Castle Rock Asylum

Bienvenidos a la locura.

Turno de Noche, de Ramsey Campbell

Reseña por Zanbar Bone.

Cortometraje Mom, de Ferrán Brooks

Crítica por Rain Cross.

El terror en la mochila: Sanatorio de Sierra Espuña (Murcia)

Por Chica Sombra.

La Autopsia de Jane Doe de André Øvredal

Crítica por Rubén "Reaper" GonzáleZ.

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lunes, 29 de mayo de 2017

Reseña Turno de Noche, de Ramsey Campbell




The Overnight
Ramsey Campbell
2008, Reino Unido

Un grupo de trabajadores de una librería grandota (tipo La casa del libro, spam, spam...) se ven obligados a cubrir un turno nocturno debido a la inminente visita de los dueños de la empresa. Todo debe estar perfecto al día siguiente, pero desde un principio es fácil adivinar que no va a resultar nada fácil, debido a la concurrencia de pequeños contratiempos (llamadas misteriosas, pedidos que se extravían, reclamos publicitarios con erratas, libros que se estropean...), unida a la constante tirantez entre el encargado y los propios trabajadores, y a la persistente niebla que envuelve el recinto comercial.

Opinión de Zanbar Bone:

No me la recomendaron, no la conocía. La saqué de la biblioteca pública de Elche en una de mis búsquedas de estantería, que consisten en pasearme por la sección de literatura e ir sacando novelas que parezcan estar escondidas, que tengan una portada llamativa o una sinopsis inquietante, o que al abrirlas sus páginas huelan bien.

Tampoco había leído nunca a Ramsey Campbell y la portada resultaba un tanto abstracta, misteriosa, pero no decía demasiado. La editorial (La factoría de ideas) sí la conocía por mi época rolera y por haberles enviado algún que otro manuscrito (al menos era de las que respondían). Pero oye, la sinopsis resultaba atrayente, y por una vez me dejé engatusar por las tonterías comerciales que siempre suelen estampar en las cubiertas; en este caso ahí afirmaban que Campbell era el Stephen King británico. Casi nada.

He de decir también que antes que el propio autor yo había escrito una novela con el mismo título (mucho más floja y que no he llegado a publicar), y con eso también ganó puntos, y bueno, pues vamos a ver qué tal, pensé, ya sentado en el sofá en uno de esos escasos ratos libres entre semana.

No es una lectura del todo digerible al principio, y tiene poco que ver con el estilo de Stephen King (este tiende a enrollarse, a meter muchos recuerdos y pensamientos mientras poco a poco te va seduciendo con su narración). Ramsey tira más de estilo, de recursos literarios, conectando cualquier insignificante detalle descriptivo con un estado anímico. Su uso de la metáfora es brillante, mucho más elaborado que la media.

A poco que leáis al autor, os daréis cuenta de que destaca por la forma minuciosa en la que cualquier leve movimiento de luces y sombras en la escena os va a llevar de la mano hasta la siguiente descripción, que a su vez enlazará con un particular estado psicológico. Pero sobre todo destaca por lo tensas que son sus conversaciones.

Ese último rasgo característico de la literatura de Campbell funciona  a las mil maravillas en esta historia. Cada conversación está cargada de indirectas, de preguntas tendenciosas, de malentendidos y de violencia contenida. Os pondrá frenéticos, y aunque en otras novelas del autor no produce el mismo efecto (quizás resulte menos creíble que todos los personajes sean igual de bordes todo el tiempo) en el contexto de esta trama, en la que algún tipo de influjo hace que los personajes entre en conflicto constante, sí que encaja a la perfección.

De hecho, si la historia me atrapó fue precisamente por esto, por cómo transmitía a la perfección la forma en que vivía cada personaje, desde su particular perspectiva, la relación con los demás y con ese centro comercial oscuro, húmedo y opresivo donde se halla la librería.

Reconozco que la primera lectura de la novela no me dejó la sensación de que acababa de acabarme una obra brillante, pero sí que me dejó huella, una cierta reminiscencia que con el tiempo me llevó a releerla, y os puedo asegurar que en esta segunda ocasión la nota subió del notable regulero al sobresaliente.

Puede resultar repetitiva la forma en que poco a poco los trabajadores se van aislando de sus compañeros y se van sumiendo en una penumbra cenagosa, dado que son muchos y las situaciones no difieren demasiado entre sí, salvo excepciones. Sin embargo, la atmósfera que consigue el autor y la riqueza de sus recursos estilísticos me atrapó, hizo que me sumergiera en el mismo lodo que los personajes (spoiler). Además, los conflictos, pese a la urdimbre sobrenatural que hay de trasfondo, son de lo más convencionales y creíbles, solo que llevados a ese extremo de tensión que tan bien reproduce el autor en cada una de sus conversaciones, en donde hasta un simple saludo puede irritar al interlocutor.

Varias de estas situaciones además se hilvanan a la perfección con el misterio que subyace a lo que está ocurriendo en esa librería y en todo el recinto donde se asienta. ¿Qué harías tú si tu encargado no hiciera más que vigilarte desde su despacho mientras te va dando órdenes por megafonía y cuestionando tu trabajo a cada momento? Como mínimo te pondrías de los nervios, ¿no? ¿Y cómo reaccionarías si al regresar a tu sección alguien hubiese desordenado los libros que has estado colocando durante una hora?

Sin un protagonista claro, uno de los elementos más destacables de la novela es precisamente que al final vas sufriendo por todos y cada uno de ellos, porque te preguntas si alguno sobrevivirá a esa noche, si a todos les va a pasar lo mismo. Además, y esto es otro rasgo diferenciador con respecto a Stephen King (ya que en la publicidad se empeñaron en compararlo), los finales de Ramsey no son nada apoteósicos, no hay una gran lucha contra algo sobrenatural ni se desvela del todo lo que sucede, sino que las situaciones, por lo demás nada disparatadas, van degenerando hasta que al final solo quedan... bueno, los personajes. Al menos algunos de ellos.

Y eso es lo que voy buscando yo en algunas historias de suspense o de terror, no irme con la desapacible sensación de que no hay esperanza, sino de que al menos quedará alguien vivo cuando amanezca...


Para saber más: 

viernes, 26 de mayo de 2017

Crítica Cortometraje Mom, de Ferrán Brooks



Sinopsis: 

Un hombre vive aislado, atormentado por su pasado, huyendo de él. Pero el pasado siempre regresa y alguien lo encuentra para recordarle la bestia que lleva dentro.


Opinión:

¡Otro corto que visita Castle Rock! Y es que le estamos cogiendo el gusto a esto del terror en pequeño formato, y del que hay que decir que se encuentran verdaderas joyas del género.

Y ésta es una de ellas.

Sin querer destripar mucho la trama, nos encontramos con un hombre solitario, triste, del que te compadeces en algunos momentos hasta ese pasado que vuelve para atormentarle.

Dirige Ferrán Brooks, el cual también firma el guión junto a Darío Vilas y Juan de Dios Garduño, dos expertos en el tema del terror, y debo reconocer que la historia es buena, muy buena.


No te esperas para nada por dónde va a avanzar la trama, y eso me encanta, y tiene un aire siniestro que acompaña las secuencias que lo hace espeluznante (el altar y la habitación con las muñecas).

La fotografía es una delicia. Pasa de ser cálida (cuando seguimos el día del protagonista) a fría (en el momento en el que empieza lo sorprendente), y los planos en blanco y negro me han parecido un acierto.

La BSO es envolvente y cumple bien su función.

Y las actuaciones. En los 15 minutos que dura la narración los actores cumplen con creces su cometido, dándoles realismo a los personajes y llegando a empatizar con ellos (primero con uno y luego, con otro).

¿Lo recomendaría?

Un corto de terror que sorprende, te deja un buen sabor de boca, y del que disfrutarás hasta el último segundo. MUY recomendable.




miércoles, 24 de mayo de 2017

El terror en la mochila: Sanatorio de Sierra Espuña (Murcia)



Hoy vengo a contaros un viaje muy especial, porque realmente me adentré entre la multitud de paredes que componen este sanatorio abandonado. Se encuentra en mitad del bosque de Sierra Espuña, en Murcia, lugar donde viví la mayor parte de mi vida. Son multitud los curiosos que lo merodean casi siempre, pero precisamente esa noche solo estábamos unos cuantos amigos y yo, quedándose la mayoría fuera, ya que, careciendo de puertas y ventanas, se oía cómo estas golpeaban con violencia sus marcos, no corriendo ni una mísera brisa de aire.

Este lugar se inauguró en 1935 para albergar a enfermos de tuberculosis, donde se cuentan que los familiares los dejaban y nunca más volvían a por ellos. Dice la leyenda que algunos ni siquiera estaban enfermos, pero acababan contagiados por esa enfermedad, y también por la locura que allí reinaba. Al parecer, tenían cámaras de tortura de donde muchos de los internos jamás salían con vida, siendo maltratados, algunas veces hasta la muerte. Precisamente, sus almas son las que dicen que a día de hoy siguen allí, gritando, golpeando paredes y puertas, e intentando salir para volver con aquellos familiares que los abandonaron a su suerte.




Mientras bajaba esas escaleras, que llevaban a las cámaras de tortura, más que miedo sentía impotencia y pena. Nadie se merece lo que esos enfermos pasaron. ¿O quizá sólo son leyendas? Nunca se sabrá, pero si queréis visitar un sitio que pone los pelos de punta, no dudéis en adentraros en este bosque hasta dar con este impresionante sanatorio abandonado, donde ya se han grabado decenas de psicofonías y donde muchos dicen haber visto a una "dama blanca" deambular por los pasillos. 

¿Te atreves?



lunes, 22 de mayo de 2017

Crítica La Autopsia de Jane Doe de André Øvredal





Seis años ha tardado el noruego André Øvredal en volver a ponerse tras las cámaras en solitario. Seguro que somos unos cuantos los que recordamos la curiosa Trollhunter, uno de los pocos mockumentarys que merece la pena ver. Y André vuelve a sorprender en gran medida con La Autopsia de Jane Doe.

Jane Doe es como se denomina en Estados Unidos a los cadáveres cuya identidad es desconocida. Uno de estos cuerpos es hallado en misteriosas circunstancias y es trasladado a una funeraria regentada por un padre y su hijo adolescente que desconocen los terribles secretos que oculta el cuerpo... ¿Sin vida?




Aunque el tema de la Muerte y el miedo a ella sea bastante atractivo de tratar, André decide pasar de ello aunque estemos rodeada de ella. Busca centrarse en lo que mueve el relato, que es la citada autopsia al níveo cuerpo de Jane Doe, y nos da una primera parte que es todo un regalo y una magistral lección de cómo hacer cine de género.

El truculento tema de la autopsia es bastante suavizado, en un principio, a ritmo de la música de la veterana radio de los forenses. Y aún así nos encontramos ensimismados observando atentamente cada corte y cada órgano extraído con el que tratar de esclarecer el misterio detrás de ese bello cadáver, al que se le suma el tono detectivesco a lo Sherlock Holmes que se trae el hijo del protagonista. Y que hace alcanzar a esta primera parte el estatus de thriller.




En todo momento de esta parte nos encontramos en la misma tensión y experimentando las mismas emociones de los protagonistas. Todo esto gracias a la estupenda labor de Øvredal tras las cámaras, a lo que se une el inmejorable escenario que es esa morgue familiar, creando una opresiva atmósfera digna de las películas de terror más clásicas o de algún relato de Stephen King o los cómics de EC.

Es cuando La Autopsia de Jane Doe entra en terrenos más sobrenaturales cuando el conjunto se resiente bastante y da la sensación de que nos encontramos ante dos películas completamente diferentes.

Aunque la revisión del ser a tratar es bastante ocurrente (lo mismo pasó con Trollhunter), esto queda opacado por un carrusel de clichés y pasajes cientos de veces vistos en el cine de terror actual que no le hacen ningún bien ni eran necesarios.




Por lo visto, André quiso realizar una película de terror más clásico al ver Expediente Warren. Para ello encontró un guión escrito por los primerizos Ian B. Goldberg y Richard Naig. Y como desconozco si todo lo que critico negativamente estaba en el libreto o viene por iniciativa propia de Øvredal, no puedo acusar con total seguridad a los responsables de hacer que esta película caiga en el fango del que, supuestamente, pretendía escapar.

Aún así, toda esta parte no entierra del todo la película y se mantiene a flote hasta ese final que nos deja con esa sensación de mal cuerpo que seguro que muchos fans del cine de terror echamos de menos.




Es necesario recalcar el gran trabajo de los actores Brian Cox y Emile Hirsch, que se complementan muy bien y logran generar una complicidad que hace que de verdad te de la sensación de que son padre e hijo. Olwen Catherine Kelly también acaba quedando en el recuerdo del espectador con su inmóvil, mudo e inquietante personaje.

Ya tan solo por su magistral primera parte, merece la pena darle una oportunidad a La Autopsia de Jane Doe. Y aunque el descenso de nivel en su segunda parte se nos antoje tan dolorosa, no impide que siga colocándose muy por encima de la mayoría de películas de terror de nueva generación.




Lo Mejor: Su primera parte y sus protagonistas.

Lo Peor: Una innecesaria segunda parte que opta por caer en los elementos del terror comercial.



miércoles, 17 de mayo de 2017

El terror en la mochila: Cortijo Jurado (Málaga)



Hoy cojo la mochila del terror para irme a un sitio que me pilla mucho más cerca de lo habitual y donde tengo mis raíces. Visito en esta ocasión Cortijo Jurado, en Málaga, la tierra de mi madre. Ya desde lejos impresiona, ¿verdad? Pues dejadme que os cuente su historia...

A finales del siglo XIX, la familia Heredia mandó construir este señorial cortijo, que les perteneció hasta los años 70, cuando la familia Jurado lo compró y le dio el nombre por el que hoy se le conoce. Tiene la friolera de 2.500 metros cuadrados con patio central, capilla y torre mirador. Y muchísimas habitaciones con la friolera de 365 ventanas, según cuentan los rumores, una para cada día del año. También tenían sótanos con pasadizos secretos, que llevaban bajo tierra a otra hacienda, donde vivían unos amigos de los dueños.  

Desde hace décadas, miles de curiosos se han internado entre sus paredes, saliendo algunos muy mal parados, como Julio, un chico de 20 años que se quedó en silla de ruedas. Al parecer, dice que algo o alguien lo empujó al fondo de un pozo, donde perdió la movilidad de su cuerpo. Otras cinco chicas desaparecieron, hallando sus mutilados cuerpos después en una zona cercana a esta vivienda. Los que las encontraron dijeron que tenían signos marcados de rituales satánicos.




Curiosidad: Durante la Guerra Civil, sus sótanos se convirtieron en los calabozos donde encerraban a los pobres hombres a los que más tarde fusilaban.

¿Os atrevéis a venir conmigo?

Fuentes:

http://www.diariosur.es/malaga-capital/201503/07/verdadera-histora-cortijo-jurado-20150306222014.html



lunes, 15 de mayo de 2017

La Sala Común: Outcast T.1



Luces entre las sombras.

Kyle Barnes es un joven que se ha visto afectado por posesiones demoníacas toda su vida. Ahora, con la ayuda del reverendo Anderson, un predicador con sus propios demonios personales, Kyle se embarca en un viaje para encontrar respuestas para conseguir tener una vida normal. Pero lo que Kyle descubre podría cambiar su destino (y el destino del mundo) para siempre.

Con esta premisa se nos presenta Outcast, serie basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman (creador The Walking Dead) y que tenía muchas ganas de ver.

El primer capítulo fue una gozada. Descubrimos a un niño poseído por un demonio (magnífica interpretación de Gabriel Bateman, al que también vimos en Nunca Apagues la Luz) y conocemos a Kyle Barnes (Patrick Fugit), un hombre al que desde niño le han perseguido los demonios y que parece tener poder sobre ellos, y al reverendo Anderson (Philip Glenister), un cura con mucho que esconder.


A medida que avanza la serie, vamos descubriendo a cuentagotas el porqué los demonios rondan siempre al bueno de Kyle, su oscuro pasado y que puede que su pequeño y aparentemente tranquilo pueblo no sea lo que parece.

La verdad es que la idea me ha encantado. Ese mundo donde los humanos y demonios conviven de alguna forma, incluso en equilibrio en algunos casos, y en el que todo el mundo tiene algo que ocultar.

También me gustó la forma en la que trata el tema demoníaco y de los exorcismos, muy poco ortodoxos, y siendo los demonios más una especie de parásitos que espíritus que poseen los cuerpos de los humanos.

Los personajes están muy bien perfilados. Kyle Barnes me encanta. Tanto la interpretación como su historia. Llegas a empatizar con él y, a pesar de que a veces te puedas llegar a enfadar sus decisiones, entiendes el motivo de ellas. El reverendo Anderson es otro cantar. Es alguien que podría parece que hace las cosas de modo altruista, pero es más egoísta de lo que parece, y a pesar de que en algunos momentos ayuda a Kyle, en muchas ocasiones es por su propio interés. Habrá que esperar a ver cómo evoluciona su personaje en la segunda temporada.
Y por último, mencionar a Sidney (Brent Spiner), al que todo augura será un gran villano y que me recuerda a Flagg de Apocalipsis de King. Habrá que seguirlo muy de cerca.


Lo qué sí he encontrado que es muy irregular. La trama empezó de maravilla y se fue desinflando capítulo a capítulo. Tiene momentos muy buenos, pero la narración se hace a veces demasiado lenta.

El capítulo final, abierto debido a la segunda temporada, está interesante, pero sigue faltándole ese toque oscuro y escalofriante que nos brindó el principio de la serie. Y debo decir que el título de ese episodio es un spoiler con patas.

A pesar de sus altibajos, Outcast me ha parecido muy entretenida, con buenos momentos, en ocasiones incluso aterradores, pero a la que le falta, al igual que la otra creación de Kirkman, algo de ritmo para acabar de engancharme.
Aún con esto, tengo muchas ganas de empezar a degustar la segunda temporada, actualmente en emisión en Fox España.

¿Y tú? ¿Quieres conocer al paria?


viernes, 12 de mayo de 2017

Crítica Nunca Digas Su Nombre de Stacey Title




Con un considerable retraso en su fecha de estreno (se estrenó en USA el pasado mes de enero) ha llegado a los cines españoles Nunca Digas Su Nombre (The Bye Bye Man). Esta película supone el regreso de la directora Stacey Title, que lleva ya once años sin tocar una cámara, y la adaptación de un relato de Robert Damon Schnek. ¿El resultado?... Pues una de las películas de terror más sosas y desganadas que un servidor ha visto en mucho tiempo.

Nunca Digas Su Nombre sigue una práctica que se lleva viendo bastante en las películas de terror actuales. Y esta es la de realizar un potente y atractivo prólogo que sea todo lo bueno de la película. Y en esta ocasión la práctica es llevada al extremo, pues la brutal secuencia de inicio tiene toda la intensidad e inquietante atmósfera que podría haber hecho brillar a cualquier producción de estas características. Pero, claro. Al finalizar nos vuelven a endiñar los jóvenes protagonistas de turno y la historia se muestra simplona y cliché. Convirtiéndose en la enésima producción de terror que espera llenar salas de condescendientes espectadores que busquen un par de sobresaltos que los mantenga atentos durante la duración de la propuesta.




La misma traducción del título en español resume la película. El nombrar al ser que acecha en la película sirve como invocación, tal como ya pasó con Beetlejuice o Candyman. Aunque en esta ocasión solo hace falta decirlo una vez y se le añade el detalle de que el nombre está formado por una despedida. Algo que impulsa el film pero que este no aprovecha (aunque esto se convierte en tónica general).

La película se desarrolla sin ninguna sorpresa (excepto por los típicos jumpscares), vaga por sendas ya cansadas de transitar por los fans del género de terror y deja una sensación de desaprovechamiento bastante preocupante. Porque está claro que la historia estaba en el personaje de Leigh Whannell y su aterrador descubrimiento y no en ese trío de universitarios. Pero aún con todo esperaríamos que aprovechasen al Bye Bye Man como para justificar el visionado, ¿no?...




Más que una criatura, se supone que estamos ante una entidad. Algo que fuerza a la gente a hacer cosas horribles y que tiene el poder para provocar terribles visiones a sus víctimas. El darle un aura de misterio no está mal, pero la cosa cambia cuando la película prácticamente no se molesta en dar forma a la mitología tras este personaje. Porque está claro que hay intenciones de convertir al Bye Bye Man en un icono del nuevo cine de terror (no es difícil encontrar su referente a batir en el Bughuul de Sinister). Pero todo cae en saco roto, y seguramente el Bye Bye Man caiga en el olvido en unos cuantos años.




A esto se le suma la pobre caracterización del actor Doug Jones (habitual en el cine de Guillermo del Toro, habiendo sido el Fauno del Laberinto o Abe Sapien en Hellboy), que se adecua más al nivel de un capítulo de la serie Sobrenatural que una película. Por no hablar de los DEPLORABLES efectos digitales que nos echan en cara. Y lo cierto es que solo son en dos elementos (el fuego y el sabueso infernal del Bye Bye Man), pero resultan bastante criticables para una película que tiene un recorrido en cines (no estamos ante un film de Syfy directo para la televisión).

Exceptuando al ya citado Leigh Whannell, el reparto apenas logra cumplir. E incluso la participación de Carrie-Anne Moss (nuestra Trinity en la trilogía Matrix) se queda en pura anécdota y en un intento de poner alguna cara famosa en el elenco.





Nunca Digas Su Nombre no se molesta ni en relucir su mayor baza (el Bye Bye Man) y ni siquiera se muestra como una opción para entretenerse (y menos, aterrarse).

La película ha manejado un presupuesto reducido y ha generado unos buenos ingresos (incluso en nuestro país seguro que La Fiesta del Cine habrá contribuido bastante). Lo que, aunado al cliffhanger con el que se despide el film, amenazan con dar a luz una secuela.




Lo Mejor: El prólogo.

Lo Peor: Todo lo demás.



miércoles, 10 de mayo de 2017

El terror en la mochila: Hotel en El Salto (Colombia)



Hoy vuelvo a coger mi mochila, que cada vez pesa más por el terror acumulado, y me voy a Colombia, a visitar un hotel abandonado desde hace 27 años. El hotel de El Salto.

Este hotel data del año 1924, cuando lo crearon, en la cima de una gran cascada, para alojar a la gran élite colombiana. Algunos dicen que la polución de las aguas fue lo que llevó este bonito hotel al abandono, pero lo cierto es que los huéspedes no querían permanecer allí y se iban, la mayoría de las ocasiones, sin completar su estancia. Muchos hablaban de fantasmas. Abocado al fracaso, cerró sus puertas en 1990.

La cascada, de 157 impresionantes metros de altura, se ha convertido en una leyenda. ¿Por qué? Porque los suicidas han hecho de este hotel, su último salto. Muchos turistas afirman que han visto los espectros de las almas en pena que decidieron arrojarse al vacío, y que encontraron la muerte en estas aguas bravas que terminan en un abismo rocoso.

Lo cierto es que el hotel está reconvertido en museo y muchos de sus cuidadores, así como expertos en temas sobrenaturales que se han acercado hasta allí, confirman lo que dicen los turistas. Al parecer, se escuchan los gritos de los pobres desgraciados que han perdido allí la vida, los (aparentemente) mismos gritos que lanzaban mientras caían hacia su elegida y segura muerte.


Fuente:

http://peru.com/viajes/noticia-de-viajes/hotel-salto-lugar-embrujado-colombia-fotos-noticia-264397



viernes, 5 de mayo de 2017

Crítica The Void de Jeremy Gillespie y Steven Kostanski





No son pocos los directores que han intentado, a lo largo de los años, realizar una adaptación o una película influenciada por los Mitos de Lovecraft. Los que han tenido más suerte han sido sin duda el gran John Carpenter con su trilogía del Apocalipsis (La Cosa, El Príncipe de las Tinieblas, En la Boca del Miedo) y Stuart Gordon (Re-Animator, Dagon, la secta del mar) en la parte más visual y splatter. En España lo intentamos sin suerte con las dos entregas de La Herencia Valdemar y hay una ingente cantidad de títulos que se amparan en lo "Lovecraftniano" para colarnos unas cuantas monstruosidades tentaculares y alguna mención a Cthulhu o al Necronomicón e intentar ganarse unos aplausos a costa del solitario de Providence.

The Void llega para colocarse en un agradecido término medio. No contentará a los eruditos Lovecraftnianos pero resulta ser, por momentos, algo más que un facilón horror tentacular.




Los artífices de esta película son Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, Maquilladores profesionales (entre sus trabajos están los realizados en Silent Hill: Revelations, Crimson Peak, Suicide Squad) cuyos primeros intentos en la dirección resultaban ser gamberradas de serie B del nivel de Father´s Day o Manborg. En The Void tratan de ponerse más serios y sacan a relucir todo su arsenal de influencias (quizás demasiadas) para dar forma a este endiabladamente disfrutable relato de viscerales engendros y siniestros cultos a innombrables deidades..

Desde su primera secuencia, la película sumerge al espectador en esta sangrienta aventura que colocará a un grupo de desdichados personajes en un hospital semi abandonado en el que el verdadero horror puede que se encuentre en el interior del edificio y no en el exterior junto a todos esos misteriosos encapuchados.




No engaño a nadie si digo que la premisa es bastante simple y que en la mayor parte del metraje resulta bastante desconcertante (aunque pueda parecer que no, está claro que ni los propios directores no tenían claro bastantes cosas al dirigir). Pero a base de tratar de explotar los aciertos de la cinta y aprovechar su duración para hacer un ejercicio de survival horror que no pueda aburrir al espectador, logran sacar a flote The Void.

El gran acierto y lo más valorable es sin duda los FX´s y maquillajes artesanales. Pura delicatessen para los amantes del cine de terror añejo que no estaba pervertido por el uso del CGI (ojo, que en esta peli también tenemos pantallazos verdes, pero solo en las partes verdaderamente necesarias y de cara al final). Se nota que los directores tienen experiencia en este campo (porque hay que recalcar que el presupuesto para esto se financió con un crowdfunding), los horrores de su particular Infierno son trasladados de la mejor de las maneras y acaban contribuyendo al ejercicio de nostalgia que ha iniciado con el envoltorio puramente ochentero con el que se oferta ante el espectador ávido de este movimiento (algo curioso que no suele ocurrir con esta clase de películas es que la BSO sea tan olvidable y desechable).




No es nada complicado ver las referencias y homenajes que se suceden a lo largo del metraje. Ya tan solo la premisa inicial resulta una mezcolanza de títulos "Carpenterianos" (Asalto a la Comisaría del Distrito 13, La Cosa, En la Boca del Miedo) que juguetean también con el Clive Barker de Hellraiser. Las criaturas parecen un visceral híbrido entre las creaciones de la Nueva Carne de David Cronenberg y las abominaciones del videojuego Dead Space. Y este carrusel no tendría porqué detenerse aquí. Pero me gustaría dejar claro que en este ejercicio, la película se pierde bastante. Una pena teniendo en cuenta que juega a su favor una mitología propia atractiva y que pedía a desesperados gritos ser explotada. Ya solo la legión de mudos e inquietantes encapuchados daban para levantar sin problemas la película.




Los personajes contribuyen a aumentar la sensación de desconcierto y desesperación en la que se suma The Void. Aunque se eche en falta algo más de exposición en alguno de ellos (sobre todo en la violenta pareja formada por Daniel Fathers y Mik Byskov), pero cumplen con su cometido.

En la recta final es donde podemos descubrir que los directores han querido arañar un poco la superficie del interesante tema cósmico de la literatura de Lovecraft. Y aunque llega un poco tarde y puede ser la puntilla que saque de la experiencia al espectador medio, un servidor ha agradecido bastante este intento.

Querer buscarle pegas a The Void es un ejercicio de rizar el rizo, es no querer disfrutar de una película que supondrá una buen rato de brutal y sanguinolento divertimento para cualquier espectador del cine de terror. Es una pena que no aprovechase todo su potencial para convertirse en una verdadera "obra de culto", pero como Lovecraftniano divertimento y carta de amor al cine de terror ochentero cumple con nota.




Lo Mejor; El ejercicio de añadir a la trama el componente cósmico de Los Mitos. Los efectos especiales artesanales.

Lo Peor: No aprovechar su interesante mitología propia y perderse entre tanto homenaje.



Reseña: Trancemónium, de Aitor Bertomeu




Sinopsis:

Humor. Acción. Amores extraños. Misterio. Paranoia. Fantasía urbana.

Un joven atrapado con su perro en una delirante aventura nocturna.
Un montañero enfrentado a un desafío inimaginable.
Un hombre que mantiene una relación muy poco beneficiosa para su cordura.
Una chica incapaz de distinguir entre la vigilia y el mundo de los sueños.
Un profesor de matemáticas sometido a un juego mortal.

Todos ellos tienen algo en común. Su mundo se viene abajo con la llegada de un hecho inexplicable. Un encuentro con lo absurdo, lo surrealista, lo ilógico. El universo los va a poner a prueba. Serán llevados al límite. Pero no son héroes, ni tampoco lo pretenden. Son personas corrientes, sin más propósito que escapar del caos y volver a la cotidianidad de sus vidas. Sucumbirán a la risa tonta, nerviosa, de la desesperación. Recurrirán a inesperados mecanismos de supervivencia. Pero, sobre todo, se preguntarán si lo que viven es real o sólo está en su cabeza. Y tú, que lees esto, también lo harás.

Sí, tú, mi querida persona corriente, porque ya es demasiado tarde para ti, estás dentro de TRANCEMÓNIUM. Algo extraño está pasando, ¿qué vas a hacer? No enloquezcas todavía. Aunque no lo sepas, eres capaz de las cosas más extraordinarias.

Opinión:

Esta novela llegó a mis manos gracias a Tamara López (mejor conocida como Chica Sombra) y el propio autor, Aitor Bertomeu, a los que quisiera agradecer que me incluyeran como uno de los destinos de este ‘libro viajero’.

Como bien dice en la sinopsis, Trancemónium mezcla el humor con los viajes en el tiempo, el mundo de los sueños y las paranoias varias. Es un libro desenfadado, ameno y ágil de leer (lo engullí en tres días).

Se divide en seis partes: el prólogo y cinco relatos diferentes entre sí pero con un único nexo en común: conseguir que el lector pase un buen rato entre sus páginas. Y lo consigue.

Pero vayamos por partes.

El prólogo es toda una declaración de principios. Bertomeu deja claro que Trancemónium no es una novela cualquiera, y que no te dejará indiferente.

La noche del chihuahua: El primer relato me ha resultado muy entretenido. Tiene dosis de humor friki (¡el Halcón Milenario y ese guiño a al maestro King!) y la trama es una locura. Lo que parecía ser un viaje de cinco minutos al videoclub de la esquina se transforma en toda una odisea. Muy original.

El desafío: Éste me enganchó desde el principio. Tiene mucho misterio, ya que a medida que vas leyendo sabes que pasará algo pero no se te ocurre el qué. Es sorprendente, disparatado, tiene un duelo de insultos desternillante y sólo añadiré algo más… ¡pobre mula!

Jacinta: Mi favorito. Lo he encontrando el más divertido de todos y a la vez el más triste. A veces es mejor estar loco que vivir la cruda realidad.

Azul: El amor está también presente en esta antología… aunque no del modo en que uno puede pensar. Puede que sea el relato que menos me ha gustado, pero no por ello es malo.
Obsesión, pasión y el mundo de los sueños se funden para narrar los encuentros de Lucía y Azul. Me han encantado los diálogos (Lucía es más basta que el papel de lija) y los contrastes entre los dos.

Necesita Mejorar: ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para salvar tu vida? En esta ocasión, nos encontramos ante una historia con toques a Saw, si es que en esa saga tuviera cabida el humor. Tiene un final que no te esperas.

En conclusión, Trancemónium es una novela que te sacará más de una sonrisa y con unas historias de lo más originales.

¿Lo recomendaría?

Se lee en un suspiro y pasas un buen rato. ¿Qué más se puede pedir?

miércoles, 3 de mayo de 2017

El terror en la mochila: La isla Hashima (Japón)



Hoy, con mi mochila colgada, me vuelvo a ir a Japón, a unos cuantos kilómetros del puerto Nagasaki, donde se encuentra una isla abandonada: Hashima. Los nipones la catalogan de isla fantasma, ya que en otros tiempos fue una comunidad minera, una isla donde se abusaba de la tecnología porque sus habitantes se sentían solos y que, paradojamente, hoy está más sola que nunca. 

No hace tantos años que está deshabitada, ya que fue sobre 1974 cuando cerró la mina que la hacía una comunidad próspera. El 20 de Abril de ese mismo año, cerca de 5300 habitantes se fueron para no volver, dejando atrás un lugar en el que la Naturaleza ha recuperado su sitio.



Hashima ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y también ha servido de escenario para algunas películas, como Skyfall o Ataque a los titanes. Cada día la visitan decenas de turistas, pero con zonas restringidas, teniendo totalmente prohibido el acceso a las que fueran las viviendas de los mineros. ¿Por qué? Algunos cuentan que muchos se negaron a abandonar sus casas, por lo que fueron ejecutados allí mismo, quedándose sus fantasmas en sus hogares. ¿Verdad o leyenda? 

Paseando por sus calles, puedes oír el sonido de las olas chocando contra el hormigón que rodea la isla, así como el graznido de las aves que la sobrevuelan, consiguiendo que se nos pongan los pelos de punta.

Fuente:

http://www.lavanguardia.com/tecnologia/20170217/414185270664/hashima-isla-fantasma-japon-mineria-isla-desierta-isla-abandonada-video.html



lunes, 1 de mayo de 2017

Reseña Estados Unidos de Japón de Peter Tieryas





Normalmente las ucronías ideadas a partir del cambio de resultado en la resolución de la Segunda Guerra Mundial se centran en la visión del mundo gobernado por los nazis. Este no es el caso de la novela que nos ocupa, en esta ocasión (aunque en ella los alemanes también formen parte de este Nuevo Mundo), el escritor Peter Tieryas ha decidido centrarse en el bando japonés e imaginar cómo habría sido el mundo si hubiesen ganado la Guerra. Es así como nace Estados Unidos de Japón.

En tan solo unas pocas décadas el Imperio Japonés ha creado una sociedad totalmente futurista y controlada hasta límites insospechados. Aunque, cómo no, aún queda gente que no se conforma y que lucha contra este implacable Gobierno. Es el caso de los George Washingtons, un grupo de radicales que luchan por el sueño americano y al que está ayudando un videojuego que anima a pensar en un mundo en el que los japoneses perdieron la Guerra. En esta situación dos servidores del Imperio se pondrán en la búsqueda del aparente creador del videojuego para sacar a relucir lo peor de los Estados Unidos de Japón.

El marco creado por Tieryas no podía ser más opresivo. Los Estados Unidos de Japón se basan en la adoración enfermiza del Emperador y la exaltación del dominio nipón. Para ello se vigila a la sociedad de cualquier manera y se persigue y castiga duramente a todos aquellos que si quiera piensen en criticar la actual situación.

A esto se le une lo avanzado de la tecnología nipona, que ha logrado que en este mundo la década de los ochenta goce de avanzados vehículos, mejoras cibernéticas y biológicas, la existencia de internet (o Kikkai), porticales (aparatos que dejan en bragas a nuestros smartphones de ultimísima generación) y hasta MECHAS (aka Robots Gigantes) con los que patrullar los dominios de los Estados Unidos de Japón. Todo esto contribuye a que la novela goce de un toque cyberpunk de lo más agradecido y que termina de ser la guinda para la construcción de este mundo.

De esta sociedad, Tieryas logra arrancar una pareja de protagonistas tan atípica como la conformada por Beniko Ishimura y Akiko Tsukino.

El primero es un censor de juegos de portical que es la antítesis de lo esperado en un servidor del Imperio: es bastante vago, dado a la bebida y a las mujeres. Y a pesar de que fue muy aplaudido por acusar a sus padres de traición cuando era niño, parece que sus pensamientos hacia el Imperio no son tan conformistas como parecen. 

Por su parte, Akiko es una fanática servidora del Imperio trabajando para la Tokko (la Gestapo de este mundo, para entendernos). Realizando actos verdaderamente crueles en nombre del Emperador. Aunque a lo largo de las páginas, logrará tener otros puntos de vista sobre su idealizado pensamiento de los Estados Unidos de Japón.

Al más puto estilo de las Buddy Movies ochenteras, Tieryas cruza a estos dos personajes para hacerlos brillar con sus interacciones (porque aunque Ishimura pueda conectar fácilmente con el lector, la que lo tiene más complicado es Akiko).

Aunque la ambientación y la pareja protagonista están muy bien trabajados, no se puede decir lo mismo del argumento. Este es el verdadero gran fallo de la novela. Una premisa muy simple y que afecta bastante al conjunto. A lo que se le une un descarado uso de los Deus Ex Machina (hasta el propio autor hace ejercicio de auto critica en una escena).

Para solventarlo parece que Tieryas opta por dar rienda suelta a la acción (aunque no llegando a desenfrenos como los de Michael Bay en las pelis de Transformers). E incluso a lo largo de la obra tenemos unas cuantas escenas bastantes explícitas de torturas y asesinatos. El estilo de Tieryas es bastante visual, impactante y directo. Pero también logra darnos bastantes momentos reflexivos y cyberpunks a la hora de valorar la obra

Destacar bastante el uso del videojuego en la novela. En el mundo de Estados Unidos de Japón existen multitud de videojuegos con los que entretenerse o incluso vivir por y para ellos. Aunque todos deben de pasar por una estricta censura y acaban siendo un método más para vigilar a los habitantes del Imperio. Por eso, la existencia de un juego como el USA resulta ser tan peligroso. Un planteamiento bastante original e inquietante que permite a Tieryas dar rienda suelta a su claro amor por los videojuegos (al igual que mil y una otras referencias patentes en la obra).

También aclarar que aunque la portada goce de una espectacular ilustración de un mecha, esta novela no versa sobre ellos. Y sí, a lo largo de Estados Unidos de Japón veremos unos cuantos de ellos (usualmente patrullando y alguna que otra vez luchando), pero están más como símbolo de lo titánico que es el Imperio japonés que para otra cosa. Aún con todo se agradece cada momento que estas moles de metal se dejan caer por la historia y es una lástima que muchos puedan sentirse "estafados" por la portada de la novela (por eso trato de hacer tanto hincapié en este párrafo).

A pesar de todo lo malo que podamos encontrar en la novela, Estados Unidos de Japón es una lectura bastante recomendable y disfrutable. No es una ucronía totalmente hard y aprovechada pero tampoco es tan simple como para no dar de qué pensar al lector. Su atractiva ambientación al igual que el personaje de Beniko Ishimura resultan ser grandes reclamos para darle una oportunidad.  Y ha resultado ser lo suficientemente interesante como para que esté atento a la anunciada secuela, donde espero que Tieryas aproveche del todo el estupendo universo que ha ideado.