jueves, 18 de agosto de 2016

Reseña Sopa de Miso de Ryu Murakami





Me interesé por Sopa de Miso al saber que era del autor que escribió la novela que animó al prolífico Takeshi Miike (Imprint, 13 Asesinos) a rodar la extrema Audition. Ryu Murakami tiene un buen número de galardonadas obras en su haber, por no hablar de su faceta como director (Tokyo Decadence, Raffles Hotel) e incluso como batería en un grupo de rock.

El leer la sinopsis aumentó mis ansias (¿Una mezcla entre Lost In Translation y El Silencio de los Corderos?). Y la frase de la portada que la comparaba con la citada novela de Thomas Harris asegurando un thriller salvaje casi me obligó a empezar a devorar las páginas... Pero como suele ocurrir con la mayoría de estas frases. No son más que mentiras para engordar el número de ventas. Haciendo que esta lectura me haya dejado un sabor de lo más agridulce. 

Sopa de Miso sigue los pasos de Kenji, un veinteañero que se dedica a hacer de guía a gaijins (extranjeros) por los barrios y locales de citas y sexo. La llegada de su nuevo cliente coincide con unos truculentos asesinatos que harán que el joven piense que podría estar junto a un asesino en serie...

No es fácil contener la baba ante tal sinopsis. Pero por desgracia, y a pesar de ostentar el título de "maestro del thriller psicológico", en Sopa de Miso no se consigue justificar del todo su temática de thriller. Principalmente porque apenas hay misterio. El protagonista no tarda nada en sospechar de su cliente. Y a pesar de que el autor quiere hacer entrever en el personaje algún atisbo de duda, tampoco ayuda que la caracterización de Frank sea nada sutil. Solo queda desentrañar al completo a este personaje. Aunque el resultado sigue sin ser satisfactorio. Es cierto que no se busca en Frank otro Hannibal Lecter (aunque me pareció encontrar un paralelismo a una famosa frase del doctor en el diálogo sobre las campanadas), pero lo mínimo sería hacer que el personaje inquietase tanto al lector como logra hacer en Kenji. Pero no lo consigue por muchos momentos en el que "El Rostro" se deja asomar o por tantos recuerdos de su perturbado y sangriento pasado,

Tampoco cumple a la hora de mostrar la decadencia esperada en esas rutas del placer que oferta Kenji. Y sí, es cierto que en Japón prima sobre todo los locales de citas, cafeterías temáticas o de maids (sirvientas) y esa clase de lugares más "amistosos". Pero no faltan aquellos establecimientos que cumplen los más turbios y prohibidos deseos de esos buscadores de placer como se supone que es Frank. Murakami apenas provoca, parece estar tan hastiado como la mayoría de los hombres y mujeres de esa industria.

¿Salvaje? Bueno, no voy a negar que la novela tiene un pasaje que puede hacer palidecer a algún lector. Pero no es más que un atisbo. Un momento que debería ser un punto de inflexión para que Sopa de Miso alcanzara el nivel que prometía y que apenas queda en pura anécdota. En un intento de ganarse el adjetivo de "sobrecogedor" o "truculento".

Donde de verdad logra destacar Sopa de Miso, es en el retrato descarnado a la sociedad actual nipona que Murakami expone sin ningún tapujo. Una en la que los adultos y trabajadores llegan a parecer autómatas sin vida que encuentran en las emociones sexuales el modo de llenar su vacío existencial. En la que los jóvenes tratan de desembarazarse del futuro que han vivido sus padres, llegando a prostituirse (y ya no solo por conseguir dinero) dejándose rodear por este decadente mundo como ocurre con Kenji. Japón, un país en el que cada vez se da menos el relacionarse gracias a que cualquiera puede conseguir todo lo que esto ofrece en las calles como las que frecuenta el protagonista de la novela.

Murakami, además, al criarse en una base militar estadounidense, logra ofrecernos una visión más profunda de esta realidad con el choque de culturas que supone el personaje de Frank.

Es aquí cuando se acaba valorando Sopa de Miso, pero no como el thriller que se nos promete. Sino como vistazo a la sociedad nipona y auto crítica por parte del autor. Terminando sin comprender la verdadera intención de Ryu Murakami.




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