lunes, 6 de julio de 2015

Reseña Flinch por Rubén "Reaper" González







Que el terror siempre ha encontrado en el cómic un extenso campo de cultivo ya no sorprende a nadie. ¿Verdad?

En los 50, las publicaciones de EC como Tales From The Crypt, The Haunt of Fear o The Vault of Horror, llevaron el terror a grandes y pequeños hasta que llegó la lapidaria censura en el cómic que hizo que esta clase de viñetas tuviesen que esperar pacientes a que volviese su momento.

En 1999 los chicos de Vértigo decidieron recuperar esas antologías, reinventándolas de cara al nuevo milenio. Así nació Flinch. Un estupendo experimento comiquero, que por desgracia no duró mucho (16 números).

Para Vértigo, el género de terror y suspense no es una desconocida. El ejemplo más representativo es Hellblazer, donde seguimos al incorregible maestro de las artes oscuras John Constantine, siempre perseguido por demonios, monstruos, los espíritus de sus difuntos amigos y un largo etcétera de horrores de la noche. Pero también nos encontrábamos con el terror en las viñetas de Sandman, la obra culmen de la línea editorial. En Predicador, La Cosa del Pantano, American Vampire... Así que la concepción de semejante obra, solo era cuestión de tiempo.

¿Qué nos encontraremos en las páginas de Flinch? Pues todo un catálogo de horrores en mayor o menor medida: La verdadera (y diabólica) historia del Titanic, una sangrienta historia de amor entre dos psicópatas, un paseo por el parque con fatales consecuencias, la sesión de terapia de una zombi...




Los cabezas pensantes de Flinch querían alejarse de las típicas historias de vampiros y hombres lobos y demás monstruos para ofrecernos historias más descarnadas y atrevidas. Y, aunque es cierto que algunos monstruos se dejan caer por alguna que otra historia, es cierto que se afanan en darles una vuelta de tuerca. Sobre todo priman las historias que sacan a relucir al peor y más aterrador monstruo de todos: el ser humano.

Aunque no quiero engañar a nadie. Aunque lo parezca, Flinch no es una obra de terror 100%. Cierto, se puede decir que prácticamente todas sus historias perturban y causan suspense. Pero la gran mayoría no podrían catalogarse en el género de terror. Hasta hay unas cuantas historias de humor (negro, eso sí) como la de ese trato con el diablo en el que casi se cuela hasta el Ratoncito Pérez para negociar la oferta. Por lo tanto, casi se podría etiquetar a Flinch como thriller.




Flinch reúne a un buen número de aclamados autores y artistas americanos como Richard Corben (Creepy), Brian Azzarello (100 Balas, Joker), Jim Lee (WildCATs, X-Men), Garth Ennis (Predicador, The Boys), David Lloyd (V de Vendetta), Bruce Timm (Batman: La Serie Animada)...

La extensa variedad de estilos a la hora de contar y mostrar las historias no hacen más que hacer más atractiva la publicación. Y como en cualquier antología, siempre habrá historias que se conviertan en indispensables para el lector. Y aunque hay algunas historias de calidad discutible, no se puede negar que han cumplido y con nota  a la hora de tratar de ser originales al no tener ninguna atadura para dar rienda suelta a su creatividad.

Mención a parte para todas las portadas de Flinch. Todas son impactantes y perturbadoras, y cuentan en tan solo una imagen, historias igual de inquietantes como las que podemos encontrar al pasar las páginas.




Los que se atrevan a adentrarse en el retorcido universo de Flinch están de enhorabuena, porque ECC, en su tarea de redescubrir a actuales lectores de cómics grandes obras. Ha reeditado Flinch bajo el subtitulo: El Terror Se Renueva en una edición que, aunque es bastante atractiva, no tiene ni punto de comparación con las ediciones originales de Vértigo. Por lo que animaría a todo aquel atrevido, a buscar estos ejemplares (además, ahora deberían estar algo ajados, haciendo más atractivo el labor de coleccionismo).

En fin, Flinch fue un atrevido movimiento para darle al terror un nuevo nombre y un rumbo más contemporáneo. Ojalá que alguien no tarde mucho en repetir lo que los chicos de Vértigo hicieron en su día. 




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