mediante un vídeo enviado a sus teléfonos móviles, a una casa encantada que se traslada a diferentes ciudades durante un tiempo. Si hasta ahora eras tú el que se adentraba por propia voluntad en lo Desconocido, ahora es la Desconocido lo que te busca.

La cosa no deja de mejorar al adentrarse en la casa. No End House no tarda en imponer su característica y opresiva atmósfera. Además de dejar clara su propuesta de un terror más experimental y sensorial. Lo que va en aumento durante los próximos episodios, en los cuales la Casa Sin Fin demuestra de lo que es capaz (aunque, lo cierto, es que podría ofrecer mucho más).

Hay un drástico cambio generacional en el reparto de esta temporada. Si Candle Cove parecía querer buscar un público más cercano a la edad de sus protagonistas, da la sensación de que No End House busca hacer lo propio con las nuevas generaciones. El cast está prácticamente compuesto por adolescentes. Ojo, que esto no resta seriedad al conjunto. Aunque es cierto que el tono y los problemas se amoldan bastante a la edad de sus personajes.




Este "rejuvenecimiento" no impide que No End House no pueda contar con un actor más veterano que ensalce el reparto. Y desde luego, la participación de John Carroll Lynch es de agradecer. Su personaje es pieza clave en el desarrollo de la historia. Y a lo largo de los episodios podremos verlo pasar de lo más encantador a lo más terrorífico e cero coma. No por nada, nos encontramos ante el Payaso Twisty de la cuarta temporada de la ya citada American Horror Story.

El problema sobre el ritmo que tanto remató a Candle Cove no creo que esté presente en No End House. Por supuesto, esta nueva temporada sigue jugando con un ritmo más pausado a lo que solemos estar acostumbrados. Pero la historia nunca se estanca ni en los capítulos centrales, en los cuales, aunque de la sensación de dar vueltas sobre sí misma, siguen explotando ese estupendo terror residencial totalmente deudor de la estupenda It Follows.




En su recta final, No End House incluso se atreve a dar un gran salto temático alcanzando unos niveles de dramatismo que hacen que el relato consiga un tono catártico de sobresaliente.

Channel Zero: No End House logra (re)encontrar al espectador con esta estupenda actualización del género propuesta por Nick Antosca que, esperamos, solo vaya a más en futuras entregas.





Lo Mejor: Resulta ser más sólida que Candle Cove.

Lo Peor: Querer que se explotase más las posibilidades que ofrece la Casa.






miércoles, 14 de febrero de 2018

La Sala Común: Buffy, cazavampiros, T.1



Aunque parezca mentira a estas alturas y con lo mucho que me gusta el terror, aun no había visto la serie Buffy, cazavampiros. Sí que he visto mil veces la película (y recuerdo que Luke Perry me tenía loca) y de niña quería ser ella, quería ponerme un bonito vestido blanco con una cazadora negra de cuero, y que cuando acabase la noche y con ella los vampiros, estuviese tan hecho polvo como yo. Dejando a un lado mis sueños infantiles, al final he empezado a ver la serie gracias a mi maridín, y hoy vengo a contaros mi experiencia con la primera temporada.

La elección de los actores me gusta, sobre todo por Sarah Michelle Gellar y Alyson Hannigan, siendo esta última mi personaje favorito de la serie. En ella interpreta a Willow, la típica chica guapa, molona e inteligente que está relegada a un segundo plano, convirtiéndose en la marginada y antisocial de la película y, por consecuente, en una amiga que me hubiese encantado tener. Eso mismo parece que piensa Buffy, pues nada más llegar al nuevo instituto tras su mudanza, se convierte en la mejor amiga de Willow y de Xander, el otro marginado de turno. Los tres se pasan la vida en uno de mis sitios favoritos, la biblioteca, pues el profesor encargado de ella tiene muchas cosas que enseñarles...



Como todos sabéis ya a estas alturas, Buffy es la elegida, la cazadora de vampiros. Sus dos amigos y el profesor no tienen ningún poder, excepto el de estar ahí para ayudarla en todo lo que sea humanamente posible. Durante los doce capítulos de esta primera temporada, juntos se enfrentarán a brujas, mujeres invisibles, demonios, vampiros o fantasmas. No, en su pueblo no se aburren...

Por si esto fuese poco, tenemos un romance sobrenatural entre Buffy y Angel, que es un vampiro. En lo último que está pensando la chica es en clavarle la estaca, aunque si es al contrario no pone muchas pegas.

Teniendo en cuenta que esta serie comenzó hace nada más y nada menos que veinte años, es verdad que a veces parece que estás metida en una máquina del tiempo, pues es una especie de Cuéntame del género. Aun así me ha encantado, es divertida, entretenida y adictiva, y tiene un montón de ingredientes que hacen que su visionado valga la pena.


Lo mejor: El capítulo de las hienas. Willow.

Lo peor: Darte cuenta de que todos hemos pasado por la edad del pavo.


lunes, 12 de febrero de 2018

La Sala Común: Twin Peaks, T.3





Aún a día de hoy, son demasiado pocos los halagos que merece la existencia de Twin Peaks (sobre todo su primera temporada). Una serie que creó escuela y que sentó muchas de las bases de las que beben las producciones televisivas de hoy en día. De hecho, sigue siendo fascinante descubrir esta serie que, aún de estrenarse hoy en día, haría enarcar más de una ceja y dar rienda suelta a desconcertados comentarios y críticas en la red.

Tenemos que situarnos en 1990. Por aquel entonces, la oferta televisiva apenas constaba de telenovelas dinásticas o tímidillas series procedimentales. Y en ese desolador momento, el canal ABC se atrevió a dar cobijo a una serie propuesta por ni más ni menos que por David Lynch. El peculiar director de cine responsable de rompedores films como Eraserhead, Terciopelo Azul o la adaptación cinematográfica de Dune. Estaba claro que Lynch, junto a Mark Frost, no mostrarían otro refrito televisivo. Y así fue como Twin Peaks llegó a las pantallas y nuestras vidas para trastocar los todos los cimientos televisivos con tan solo una pregunta: ¿Quién asesinó a Laura Palmer?




En apariencia, Twin Peaks parecía no salir de los estándares de lo ya visto (trama detectivesca, argumentos telenovelescos). Pero ya en el episodio piloto se dejó bien claro que, como el propio pueblecito que da título a la serie, esta escondía mucho más si uno escarbaba tan solo un poco en su superficie. Lynch y Frost no tardaron en proponer una mitología que caló muy hondo en el imaginario popular y que, aún a día de hoy sigue siendo objeto de acalorados debates entre los fans. En dotar de una personalidad envidiable a ese pueblo ficticio y sus particulares habitantes. En adorar irremediablemente al Agente Especial del FBI Dale Cooper (Kyle MacLachlan) y contagiarnos su gusto por el buen café y las sabrosas porciones de tarta.

Aún cuando ABC obligó a alargar la serie y infló las subtramas telenovelescas. Twin Peaks no dejó de ofrecer todas las particularidades que han logrado convertirla en LA serie de culto por excelencia. Y más teniendo en cuenta el shockeante finalazo que David Lynch rodó sin ningún temor en el último capítulo de la segunda temporada y que dejó a todo aquel que lo vio con la boca desencajada durante MUCHO tiempo. Incluso cuando años después se pudo volver a visitar Twin Peaks fue en forma de precuela para conocer los últimos días de Laura Palmer (y algo más de Dale Cooper y los misterios tras la desaparición de un compañero del FBI y las particularidades de esta organización en manos de Lynch).




Por sí solo, el regreso de Twin Peaks ya es un gran e importantísimo acontecimiento. Pero lo es más cuando uno descubre que lo hace 25 años después de la emisión del episodio final de la segunda temporada. JUSTO el mismo período de tiempo con el que el personaje de Laura Palmer (Sheryl Lee) profetiza su rencuentro con Dale Cooper en esa desconcertante sala de telones rojos.

Al canal Showtime le debemos este regreso por todo lo alto: 18 episodios (TODOS ellos dirigidos por David Lynch) con los que por fin poder volver a disfrutar de esta demencial y perfecta locura en la pequeña pantalla. Y cómo no, esta tercera temporada de Twin Peaks se ha convertido por méritos propios en el fenómeno televisivo del año pasado.

Hay algo mágico cuando uno escucha la plácida sintonía de Angelo Badalamenti y lee en los créditos iniciales Directed by David Lynch. Una de las mejores sensaciones que puede sentir un telespectador se instaura en él hasta el último segundo de cada capítulo. Y esta tercera temporada lleva esto a extremos inconcebibles.

Por supuesto, uno debe de saber que esta serie no es para él si con las dos primeras temporadas (o ya tan solo con el episodio piloto o Fuego Camina Conmigo) ha salido decepcionado. Twin Peaks es una propuesta demasiado particular y fiel a sí misma. Y ahora, con David Lynch estando totalmente a las riendas del proyecto, esto hará espantar a todo espectador mainstream que se acerque a la propuesta pensando en toparse con "otra serie más". Si tú no eres uno de ellos, pues toma asiento y disfruta de lo que Lynch quiere mostrarte. Pues este artista que llevaba 11 años sin tocar una cámara, ha vuelto con las pilas totalmente cargadas. Y eso se nota en cada minuto y escena de esta tercera temporada de Twin Peaks, que perfectamente podría considerarse como la nueva película de este director.

Sin duda, se nota la libertad que le ha otorgado a Lynch el canal Showtime. El director está completamente desatado en cada uno de estos episodios (sobre todo en el 8º). La imaginería visual y narrativa que presentó en las primeras temporadas es llevada a inesperados extremos. El pausado ritmo que Lynch suele impregnar en sus obras también está muy presente en esta tercera temporada. Pero es tan buen experto con la cámara que hasta colandote una escena fija de varios minutos de un don nadie fregando el suelo te tiene mirando fijamente la pantalla.




También se añaden nuevos elementos a la ya rica mitología de la serie (además de trabajar algo más los ya presentados). A la que incluso podemos llegar a sentir ciertos paralelismos con lo visto en algunas de las películas más emblemáticas de David Lynch como pueden ser Eraserhead o Mullholland Drive. Contribuyendo a aumentar las preguntas sobre lo que veremos en esta nueva temporada. Porque si alguno creía que Lynch se iba a preocupar de mostrarnos un despiece argumental de su obra, va listo. De hecho, esta tercera temporada revive las sensaciones que transmitió las primeras entrefas. Incluso entregándonos un final tan inquietante y desconcertante como el que mostró Lynch en el último episodio de la segunda temporada. Twin Peaks no sería la valorada obra de culto que es si lo diese todo masticadito al espectador, ¿no creéis?

25 años son mucho tiempo. Y estaba claro que no podíamos disfrutar del retorno al completo del reparto. Ya sea por el fallecimiento de algunos de los integrantes (incluso el actor Miguel Ferrer y Harry Dean Stanton fallecieron tras terminar su participación en esta temporada) o por motivos personales. Pero aún con todo, se ha logrado que incluso esas ausencias se suplan de la mejor de las maneras. Y los viejos conocidos siguen fieles a sus peculiares personajes o incluso evolucionan (y para la mejor de las maneras como en el caso de Bobby Briggs).




Pero si hablamos del reparto de Twin Peaks hay que hacerlo de sus dos grandes estrellas: Kyle MacLachlan y Sheryl Lee.

Es una gozada volver a ver al bueno de Dale Cooper tras tanto tiempo. Pero lo es aún más disfrutar del desafío actoral que David Lynch le preparó en esta nueva entrega. Pues su querido Dale en realidad apenas tiene presencia en estos episodios. No es así con los otros dos tipos de personalidades que tiene que adoptar MacLachlan. Incluso en la recta final todo se llega a amalgamar sin que el actor se vea superado.

Por su parte, Sheryl Lee vuelve a enamorarnos y meternos el miedo en el cuerpo según lo requiera la historia. Y su relación con el personaje de Kyle MacLachlan alcanza un nuevo y emocional nivel que se deja patente en la última parte del episodio final de la temporada.

Es imposible no sentir esta tercera temporada como una nueva dosis de Twin Peaks. Pero lo cierto es que Lynch ha dado un nuevo salto con este universo. Otorgándole nuevas dimensiones. No solo me refiero a lo concerniente al tema cosmológico que se trae la serie. Hablo, sobre todo, de la gran magnitud geográfica que obtiene el relato gracias a estos nuevos episodios. Ya no solo estamos limitados al cándido (a la par de siniestro) pueblecito que da título a la serie. Esta tercera temporada lleva a los personajes y situaciones a más lugares de Estados Unidos. Aunque cada episodio tiene tiempo para ampararse un poco en ese peculiar microcosmos al que se le añade envidiables participaciones del mundo musical. Esta temporada es totalmente fiel al "ADN" de la serie y no teme aportar algo de esas subtramas telenovelescas que tanto podemos cuestionar de las dos primeras temporadas, pero sin las que Twin Peaks no alcanzaría ese mimbre kitsch que tanto se ha arraigado en la idiosincrasia de la serie.




Podría parecer que la mitad de la temporada se estanca. Seguramente todos coincidan en que es por la trama de Dougie. Pero si uno se molesta un poco en pillarle el punto puede que la disfrute como la clara y mordaz crítica que Lynch lanza sobre la sociedad actual, el mundo empresarial y las relaciones humanas. Esta trama también viene a imponer el inconformismo del propio Lynch a no atarse ni amoldarse a los parámetros habituales de la televisión. Porque, sin duda, esta nueva temporada de Twin Peaks, resulta ser de lo más necesaria y refrescante para el panorama televisivo actual. El verdadero Retorno de una gran serie que seguirá dando de qué hablar durante mucho más tiempo aunque Lynch y Frost no realicen una nueva temporada. Porque Twin Peaks no busca ser simplona y condescendiente para con el espectador. Twin Peaks busca a espectadores que no se frustren con preguntas que quizás no necesiten respuestas. Que no teman escuchar a un leño o adentrarse en una sala roja fuera del Espacio y del Tiempo para compartir una taza de café con entidades que hablan y bailan al revés. Porque así es Twin Peaks y así es como queremos que sea.




Lo Mejor: Volver a tener Twin Peaks.

Lo Peor: Volver a quedarse sin Twin Peaks.






viernes, 9 de febrero de 2018

Crítica The Cloverfield Paradox de Julius Onah




En 2008, J.J. Abrams nos presentaba una película que, como la mayoría de proyectos en los que se implica, estuvo rodeado de secretismo hasta el momento de su estreno. Cloverfield (aka Monstruoso) resultó ser un buen film rodado en clave de found footage sin caer en los errores y manías que suelen poblar esta vertiente del cine de terror que tanto se explotó por aquel entonces. Además de poder considerarse una Kaiju-Eiga americano que nada tenía que envidiar a las propuestas originales niponas.




No fue hasta 2016 cuando Abrams nos volvía a coger a todos por sorpresa al revelarnos que Cloverfield tendría continuación y crearía un Universo Cinematográfico con Calle Cloverfield 10. Película que hasta un mes antes de su estreno se conocía por un título diferente. La película resultaba ser un notable y asfixiante film de suspense en cuya recta final podíamos encontrar la mayor "conexión" con el film dirigido por Matt Reves (La Guerra del Planeta de los Simios, Déjame Entrar) y que, en realidad, jugaba en su contra a la hora de valorar la película (que aún así seguía siendo de lo mejor que dio ese año). 

Aún con todo, era imposible no sentir gran curiosidad por esta franquicia que ya confirmaba dos entregas más. La conocida por el título La Partícula de Dios generó gran interés debido al mayor presupuesto puesto en él, en el gran elenco y en la trama que nos sitúa en el espacio. Como en las demás ocasiones, el secretismo acompañó a la producción que, a medida que se acercaba la época fijada para su estreno en cines, seguía sin mostrar nada de material promocional. La cosa alcanzó el culmen cuando en los trailers del final de la SuperBowl se lanzaba el trailer de la película en el que se descubría el cambio de título y que su estreno era directamente en Netflix a partir del lanzamiento del avance. Desde luego un hecho que ha dado bastante de hablar sobre el servicio de streaming y lo que esto puede suponer en el continuo debate sobre cómo estas plataformas pueden afectar al cine de sala. No me gustaría pararme mucho en este tema aunque no me ampare ni el lado más alarmista ni en el más optimista del debate. Comentar rápidamente que nadie puede negar que la idealizada experiencia de asistir al cine lleva un buen tiempo bastante afectada por cuestiones como las monetarias. Pero, sobre todo, por las sociales. Podría escribir párrafos y párrafos de mis terribles experiencias cinematográficas (incluso tratando solo sobre las del año que acaba de empezar) por culpa del tipo de espectador que se deja caer para nuestra desgracia por las salas de cine de nuestro país (y, por supuesto, por las del resto del globo). En esos momentos suelo pensar bastante en los visionados que realizo en la comodidad de mi salón gracias a Netflix y claro, es imposible que me oponga con rotundidad a que servicios como este me ahorren esta clase de disgustos. Pero que quede bien claro que la experiencia de pasar por las salas de cine sigue siendo una práctica que tampoco estoy dispuesto a abandonar.




Aclarado esto, comentar que la verdadera razón detrás de la decisión por parte de Paramount Pictures de vender los derechos de distribución de The Cloverfield Paradox al gigante del VOD obedecen a las opiniones negativas generadas durante los pases de prueba del film y que avecinaban un tropezón en taquilla. Y una vez vista The Cloverfield Paradox uno no puede más que admitir esta película se puede salvar al verla en casa. Pero desde luego, de haberse visto en cines seguro que la opinión general iba a tirar del todo por lo negativo.

Es cierto que The Cloverfield Paradox engancha y convence en su primera media hora. La propuesta se muestra de lo más apetecible y se desarrolla de buena forma... Pero la cosa no continúa así por mucho tiempo. Muy pronto todo cae por su propio peso para nuestra desgracia, aunque logra mantener un poso de interés y un ritmo lo suficientemente decente como para que uno pueda finalizar la película

Uno de los grandes problemas del film es el no decidirse por el tono de la propuesta. A lo largo del metraje vemos como The Cloverfield Paradox transita por todas las vertientes del cine de ciencia ficción (desde los más serios como Interstellar o Gravity hasta partes dignas de la Serie B más telefilmera). Si ya de por sí la premisa nos remonta a unos cuantos films del género, todo este carrusel temático termina por quitarle prácticamente toda la personalidad a la película (hasta Life logró superar la alargada sombra de Alien: El Octavo Pasajero). Esto se suma al diseño de producción que, aunque notable, resulta ser bastante simple y más parecido a lo que uno podría encontrarse en una serie de televisión (resulta harto curioso que esta película venga precedida por el estupendo episodio USS Callister de la cuarta temporada de Black Mirror) y no en una película multimillonaria.




Aunque es cierto que el reparto es de lo más solvente, lo que no ayuda es la pésima caracterización de los personajes. Quienes, además, vienen predefinidos por sus diversas nacionalidades que dan a pie a varios forzados conflictos entre ellos. Ni siquiera la protagonista, encarnada por la actriz Gugu Mbatha.Raw, puede justificar su transfondo dramático que acaba indigestando bastante.

Hablando de su conexión en este particular Universo Cinematográfico, hay que admitir que esto no funciona tan en su contra como en el caso de Calle Cloverfield 10, pero es cierto que estos guiños y referencias pueden sentirse algo forzados o gratuitos (esa escena final...). O incluso llegan a lastrar bastante el conjunto (se da una subtrama terrenal que quita bastante atención de lo que ocurre en el espacio. Y lo peor es que tampoco va más allá de su labor de conexión). Es imposible no pensar en que la propuesta de Julius Onah era en su origen completamente independiente a todo lo relacionado con Cloverfield (y así ha sido). Pero está claro que Abrams vio las posibilidades en ella y no dudó en ultimar todo para integrarla a su franquicia. Y lo cierto es que aunque aún queden multitud de preguntas por resolver, The Cloverfield Paradox acaba proponiendo un elemento que conecta las tres películas de mejor manera que cualquiera de sus "hermanas". Por desgracia, no se va más allá, ni por un lado ni por otro, de poner en pantalla esta idea que apenas nos da unos cuantos ocurrentes momentos a lo largo del film que se pueden contar con los dedos de la mano.




The Cloverfield Paradox resulta ser bastante decepcionante tanto para el seguidor de este Universo Cinematográfico como para el espectador ajeno pero fan de la ciencia ficción. Pero el tenerla en una plataforma como Netflix, logra que el visionado no se haga tan cuesta arriba y termine por funcionar como película de evasión

Desde luego, The Cloverfield Paradox no le ha dejado las cosas nada fáciles a la próxima película del "Cloverfieldverso", Overlord. Aunque en los pases de prueba ha logrado opiniones bastante positivas. Seguramente esto se deba al estar tan alejada (temporalmente hablando, pues se sitúa en la Segunda Guerra Mundial) de las otras entregas.




Lo Mejor: La primera media hora.

Lo Peor: La zozobra temática y el desaprovechar la subtrama terrestre.






miércoles, 7 de febrero de 2018

Psicofonía: Love Rollercoaster (Ohio Players)



Imaginad que estáis escuchando una canción y que a mitad de esta suena un grito. Imaginad que ese grito no formaba parte de ella, sino que es el último de una mujer que está siendo asesinada. Ahora escuchad Love Rollercoaster y eso es lo que encontraréis. Macabro, ¿verdad?

Según cuenta la leyenda urbana alrededor de este tema de Ohio Players, el grito fue emitido por la modelo de la portada del álbum que, cómo no, sale impregnada en miel. Al parecer, esta miel reaccionó mal con el material sintético en el que se encontraba la modelo, y se le quedó pegada al cuerpo. Al tratar de quitársela, se llevó también la piel. Cuando la chica se disponía a quejarse al grupo, que en ese momento estaba grabando en el estudio Love Rollercoaster, fue apuñalada por el mánager, siendo su grito grabado junto al tema.

La banda comentó que el grito formaba parte del tema, queriendo emular a los emitidos en las montañas rusas. Pero es cierto que, si escuchas el tema de estudio, te das cuenta de que ese aullido es de puro dolor, de puro sufrimiento.

¿Será cierto o toda una estrategia de márketing?



viernes, 2 de febrero de 2018

La Sala Común: Devilman Crybaby





Netflix le ha cogido mucho gusto al anime. En estos últimos años el gigante del VOD no solo ha distribuido internacionalmente series de animación japonesas como Knights of Sydonia o The Seven Deadly Sins. Han realizado una adaptación en formato largometraje de Blame! el manga de Tsutomo Nihei. "Engordado" su catálogo con animes como Noragami, las dos series de Fullmetal Alchemist, Desaparecido, Ataque a los Titanes... E incluso su adaptación de Castlevania tiene un apartado artístico que bebe directamente de este tipo de animación. Ahora van un paso más allá al realizar un anime completamente original que tiene como protagonista a uno de los personajes creados por Go Nagai.

Mejor conocido por ser el creador de Mazinguer Z. Go Nagai creó al mismo tiempo otro personaje que fue bastante opacado por el querido robot gigante. Pero que sin duda se muestra bastante más interesante y que, aún con todo, ha dado pie a una longeva franquicia que lleva desde los años setenta dando mangas, animes y películas sobre Devilman.

Al igual que Mazinguer Z con su película Infinity. El comienzo de este año da la oportunidad al otro gran personaje de Nagai de volver a la acción. Y esta vez lo hace con un buen lavado de cara y con la ventaja de servir como carta de presentación a los profanos, además de readaptar la historia ya conocida por los ya fans del personaje.

Con Devilman Crybaby, Netflix ya se ha apuntado uno de los grandes tantos de este año. Y los diez episodios que componen esta serie son, además, de lo mejor visto en mucho tiempo en el terreno del anime.




La premisa puede antojarse bastante conocida. No por nada, nos encontramos ante un remake de una obra que data de los años setenta. Pero esto no juega para nada en su contra. Devilman Crybaby es plenamente consciente de sus orígenes (hasta hace que la serie animada original exista en el mundo que presenta), pero no por ello da la espalda a toda esa renovación y exploración de nuevos horizontes que ofrece este proyecto. De hecho, tras la dirección de esta serie nos encontramos al mismísimo Masaaki Yuasa. Visionario director, guionista y animador que no deja de ofrecer extraordinarias y experimentales experiencias animadas. Con Devilman Crybaby, Yuasa tampoco pierde la oportunidad de aportar su particular visión que se amolda a la perfección para con la trama. Su diseño y animación puede parecer que peca de simplista. Pero el director busca un minimalismo que realce los grandes y espectaculares momentos que nos esperan en los diez episodios del anime.




Devilman Crybaby nos remite a esa gran invasión anime datada entre los ochenta y noventa. Cuando en los videoclubs podían encontrarse películas animadas japonesas (OVA´s) en las que primaban un contenido erótico y sangriento totalmente explícito. De hecho, en esta oleada nos llegaron unas Ovas de Devilman que daban a conocer al personaje y su historia al resto del mundo. Este nuevo anime también presenta, en gran medida, estos elementos, por lo que conviene remarcar que no nos encontramos ante un producto para todos los gustos ni estómagos. Aunque que esto no induzca a error. Porque Devilman Crybaby no es un vacío espectáculo de sangre y pechos animados. Esta obra explora de mejor forma los mimbres morales y existencialistas que Go Nagai tan solo pudo presentar tímidamente en la obra original. En manos de Yuasa, esto se presenta y trabaja de excelente forma. Alcanzando un bello y desolador clímax que llega a recordar al mostrado por Hideaki Anno en su The End of Evangelion.




La recurrente imagen de Devilman no pudiendo evitar derramar lágrimas, dejando patente lo humano que es a pesar de su diabólico aspecto y poderes es el gran ejemplo de este emotivo tratamiento que se le ha querido dar a la franquicia con esta serie.

Es cierto que la duración de diez episodios y los veintipocos minutos que dura cada uno ayudan a que la serie se consuma en un abrir y cerrar de ojos. Pero el ritmo de Devilman Crybaby ya es de por sí bastante dinámico. Algo que también se traslada a la fluida animación. Y aunque el guión suela ir bastante al grano, saca algo de tiempo para presentar y desarrollar de buena forma al diverso plantel de personajes que rodean al protagonista.




Gran parte de la labor de actualización de esta obra se debe a su BSO y soundtrack. Las cuales conjugan música techno y rap con ominosas y epicas sintonías. El resultado es el perfecto acompañamiento de la estupenda animación ya citada.

Además de ser una estupenda actualización de un clásico del manganime, Devilman Crybaby demuestra ser por méritos propios uno de los mejores animes que podemos encontrarnos actualmente. Y todo un ejemplo a seguir si Netflix quiere continuar realizando este tipo de proyectos.




Lo Mejor: Que pueda ser disfrutada tanto si eres conocedor como desconocedor de la franquicia.

Lo Peor: Que se la pueda denigrar por su alto contenido explícito.